Arder.
Quemar todo y empezar de cero.
Al fin y al cabo ya nada quedaba.
Qué afán, caray, qué placer morboso, qué gusto maligno en arder, en destruirse a uno mismo. Saltar desde la cornisa y caer, porque no tengo alas. Dejarlo todo atrás. ¡Adiós miseria! O mejor, ¿por qué no?, regresar a los malos pasos que nada bueno dejan. Adiós virtudes, al fin que ni las quería. Total que nada bueno me dejan. Muchas veces los dijimos "si no fuera por mi ética y mi moral..." y ya no está la voz de la conciencia. Ya no queda nada ni nadie a quién serle fiel ¿qué más da si invito a otros a ser infieles?
Arder.
Quemar todo y quizá no empezar.
Morir.
Correr como insecto hacia la luz que al final ha de matarme. Ese afán de autodestrucción. ¿Es para ver si aún siento? Quizá es para ver si aún queda algo de vida, algo salvable, algo que duela. Es demasiado entumecimiento. Es demasiado ya. Brincar. Mandar todo a la chingada de una buena vez. Quemar naves y no dejar un solo puente que pueda ser un regreso hacia atrás. Al fin que ni quería. Total que yo ya sabía que eso de la amistad no iba a pasar ni en un millón de años.
Arder.
Golpear, rasgar, clavar uñas.
Morder, sangrar, desangrar, morir.
Morir
Morir
Morir
Morir

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