"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"
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domingo, 17 de junio de 2018

Cuando caen los veintes


Cuando Aru y yo nos enamoramos, él me dijo que se le figuraba que éramos Sakura y Shaoran. La imagen con la que abre este post era para mí la representación de nuestra cursilería. De hecho, la tenía de fondo de pantalla en el celular.
Sakura era la protagonista de Sakura card captor, anime que a la fecha yo no he visto. Pero Aru decía que yo se la recordaba. Sin embargo, prefería usar a la Sakura y al Sharon de Tsubasa Chronicles. Normalmente me decía que le gustaban más esos personajes, unos personajes más grandes (porque Sakura es una niña en Card Captor) y con vestuarios más vistosos.

Curiosamente, hoy que buscaba con G el siguiente número de Seven Deadly Sins en el stand de Panini Manga, vi que salió el primer tomo de Tsubasa Chronicles y que lleva en la portada a Sakura y Shaoran. Tomé el volumen y leí la contraportada: Sakura ha perdido la memoria y depende de que Shaoran encuentre las plumas (?) para que ella recuerde que es una princesa. Es decir: Shaoran se vuelve el protagonista que debe rescatar a la damisela en peligro. Y entonces me cayó el veinte. Siempre estuvo ahí, presente, esa necesidad de ser el héroe, de ser él quien me salvase. Desde que nos conocimos, desde que le sacó de onda mi historia y el que yo siguiera hablando con el Mago Negro. 
No he visto Sakura ni compré hoy Tsubasa. Quizá más adelante logre hacerlo (conocer bien esas historias), pero Aru incluso cerró nuestra historia con una canción de Tsubasa (creo que justo con un ending o algo así). 
Cuando decidió cortarme, revistió nuestro blog privado con una imagen de Tsubasa, puso un listado de las cosas que le harían pensar en mí (imágenes de Sakura y Shaoran, claro, la palabra ohana, casi cada canción de Sister Hazel, las noches lluviosas, el té de mago y fresas...) y programó la última entrada como despedida. 
Probablemente una de las cosas que más le pegaron a nuestra relación fue el que yo no era una princesa (aunque él llegó a decirme self-rescuing princess) que necesitaba ser salvada, sino que era y soy una bruja guerrera. 
Quizá desde el cómo quería verme él se notaba que la relación no iba a funcionar... el tema es, ¿alguien en esta vida quiere a una bruja guerrera? ¿Es posible eso?

viernes, 15 de junio de 2018

Nostalgia


La lluvia me gusta, siempre me ha gustado. Caminar bajo ella suele parecerme relajante. No todo el mundo opina lo mismo. Me acuerdo de cierta ocasión, hace 10 años o más, en que iba caminando bajo una lluvia torrencial con el Mago Negro. Nos metimos a un hotel para refugiarnos y quitarnos la ropa. Yo me moría de risa, él, no tanto. 
Me acuerdo de mí misma, en Cozumel, corriendo a la azotea del edificio en que vivía, para mojarme en la lluvia que caía en ese momento, los brazos abiertos en cruz, riendo, hasta que Lord V subió para llevarme al departamento: "¿Estás loca?", refunfuñó.
Me acuerdo de Aru, haciendo que me parara de la cama para salir al pasillo, cuando yo dormía en el cuarto de servicio, y aprovechar el que la lluvia espantaba a las personas para hacer el amor ahí, recargados contra el barandal.
Anoche pensaba en ese último recuerdo: la lluvia, sus besos, el volver a entrar al cuarto para refugiarnos bajo las cobijas, quedarme dormida escuchando la lluvia, envuelta por los brazos de Aru. Mi mente vagó a otro momento con lluvia: Aru y yo, sentados en una entrada de un edificio. Distancia entre nosotros, esperando que amainara un poco la lluvia. Yo sabía que él quería cortarme esa noche. Antes de eso, él y yo peleando, bajo el paraguas, porque él se empeñaba en que fuéramos los dos bajo el mismo paraguas pero, al ser un poco más bajo que yo, siempre me pegaba con la sombrilla en la cabeza y me ponía de malas. 
Anoche llovía. Yo estaba en la cama, escuchando la lluvia. Pensé en todas las veces en que ese sonido me ha servido de arrullo. Las lluvias de junio. Entonces mi mente se fue al momento en que, también en el cuarto de servicio en una noche de lluvia, Aru estaba encima mío y al momento de sentirlo en mí, me soltó:
Te amo
Y mi reacción casi caricaturesca: levantarme de golpe al tiempo que dije "¿Qué?", casi tirándolo de la cama. Era la primera vez que me decía eso (la primera vez que se lo decía a cualquier mujer).
Es un momento que recuerdo como algo gracioso, primero por mi reacción, luego porque él me preguntó "Cuando encuentre a la voz responsable de decirte eso ¿qué quieres que haga? ¿la entierro?" y empezó, como siempre, a analizar y tratar de racionalizar el sentimiento...
Empecé a llorar (anoche) abrazada a mi almohada (patético).

via GIPHY
Me siento triste y nostálgica. Ojo: no por Aru, sino por el hecho de ser amada. De tener compañía.
Anoche, con la lluvia, me pregunté si volveré a sentir eso: esa alegría idiota del enamoramiento, esa calidez del amor, eso que tiene tantos años que no siento y que cada vez parece más improbable.
Sé perfectamente que no se trata de ir buscando por la vida a ver si alguien quiere estar conmigo, pero dado lo mal que me ha ido en los últimos años, no puedo evitar pensar que algo estoy haciendo mal o que algo está mal conmigo.
De nuevo ese miedo, ese miedo idiota: no seré amada. Ese "alguien" no existe para mí. ¿Cómo se le llama a la nostalgia por algo que no ha ocurrido? ¿Cómo se le llama a ese extrañar algo que no existe?
El clima gris me tiene tristona. Ya lo dijo Male-san "vayamos a cazar un postre feliz". Sí, quizá lo que me falta en realidad es azúcar. Como sea, no puedo sacar esa espina de tristeza. Y suena Sleeping at last con su potente música inefable, haciendo que vuelva a llorar.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Infinitos y anécdotas efímeras


Tengo sed de infinito.

No puedo evitar pensar en cuando las cosas se estaban yendo al carajo con Aru y escribí un post, que no sonaba para nada a mí, hablando de mi necesidad de infinito: de perderme en los ojos de alguien.

Hace un par de días, Facebook, ojete como es, me recordó que ese día hacía 7 años habíamos subido una foto, mal tomada y cortada: Aru viéndome embelesado a los ojos. Se ven nuestros perfiles, de la nariz hacia arriba, pero se alcanza a notar que sonreímos bobamente. Suena Marron 5 “Do you think of me? Where we used to be? Is is better now that I am not around?” Conozco las respuestas a esas preguntas: No. No. Sí. La nuestra era, al final, una relación disfuncional con tintes de abuso tipo Gaslight.


Él y yo juntos jugábamos a sacar lo peor del otro. Desde antes de cortar tenía sed de infinito. De esa cosa linda en una relación: perderme en su mirada de forma ridícula y boba y cursi y poder pensar en un “nosotros”, un futuro.

Pero el post del que hablo al inicio no sonaba a mí porque trata de emular la voz de elinauta, tan etérea, tan extravagante y difícil de comprender al leerla… no era mi voz, era la voz de la que yo sabía que Aru se estaba enamorando. El infinito, para él, estaba en otro lado…

Las cosas no hay que buscarlas, no de forma tan insistente en cosas del amor. Al menos eso dicen. Por hartazgo, aburrimiento o necesidad, reabrí mi cuenta de Tinder. Tengo un mes con ella funcionando. 123 matches. Charlas efímeras. Algo que por un instante me haga sentir que me acerco al infinito. Pero en realidad, quizá, me aleja más de él. La idea del amor en los tiempos de la inmediatez suena a algo desechable.

Tengo el escozor de extrañar la compañía. No extraño a Aru. Envidio, eso sí, un poco lo que tiene: una relación estable. Ayer platicaba con unos compañeros del trabajo. E y A. E decía que no entiende “a las morras que están todas locas” y nos contó a A y a mí (las dos mujeres) sus broncas con su novia. Tanto A como yo intuimos que la novia le pone el cuerno, bien y bonito a E. Lo curioso es que los tres coincidíamos en algo: tras una relación que terminó siendo disfuncional, optamos por un cierre al mundo y mantenernos solos. “Yo ya le encontré el gusto a estar sola”, dije sin pensarlo. De hecho, se salió de mi boca, de golpe. “¡Yo también!” contestaron E y A al unísono.

Los matches de Tinder son un boost al ego. Son un “Buenos días, hermosa” seguro en mi cel, todos los días. Pero son, igualmente, una ventana  mis miedos. He salido con un par de los chicos que he conocido a través de la app: el casi mirrey que estaba muy emocionado conmigo porque sentía que estábamos en sintonía y que al saber que soy mamá, salió corriendo porque “no estábamos en la misma página y no estoy listo para ser papá de nadie” [¿cómo por qué coños asumen que madre soltera equivale a le-busco-padre-a-mi-criatura?]; el filósofo que cada tres palabras mías decía “ajá” como para dar a entender que me estaba poniendo atención, aunque con ello alimentaba a las voces que decían “mátalo” y que si bien no lo dijo ipso facto igualmente abrió los ojos como platos y no volvió a hablarme tras saber que soy mamá; el joven-no-tan-joven que mintió por ¡10 años! respecto a su edad y si bien está entusiasmado conmigo, a mí se me hace una amiga-tía más. Por supuesto también está el vecino, ése que vive a escasas cuadras de mi casa y de mi trabajo (está en el punto medio justo para llegar en cinco minutos con él sin importar de dónde vaya, casa u oficina). Puede ser un buen escape cuando las hormonas me estén matando, pero dudo mucho que sea la fuente del infinito.

¿Y si son hormonas y no extrañar la compañía?

A veces sí quiero un cómplice. Un alguien que se emocione con mi ñoña emoción (no forzosamente por las cosas que a mí me mueven, sino que le mueva el que las cosas me emocionan) y que me comparta su mundo, sin que espere que seamos muéganos.





No quiero sentirme atada a alguien. Por eso: cómplice. Parece que todos en Tinder tienen el corazón roto, el miedo a mil, la necesidad del contacto físico al triple y muchos deberíamos estar más bien en terapia. ¿Dónde está el infinito entonces?

La app creo que sólo me está dando varias anécdotas para narrar, pero nada sustentable. La inmediatez de fotos  que fingen no ser personas rotas, la cara del cinismo necesario para escribirle a una perfecta desconocida “Hey, te quiero coger” sin esperar reproches más allá de un “Cancelar compatibilidad”. Sí. En definitiva mi sed de infinito no se va a apagar con esto. De menos las ganas de escribir se alimentan. Eso ya es algo.

martes, 28 de julio de 2015

Manías

No me gusta ir de compras. La etiqueta esa de que las mujeres somos compradoras compulsivas no me queda del todo—paréntesis o nota al pie o volvemos a este punto— puesto que para mí las plazas comerciales son un infierno absoluto.

Prefiero, tanto por cuestiones de ahorro como de sanidad mental, ir consiguiendo los regalos de Navidad de a poquitos desde más o menos esta época a tener que buscarlos todos en plena época decembrina (el año pasado no hice esto y acabé yendo a plazas comerciales más veces y tiempo del que me gustaría, engentándome y hartándome bastante en el proceso). Cuando voy a comprar algo, pienso muy bien qué es lo que busco. No compro zapatos ni ropa por impulsividad. Siempre es pensando "necesito tal o cual cosa" y voy directo a comprar eso. Claro, me ha pasado que acompañando a mi hermana a que ella compre algo, reviso qué hay y compro algo que me guste. Pero eso de las "compras terapéuticas" y demás cosas del tipo no es lo mío.

Me puse a pensar en esto porque hoy fui a comprar un traje de baño. Y soy muy específica con lo que busco. Pensé "quiero un bikini que sea de preferencia morado o turquesa". Eso redujo mis posibilidades a 5 modelos. Entré y salí de la tienda en menos de media hora, ya con el traje de baño en mis manos.

Le comenté esas manías mías a cierto chico y me dijo que es muuuy específico "pero no fueran libros". Exacto. Ahí sí puedo estar un largo rato dando vueltas revisando estantes. E incluso en ese caso tiene sus asegunes: la venta nocturna del Fondo de Cultura Económica, por ejemplo, se me hace una cosa terrible por la cantidad de gente (terrible para mí y mis nervios, excelente para matar la idea de que la gente no lee y no invierte en libros).

No sé si esta manía viene de la cantidad de años que pasé sabiendo que no podía comprar algo a menos de que fuera una necesidad. Crecí con limitaciones económicas, asistiendo a una escuela donde las marcas de la ropa y la capacidad de gastar dinero en los fines de semana caminando en una plaza comercial eran pautas de vida. Yo era la niña que compraba (y a mucha honra) su ropa en lso tianguis porque para eso alcanzaba.

Es por lo mismo que en el momento en que pude pagarme mis cosas decidí dejar de lado la etiqueta de vergüenza al momento de poder comprar lo que quería. "No te arrepientas por gastar dinero en lo que amas". Alguna vez platicándolo con mi querida Mar salió el que necesitamos esos pequeños gustos, esos pequeños despilfarros, son buenos para el alma: un helado para compartir con G, un libro para alimentar mi mente y mis ojos, unos zapatos porque se gastan muy rápido. Con Aru, al final, como el dinero era pleito para todo regresó la culpa cada vez que me daba un gustito. Es absurdo.

Creo que en general soy muy medida y cuidadosa con mis gastos. Y soy muy específica en lo que deseo comprar. Como mi traje de baño de hoy. Todos tenemos manías, y creo que son consecuencia de las cosas que vivimos. El chiste es conseguir un punto medio (en este caso ni gastar a lo loco ahora que puedo, ni ser absolutamente marra). Además, no soy exigente para esas cosas en particular. Recuerdo que Aru decía que era fácil complacerme: un libro, una taza de buen té o café, y listo. Creo que sigo siendo así, en general.

Tengo mis pequeñas manías y sigo odiando ir de compras, pero ya no es algo pesado como lo fue antes. Vamos progresando.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Dios SIEMPRE responde





"Saber que el conocimiento es provisorio, que los errores no se fijan y que todo lo que se aprende es objeto de sucesivas reorganizaciones permite aceptar con mayor serenidad la imposibilidad de controlarlo todo" —Delia Lerner

Como si a estas alturas yo no lo supiera, cada que le pido algo, Dios me responde. El asunto es que no responde como yo espero, sino como mejor sabe. Hace unos días decía que necesitaba colapsar ¡y tenga! Migraña. Ayer amanecí con una leve jaqueca, que al estar frente a las pantallas del trabajo desembocó en migraña de esa que me tumba bajo cuatro almohadas y dos cobijas para refugiarme del mundo sonoro. De paso, Martxie vino a caer en mi blog tras siglos de no hacerlo y me comentó de la forma violenta que sólo ella sabe hacerlo. No violenta de mala forma, violenta como "las cosas son así, Nerea, ya déjate de tonterías". Y eso está bien.




"Las chicas como nosotras necesitamos madrazos amables", me dijo por Whats. Y sí. No necesito más condescendencia. Le dije a ella que mi enojo es conmigo. Soy muy dura, siempre lo he sido, conmigo misma. La idea de ser mártir o víctima o necesitar que me rescaten nunca me ha gustado (y era uno de mis líos con Aru, que finalmente él buscaba rescatarme de una u otra forma y yo no me dejaba porque me tengo a mí misma),

Alguien más me decía que un novio no me iba a solucionar las cosas. Lo chistoso es que ni siquiera quiero un novio o una pareja (dejando de lado mi estado Grumpy Cat para con el sexo opuesto). Este mes cumplo 30 años. Le decía a Ladrón que de esos 30 años, los primeros 20 me los aventé soltera. A partir de que empecé a tener novio formal, sólo la relación con Aru fue estable. Me acuerdo mucho que enfurecí cuando al cortar Aru me dijo que no hiciera drama porque "Cuatro años no son nada" —en ese momento para mí era una forma de minimizar nuestra historia— pero visto en the big picture 4 años de relación contra 26 años de soltería en efecto no son nada (bueno, a menos de que contemos dos años on-and-off con el papá de G, but still). Es apenas un mínimo fragmento de mi existencia. No que no me haya dejado cosas buenas. Vaya, incluso Lord V me dejó cosas buenas, aprendizajes.

Lo que me ha tenido muy mal es tanto enojo. Porque si ni a Lord V lo odio, ¿por qué no puedo soltar lo demás con Aru? Alguna vez escribí, cuando di con una foto de Aru y elinauta juntos, que me daba emoción, porque hacía años que no veía a Aru sonreír así. Se me juntan muchas cosas, ese constante no sentirme suficiente... pero suficiente ¿según quién? A final de cuentas la única persona con la que estoy 24/7 es conmigo.

Curiosamente dos chicas de mi trabajo andan en encrucijadas y estaban platicando con varias personas, yo incluida. A ambas les dije lo que pienso fielmente: si no eres feliz contigo mismo, con lo que haces, no tiene caso. Pero eso debe aplicar a todos los rincones de nuestra vida. No sólo el trabajo. Yo lo he aplicado sólo al trabajo, pero no al resto de mi vida. Ahí el gran error.

Me acuerdo que cuando Aru empezó con "Vamos a vivir juntos" una parte mía (cada vez mayor conforme avanzaba el tiempo) pensaba "Ya nunca viví sola, en mi espacio y a mi ritmo" y me pesaba. El domingo pasado fui con Mel a acompañarla a comprar ropa y di con unas sábanas y un edredón hermosos. Los compré para mi cama y me ilusionaba la idea de conseguir otro juego la próxima semana. Ir juntando las cosas para mi casa. Mi vida a mi ritmo. 

Dios me contestó a través de mi migraña para un tiempo fuera y las palabras de Martxie. Madrazos amables (bueno, la migraña no es tan amable). Vamos a lo que sigue. Y dejar de tratar de tener el control absoluto, porque no se puede controlar todo en esta vida. Let it go, Nerea!


martes, 2 de septiembre de 2014

Cambios





Hace rato que no escribo. La vida ha dado muchas vueltas. Inicia septiembre otra vez, y de nuevo los estúpidos altibajos.

Es curioso porque ayer alguien me dijo que septiembre es un mes complicado: "me vienen flashazos, no lo puedo evitar". La situación es distinta y aun así comprendo.
Pensaba que estoy muy enojada aún. Creo que necesito ir al campo a gritar, o romper algo o prenderle fuego a la caja o algo del tipo. Me ha costado cerrar por todo lo mezclado que pasó el año pasado. Demasiadas pérdidas una tras otra. Y luego el idiota de Aru empieza a andar con elinauta, repitiendo patrones. Aunque muchos tratan. de consolarme con esa idea (patrones) me siento peor porque entonces soy una más en una lista de un pobre que no sabe lo que quiere y se deslumbra con cualquier brilla fatuo. Again and again. Nada importante, sólo un ítem más en una larga lista.
He estado con el miedo latente (culpo al reloj biológico) de no tener más hijos, ni mucho menos pareja estable y que de verdad me quiera.
Y eso que tengo mejores cosas en qué ocuparme. Tengo casi un mes de haber entrado a trabajar de CM en una agencia de mkt con Sibanshee. Es padre trabajar con una de mis mejores amigas. El trabajo a veces es estresante. Más si lo juntamos con seguir impartiendo talleres, sacar semestre con tesis y mi papá enfermo. G tampoco la ha tenido fácil. Mucho cambio demasiado rápido. Anda tristón. Me las ingenio. Pareciera que vivir saturada es ya mi modus vivendi.
Sin embargo hace poco Malesan me hacía reflexionar cómo mi existencia siempre ha sido a partir del otro. Lo que otros dicen/hacen. No es la primera en decírmelo, pero sí el recordatorio más reciente. Y entonces sigo buscando ser.
Uno de los talleres que imparto es para el IPN. Me buscaron por mi CV y mi experiencia. Es decir, me buscaron por mí, por lo que he construido, aprendido y por lo que soy.
En mi trabajo me aman por ñoña y eficiente. Go figure! Acá no debo llevarla leve. No tengo que fingir ir a ritmo de oficina. Y por eso me adoran. Por ser quien soy.
No tiene nada de malo. 
Lo que está mal es seguir en una terapia ocupacional de saturación del tiempo. Evadir mis tristezas y ser tan dura conmigo misma nunca me ha funcionado, así que creo que es momento de cambiar

domingo, 10 de agosto de 2014

Where do you go?



Where do you go,
what do you do
When you lose everything you ever knew?
—Sister Hazel

Mi hermana ha estado con la canción de Sister Hazel "Where do you go?" clavada en la mente y a veces la tararea. A mí también me gusta mucho esa canción, aunque es tristísima y la verdad durante el último año que estuve al lado de Aru, sentía que representaba mi sensación al respecto de nosotros como pareja. En los últimos meses de relación la parte que dice "I can't believe she even find a way inside to drown us" me hacía pensar con rabia acerca de elinauta, que para mí fue la gota que derramó el vaso y nos ahogó. 

A fechas recientes la canción me ha dado muchas vueltas, en esta tristeza latosa que pareciera infinita. Hay algo roto dentro de mí y no me deja estar en paz.


Sin embargo existe otra canción que igualmente me ha estado dando muchas vueltas en la cabeza, también de Sister Hazel: 


Cuando la escuché la primera vez le dije a Aru que me imaginaba siempre un video con ella, un video de animación corría en mi mente: dos monitos de bolitas y palitos encontrándose en un risco, donde pegan las olas y al final del mismo te das cuenta que es sólo en la mente de uno de ellos. Aru me dijo medio molesto, antes de que le explicara lo que veía en mi mente, que ya se imaginaba en quién pensaba con esa canción. Ante mi gesto de extrañeza, me dijo "Seguro piensas en el Mago Negro".

La verdad era que no, pero a raíz de eso, sí: escuchaba la canción y a veces por un segundo, a veces por la canción completa, pensaba en el Mago Negro. Ahora que regresó y volvió a salir de mi vida, escucho la canción y pienso en él, caught up in the heart, on the other side of the Earth. Particularmente por un par de cosas que mi parte romántica sigue repitiendo: que de cierta forma mi recuerdo le sirvió de motivación para ser mejor y crecer. 

Lo que es cierto es que ando en mi fase de andar descorazonada y no creer en los hombres y pensar que me quedaré sola en esta vida y guácala con ser tan drama queen. Pero si no lo escupo en algún lado, seguirá dándome vueltas en la cabeza. 

Así las cosas por el momento. Mñe.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Tristeza soñada



I was there for you
But I wonder
where were you
When I was at my worst
down on my knees
—Maroon 5

Yo estaba preparando mis cosas para subir al cuarto de servicio. Algo de fruta (no, plátanos no, porque con el calor del cuarto seguro que para la mañana ya están negros), agua, incluso una peli. Cosas que entretengan a G al despertar y que me deje dormir un ratito más. Justo al ir caminando hacia el cuarto de servicio vi a Aru caminando del lado opuesto. Me sonrió y me dijo que sólo iba al baño. Traía la playera azul grisáceo que me regaló para que yo usara de pijama y unos jeans. Me costó un segundo darme cuenta de que era él, porque traía barba completa en vez de la "piochita" que a mí tanto me gustaba. Entré al cuarto de servicio aún extrañada y vi ahí su iPhone conectado al cargador. Entonces era cierto, ahorita venía. Pero algo estaba mal, yo lo sabía. Parpadeé. Estábamos en la azotea, él con una bici y yo amarrándome unos patines. Una doña, completamente desconocida, se nos acercó con una tabla en mano y una pluma para anotar algo:
—¿Son equipo?
—Sí, claro— contestó un sonriente Aru.
Yo no entendía qué pasaba. Miré alrededor y ahí, entre las jaulas de tendido de la azotea, había más personas con bicicletas y patines. ¡Una carrera! Y era algo en pro de otra cosa, pero simplemente no podía recordar de qué. Pero ¿equipo?
—No, no somos equipo.
—AH, ya decía yo, hacen linda pareja.
—Somos amigos— dijo Aru
—No, claro que no lo somos— dije yo en un tono un poco más alto de lo necesario.
—¿Por qué no somos amigos, Nerea?
—Porque me dejaste. ¡Porque alguien me cambió por otra vieja! Y de la forma más vil
—¿Cómo que te cambió, linda?— me preguntó la doña
—No empieces, Nerea, yo no te cambié.
—¡Claro que sí! Me comparabas con ella, y preferías pasar el tiempo con ella y todavía me decías que no fuera celosa... y al final me dijiste que fuéramos amigos ¿qué te crees? ¿y ese tiempo quién me lo regresa?
Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. No estaba gritando, al contrario, susurraba. El enojo era tal que ni gritar me dejaba.
Abrí los ojos. Las lágrimas eran reales. Estaba ahí, en mi cama. Aún no amanecía. ¡Claro! Estaba soñando. Por eso las cosas no cuadraban. Cuando el cuarto de servicio Aru no tenía ni barba ni iPhone.
Desperté más que enojada, infinitamente triste. No sé qué tanto es mi enojo para con el Mago Negro que se traspasó a mi enojo aún atorado para con Aru (a veces me pregunto si no necesitaré ir y mentársela en persona para avanzar...). Ya no conseguí conciliar el sueño y me costo la vida sacudir la tristeza.
A veces temo mucho que vaya a pasarme como en 2008: la chica de la sonrisa rota, de los ojos tristes. Un naufragio continuo en mi mirada. 
Lo peor es que me vino de la nada. Ayer fue un día pesado porque mis chicos de la revista y yo definimos todo el calendario de 2015 y las primeras dos publicaciones de 2016. Fue un día extraño porque poner a cuarenta changos de acuerdo no son enchiladas. Acabé con jaqueca de tanto pensar y acomodar calendario. Pero me reí mucho con las burradas ocurrentes de mis chicos. ¿Y entonces? ¿De dónde viene esta tristeza? Es como una brisa que se cuela por la ventana. El problema es que sigo sin encontrar cómo cerrar la dichosa ventana.

sábado, 12 de abril de 2014

Carta para mí

Querida Nerea:
Sé bien que estás cansada y ante todo muy enojada. Sé que quieres mentársela a Aru y despotricar por todo lo malo, por todo el dolor, por todo lo callado. Estoy consciente de que estás harta; bruja, date cuenta.
Piensa cómo estabas hace cinco años. Fuerte siempre has sido. Deténte un instante y piénsalo. Antes te creías incapaz de ser algo más que hostess y hoy, mujer, ¡mírate! Has llegado más lejos de lo que creíste posible y todo ha sido resultado de tu esfuerzo.
Es admirable como te has dedicado a perseguir tus sueños y a ser feliz, a disfrutar lo que haces. Contagias esa luz, esa pasión.
No, no te detengas. Nunca te has detenido, ni siquiera cuando ya no creías en ti misma, ¿por qué habrías de detenerte ahora?
Sí, lo sé Nerea, traes mucho coraje. Deja ir. Sácalo todo de una buena vez. No te repitas lo malo. Porque no lo eres: no eres unos zapatos usados. Simplemente no eras para Aru, ni él para ti. Nerea: tú brillas. Eres la mujer que lee y que escribe y no, no cualquiera va a estar a la altura. Tu magia no es para campesinos. ¡Deja de sacar pinches de la cocina!
Y quiérete, Nerea. Así como te quieren tus amigos. Ya te lo dijo Ladrón, Karasu y Ximechan, Crash y MiniBuda y la lista puede seguir. Eres maravillosa. Provocas admiración en los que te conocen. Eres una gran madre, eres una maestra admirable, excelente difusora cultural. Tu nombre empieza a sonar. Vas por buen camino. No te dejes caer.
Eres mucho más que lo malo que te dijo él al terminar. No te dejes llevar por eso, repite lo bueno, que hay mucho. Sonríe, bruja querida, deja que las cosas fluyan. Lo demás llegará solo. Sí, sí va a llegar. Tranquila. Sigue enfocada en lo tuyo. Alguien verá lo enorme y bella que eres y estará a la altura, sabrá apreciarte con altas y bajas, con quejas y obsesiones, con todo lo hermosa y alocada e inquieta que eres, y serás su orgullo y mayor tesoro. Sí, sí tendrás tu Familia, tu Hogar (¡ah, Tadaima!) ten paciencia. Ya sabes que no eres tan impaciente como te hicieron creer. Sonríe y disfruta. Quiérete, Nerea, que vales mucho. No pierdas la fe. De peores cosas has salido. Ya no trates de cargar con el peso del mundo tú sola. Ámate, bruja, porque es lo que más mereces.
Anda, adelante, siempre, estás hecha para la grandeza. Porque eres enorme.
Allons-y!


viernes, 21 de marzo de 2014

The lonely road

Hijo de Bruja Lectora, Elfo lector


"You deserve a father, you deserve a great father
And I'm sorry
But for what it's worth, you have me
And I'm not going anywhere.
And I'm sorry, but that's gotta be enough, ok?
I'm so sorry"
Sarah, Parenthood

En la serie Parenthood, Sarah (Lauren Graham, actriz a quien adoré por ser Lorelai Gilmore durante siete años), es una madre soltera de 38 años que tiene dos hijos adolescentes. En el piloto (que acabo de ver) el hijo, Drew, se le fuga tratando de ir a vivir con el papá, quien lo rechaza. Drew tiene algo así como 16 años, la edad que G tendrá cuando yo tenga 38. El diálogo que puse al inicio de esta entrada me llegó profundamente.

G, mi pequeño, ha estado muy decaído. Me ha confrontado con esas preguntas que yo sabía que llegarían. "Si no tengo papá, ¿cómo es que nacía?" me dijo un buen día de la nada, a la hora de la comida. Le tuve que explicar cómo nacen los bebés y decirle que sí existe un padre biológico. Toda la patoaventura que fue con Lord Voldemort puede esperar unos años más. De ahí, G brincó a Aru, a preguntarme por qué Aru lo abandonó. Cuando le conté esto a Crashdrummer, me dijo que tal vez debí manejarlo como que no fue a él (a G) a quien abandonaron dos veces... mi hermana concuerda conmigo que tampoco ésa es la opción. 

Qué difícil es esto. 

domingo, 16 de febrero de 2014

Moving on


#100HappyDays #Day3 Pingüinos, rock and roll, amistad


La semana pasó tan rápido que sigo preguntándome qué ha sido de esos días de febrero. El ánimo ha estado de lo más alegre, coqueto y musical y la vida es bella y buena. Hoy di por accidente con una foto de elinauta donde salen ella y Aru sonrientes. Es obvio que ya son pareja. ¿Lo mejor del caso?

domingo, 2 de febrero de 2014

And this feeling...



"This feeling I cannot deny
But I've gotta let it go"

Hace casi un año, Aru estaba tratando de ayudarme con el modelo de negocio de mi revista. Me acuerdo que se había enojado mucho conmigo porque mientras estábamos en definiciones de lo que yo quería para mi proyecto, él me regañó: "No, eso no es". ¿Que yo no sabía qué era lo que quería para mi revista? "Que sí, sí es eso"
—No, Nerea, no lo es.
—En serio sí lo es.
—No, no puede ser eso.
—Ash, está bien, entonces no y ya— dije al tiempo que tachoneaba lo que había escrito.
Ya de camino a la estación de metrobús para que yo fuera a recoger a G, él me dijo muy ofendido:
—Eres imposible. Jamás dejaría que un cliente me hablara tan grosero como lo haces tú.
No le respondí, me mordí la lengua, pero sí pensé "Ya quiero ver que tú le hables así a un cliente".
En la parada de metrobús, antes de despedirme, sí le solté algo más: me sentía muy triste y ante todo, muy culpable:
—Siento que te estoy poniendo el cuerno.

jueves, 23 de enero de 2014

Llorar y detenerse o llorar y moverse



Anoche, probablemente por mi propio malestar (mi hermana jura que es influenza, Ladrón dice que no más es una gripe del mal que se aprovechó de mi stress aka rush adrenalínico para sacar pendientes, meh) soñé algo que me dejó impactada, tanto por la grandeza de mis debrayes, como por la sapiencia de mi subconsciente [si no me echo porras yo, ¿quién? xD]

lunes, 13 de enero de 2014

Respuesta tardía


Anoche soñé con Aru, reclamándome por llevarme tanto con Crashdrummer. Me echaba en cara que qué iba a sentir MiniBuda de que su novio me buscara tanto y me platicara cosas de su vida. En el sueño yo me reía pero despertaba antes de contestarle con el sarcasmo ácido que pensé:

miércoles, 1 de enero de 2014

Las flores volverán a crecer donde ahora lloramos



"Yo en tu vida fui un baile
sin canción"
—La Oreja de Van Gogh—

Ha iniciado el 2014. Dejó atrás un año duro para casi todos mis conocidos. Un año de fracturas y pérdidas para Clío, para Milo y Zoon, para, casi al final y de refilón, Karishto. Pero ¿de verdad hemos de llorar y ya? Mi hermana ayer puso en su Twitter "Gracias 2013 por las grandes oportunidades, todas las lágrimas y las carcajadas, las travesuras, porque hoy veo hacia atrás y no soy la misma".

sábado, 28 de diciembre de 2013

Grinch

Nunca fui muy fan de la Navidad ni de Año Nuevo, lo confieso. Mi familia no estaba en una posición económica tan buena, así que recuerdo que Santa Claus y los reyes magos me frustraban, pues no traían cosas que les pidiéramos. Fui de esas niñas necias que pidieron durante años seguidos el mismo juguete en busca de que se lo trajeran y nada, jamás me llegó.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Nuevos significados



La música es de vital importancia para mí. Un ejemplo claro es el que para que una película me fascine, debo enamorarme de su música de entrada. Mucho de mi audioteca son soundtracks y es común que me los sepa de memoria. Yo narro las películas a través de su música y soy fan de personajes como Danny Elfman, John Powell y Alexander Desplat que se dedican a componer para películas.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Promesas rotas... "Gracias a Dios"



Durante cuatro años y cacho fui novia de Aru. Esa relación terminó hace siete meses. A partir del rompimiento, muchas personas me han dicho que no entendían cómo alguien como yo estaba con alguien como él. El más reciente en decírmelo fue Eti Unamuno, compañero mío del trabajo. Unamuno conoció a Aru porque en cierto punto de la vida a inicios de este año pensó en trabajar en la empresa de Aru. Sin embargo, por cuestiones personales, ya no trabajó con él y sus socios.