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| Luz |
Llegué ayer a encontrar a Tily y mi tío G comiendo en una tienda cerca de la funeraria. Mi Tío G me hizo sentarme junto a él, me ofreció vino y me preguntó cómo estaba, cómo iba con todo. Solté de golpe todo lo de trabajo que me ha salido (y eso que no le dije de la bella carta que recibí hoy) cuando de repente me interrumpió:
—Perdón, pero tengo que decirlo: te ves muy bien.
Sonreí. Él insistió:
