Ayer vino a verme en la mañana la Reina de los Conejos. Teníamos un rato de no vernos en persona, a pesar de que gracias al WhatsApp solemos platicar con frecuencia. Es curioso cómo se dan las amistades hoy en día. Con la Reina de los Conejos platico mucho, tanto de las peripecias para sobrevivir en un mundo freelance donde el trabajo es mal pagado, hasta sobre por qué no entendemos a los hombres. Ella es más chica que yo, pero siempre se me ha hecho una mujer centrada. Sabe perfectamente lo quiere y va haciendo sus planes para alcanzar los objetivos. Me encanta su ímpetu y sus ganas de salir adelante.
Recientemente, su situación ha sido complicada porque su mamá se enfermó, estuvo hospitalizada, tuvo operaciones... pero ya está en su casa y se va recuperando. A distancia, a través de mi celular y mensajitos, estuve lo más al pendiente que pude de ella. Es como sé ser amiga. Preguntando, recordando en la medida de lo posible las cosas, haciéndome presente aunque sea a través de una pantalla.
Yo creo que la amistad es en las buenas y en las malas. Las risas y los buenos momentos unen a la gente, pero atravesar por las situaciones dolorosas sin rajarse es lo que fortalece los lazos. Al menos, ésa ha sido mi experiencia. Yo me he visto muy afortunada al estar rodeada por gente que en mis peores momentos ha estado al pie del cañón, sin importar nada. Quizá por eso pienso en C todavía como un amigo, a pesar de que es el Demonio Mayor: cuando murió mi papá estuvo aquí, conmigo, sin rajarse. Todo el fallout que ocurrió después es otro boleto. Pero esos instantes de dolor absoluto en mi vida, son algo por lo que siempre le estaré agradecida.
Supongo que por eso cuando Tori me cuenta que un amigo suyo no la deja estar cerca ahora que pasa por momentos difíciles, entiendo su pesar y el que le duela. No entiendo cuál es la definición de amistad de la persona en cuestión, si prefiere alejarse de todo y de todos para no ser una carga cuando lo está pasando muy mal. ¿No son los amigos una red de apoyo, los que nos salvan hasta de nosotros mismos en nuestros momentos más oscuros?
La amistad no se puede poner en pausa cuando la vida es una cosa jodida. Por el contrario, es cuando menos necesitamos estar aislados. ¿O no?
Ayer, también, falleció el papá de Arimasen. Se me hizo un nudo en el estómago cuando me llegó su mensaje "Al fin pasó. Hoy en la mañana murió mi papá". Fue muy rápido. Fue muy repentino. Fue muy desgastante.
Hace apenas una semana diagnosticaron al padre de Arimasen con la enfermedad C-J, una cosa neurológica sin cura ni tratamiento, de esas loterías que nadie quiere sacar, pues sólo una persona en un millón la padece. La enfermedad va alterando las facultades mentales del paciente, genera demencia y eventualmente, en un lapso de entre un año y año y medio, cae en coma y muere. Empero, el padre de mi amigo se fue en un suspiro. Ni siquiera alcanzó a salir del hospital donde llevaba tres semanas internado.
Arimasen vivió lo que es mi visión del infierno, ésa que no le deseo a nadie: las guardias en el hospital. Pero encima de todo vivió el que su padre dejara de conocerlo, porque la demencia entró en high gear. Por fortuna, alcanzaron a hacer las paces.
Cuando supe que falleció su padre, le avisé a Malesan y nos pusimos de acuerdo para ir al velorio. Me daba terror llegar sola. Fue en una funeraria J. García López, pero por suerte no la misma donde velamos a mi papá (si así hubiera sido, creo que me habría pegado muchísimo más). Por supuesto que me sentí renuente a ir al velorio, pero se trata de mi mejor amigo, el que ha dejado cosas de lado para ayudarme, el que una Navidad manejó de Naucalpan a mi casa sólo para hacerme compañía durante la madrugada en lo que esperaba a saber qué había pasado con mi papá en el hospital, el que cuando tuve que irme a Querétaro a despedirme de mi abuelo vino a darle de comer a Cora dos veces al día un fin de semana. Tenía que estar con él, no sólo ayer sino en este trayecto que es el duelo.
Arimasen ya había hablado con mi mamá y mi abuelita sobre los trámites que le tocan a las viudas, pues sensato y pragmático como es, quería evitarle problemas a su madre.
Su papá se fue más rápido de lo que esperábamos, pero al menos evitó el desgaste de un año que auguraban los médicos. Eso no quita que sea difícil. Es una situación que jamás es fácil y jamás se vive igual.
Para eso estamos los amigos, en las buenas y en las malas. Para eso estaré para él, como él ha estado para mí. El duelo apesta. Nadie lo vive igual, pero eso no implica que se deba vivir tan solitariamente.
Such an ugly mark, I wear it so well
Now you're just a scar
Of the time I fell
For someone who didn't love me"
Dice Arimasen que todos en esta vida tenemos una así: relación con una persona que es como kriptonita, pero una kriptonita mezclada con drogas duras. Sabemos que nos está matando, pero no podemos soltarla. Para mí era el Mago Negro.
Nos conocimos cuando G iba a cumplir un año, trabajábamos en el mismo equipo en el callcenter. Él era callado, taciturno, aunque después me enteraría de que le decían El Perv por su humor negro y por historias de las que jamás me enteré (no sé si la gente del callcenter me quería proteger con la ignorancia). Me llamó la atención principalmente porque fue el único hombre que no me miraba lascivamente ni me hacía malas bromas (más tarde entraría otro chico al equipo que era buena persona, pero con él nunca me llevé). Empezamos a platicar el día de su cumpleaños, justo porque él no quería que lo festejaran. Me extrañó que alguien no quisiera celebrar su cumpleaños, particularmente porque no era un tema de "me estoy haciendo viejo". Muchos años después me enteraría que ni sus hijos sabían la fecha de su cumpleaños, tanto desprecia ese festejo...
Por culpa del Mago Negro soy Nerea. En nuestras charlas salió que a él le encantaba el anime y los videojuegos; a mí, las letras y los mundos de fantasía. Le compartí el primer borrador de Erdán, novela de fantasía escrita por mí donde sale un personaje llamado Nerea. El nombre (aparentemente común en Galicia) lo había escuchado a mis 16 años, cuando fui animadora de fiestas infantiles. Me gustó tanto que lo usé para un personaje. El Mago Negro, al leer la novela, me dijo que yo era Nerea. Por esas fechas empecé a bloguear y decidí ponerme Nerea a modo de nickname. Poco a poco se convirtió en mi segunda piel y mi tercer nombre.
El que el Mago jamás me tirara la onda se convirtió en mi reto personal. Empecé a ser yo quien lo buscaba, tratando de lograr que se fijara en mí. Lo conseguí un día en que nos hicieron vestirnos de súper héroes (en el callcenter tenían días temáticos, supongo que por "amenizar" la chamba). Ese día, yo llevaba unos leggings y una playera larga pegada. Le pedí que me acompañara a casa porque no podía sacar mis jeans de mi locker y me daba miedo ir sola en transporte público. Me acompañó. Nos besamos en el trolebús. Llegó hasta mi casa conmigo y bajamos al estacionamiento donde, en la penumbra, nos seguimos besando.
A partir de ese día inició un tórrido romance, en el estricto sentido de la palabra fuimos amantes. Él tenía dos hijos, el menor de la edad de G, y vivía con la madre de ellos. Si bien siempre me la planteó como una relación fallida, él no tenía interés en dejarla por no perder a sus hijos.
Lo que para mí era una aventura, se fue transformando en algo más. Platicábamos mucho y sentía que podía contarle mis planes e ideales. Él me admiraba, porque me veía como una mujer inteligente y fuerte. Eso, a su vez, hizo que siempre se sintiera menos a mi lado. No entendía qué veía yo en él, por qué alguien como yo querría estar con alguien como él. No había forma de explicarle que el enamoramiento es absolutamente irracional. No había lógica detrás del profundo cariño que le tenía.
Por él conocí Cowboy Bebop y me enamoré de la música de Yoko Kanno. También conocí el mundo de Final Fantasy, del que le pedía que me contara más. Nos escribíamos mails y me mandaba imágenes del juego, donde su personaje principal era un Black Mage.
Lo despidieron un día de septiembre y el que ya no estuviera en el callcenter me hizo deprimirme tanto que opté por renunciar un mes después. Durante el tiempo que él no tuvo trabajo, nos podíamos ver poco, porque él vivía al norte de la Ciudad Monstruo y yo, más hacia el sur.
Harta de mi casa y el alcoholismo de mis padres, un día decidí irme con el padre de G a Cancún. Se lo dije al Mago Negro, quien me vio con tristeza. Sé que le partí el corazón, aunque él era muy cuidadoso de no decirme que me quería ni, mucho menos, que me amaba.
Me preguntó si amaba al papá de G y le dije que no. "Entonces, ¿por qué vas para allá?". Le respondí, aludiendo a Spike, "Voy para ver si sigo viva". Esa tarde me sentí muy triste.
Estando en Cancún, le marcaba por teléfono y le escribía mensajes con frecuencia. En mis días y mis tardes de soledad, el único contacto que ansiaba hasta casi sentir dolor era el del Mago Negro. Cuando regresé de Cancún, fue a él a quien busqué primero.
Él había entrado a trabajar en un sitio en la Roma, muy cerca de Álvaro Obregón. Fui a verlo y lo abracé, emocionada. Él mantenía cierta distancia, supongo que temeroso de que le volviera a romper el corazón. Pero retomamos el vernos. Me seguía leyendo en mi blog (en aquel entonces, en la plataforma de Hotmail) y así supo cuando Aru entró a mi vida.
Aru y yo empezamos a andar. El Mago Negro y yo nos seguíamos viendo. Un día fuimos por un café y le dije "Aru no es como tú, no me besa igual y jamás será quien eres para mí". El Mago me jaló en ese momento y me besó, con la pasión que lo caracterizaba. Ahí decidí que no podía volver a verlo si quería serle fiel a Aru. Corté comunicación con él durante todo mi noviazgo.
Un año después de haber terminado con Aru, le escribí al Mago Negro en su cumpleaños. Extrañado, me respondió. Él seguía trabajando en el mismo sitio cerca de la Roma. Quedamos en vernos.
Pasó por mí al metrobús de por mi casa y caminamos al parque de Nápoles, donde nos sentamos a platicar. Él mantenía cierta distancia. Regresamos a mi casa y me pidió acompañarlo a comprar algo a la tienda. Me dejó para luego marcarme por teléfono. Hablamos una hora por teléfono. Supe en ese instante que no me quería dejar ir.
Él había terminado su relación hacía también un año. Ahora era libre, por primera vez podíamos vernos sin que fuera a escondidas, sin que traicionáramos a alguien.
Empezamos a salir. Me acompañó, incluso, a una comida con mis amigos. Un día, se hincó a mi lado y me dijo al oído: "Te lo diré ahora porque me nace, pero no esperes que lo diga seguido: Te amo". Fue el mismo día que me dijo que quería que fuéramos novios, pero que me lo pediría bien eventualmente. Ese "pedírmelo bien" nunca llegó.
Al principio, con nuestro reencuentro, pensé que era al fin nuestro momento. Él estaba emocionado de poder estar conmigo, me contó cómo había regresado a estudiar "Quise cambiar y prepararme para que estuvieras orgullosa de mí". Me escribía por Facebook Messenger, sacándome sonrisas tontas. Es la única persona a la que he dejado que me llame "mi princesa".
Para mí era la misma emoción del inicio, sin el temor a que alguien nos cachara. Volví a clavarme con él...maaaaaal.
Llegó a quedarse a dormir en mi casa, lo trataba como si fuera mi novio. Me preocupaba por él, buscaba sorprenderlo, le escribía diario, mi primer mensaje del día, mi último mensaje del día. Él igual tuvo detalles. Me regalaba libros, me tomaba de la mano, se preocupaba por mí...
Y entonces, después de que pasar una noche conmigo, una noche en la que me quedé su camisa (¡ah, cómo me gustaba su olor!) yo empecé a sentirme mal. Y lo supe: estaba embarazada. Él ya no quería más hijos, yo sabía que no quería. Me acuerdo que me dijo "Lo importante es que estés... estén bien". ¡Dioses! Que hablara en plural, sobre mí y quien se estaba formando... cómo me partió. Le pedí ayuda a Malesan, un préstamo que el Mago prometió pagar (nunca lo hizo) y me fui a una clínica. Todo eso fue a finales del año en que murió mi papá.
Después de eso, las cosas cambiaron. Podría decir que fue porque no quise ser mamá de otro pequeño sin padre, pero en realidad fue porque el Mago se fijó en otra chica. Tardó en decírmelo y me lo dijo a mediados de 2016 porque yo le mandé un mail donde le decía una vorágine de cosas que sentía por su distanciamiento. Me contestó contándome que había echado a perder las cosas con una chica con quien sí se veía casado y con otro hijo. El corazón me dolió horriblemente, porque claramente esa chica no era yo. Yo, que me sentía como si fuera mi pareja de cierta forma aunque oficialmente no fuéramos nada. Y él, haciéndole la ronda a alguien más.
Así me sentí un buen rato
De ahí, se volvió un ciclo vicioso horrible: semanas en las que él actuaba como novio, me buscaba, me invitaba a desayunar, nos íbamos a un hotel, se comportaba cursi y me decía que me quería, para pasar a semanas en las que era frío, evitaba verme y tardaba en responderme los mensajes, para volver a ser tierno conmigo.
Me acuerdo mucho que, por ejemplo, fuimos un domingo temprano al cine a ver Ghost in the shell. Fuimos a Reforma 222, me compró un café, vimos la peli abrazados, me fue a dejar a mi casa y ahí me dijo que ya no quería nada conmigo. Me acuerdo que se me salieron las lágrimas y le pedí que se fuera, porque no quería que mi mamá me viera llorando. Se fue. Ese día le conté a mi mamá cómo llevaba años saliendo con él y cómo él no era realmente mi pareja. Estaba dolida, fragmentada, traicionada.
Pero me volvió a buscar y volvimos a salir. Se volvió una constate fuente de ansiedad y angustia. De medir mis palabras y mi efusividad para no asustarlo. De sacarme de onda cuando me decía que ya no quería que nuestra relación fuera sólo sexo "seamos amigos", para luego besarme con pasión y llevarme a un hotel.
Tuvimos buenos momentos: quedarnos atrapados en el centro cuando fue el primer desfile de Día de Muertos, él, regañándome porque no me estaba en paz cuando sólo quería estar sentado en la Alameda abrazando a su chica, o llevándome a ver libros para elegir cuál regalarme porque eran mi pasión. Sin embargo, eventualmente, lo malo superaba a lo bueno, por mucho. Cuando empecé a subir de peso (después del aborto) él empezó a ser más distante. Alguna vez le pregunté si era porque estaba gorda y me dio a entender que en parte ya no le parecía tan atractiva. Me empecé a acomplejar bastante.
La extraña ocasión en que quiso que nos sacáramos una foto juntos
A finales del año pasado me fui a Campeche y a Mérida. Ahí tomé un tour con mi familia a los cenotes y, mientras flotaba en la tranquilidad de un cenote en el fondo de un cráter, rodeada sólo por la naturaleza, le regalé a la vida mi dolor y mis malas decisiones. "Dejo aquí lo que me hace daño, dame la fuerza para soltar todo lo que no me construye".
En enero de este año, no recuerdo bien el motivo (borré ese chat), el Mago Negro me respondió que yo esperaba que me dijera algo que no le nacía "No me molesta tu compañía pero no es como que te extrañe".
Le dije que era todo lo que necesitaba saber y eliminé el número y el chat. No lo bloqueé, podría haberme buscado, pero no lo hizo.
Ese día le escribí a Tori: "Dime que no vale la pena que derrame una sola lágrima por este idiota" y le conté. Tori me dijo que si necesitaba llorar, lo hiciera, pero que en efecto, no necesitaba a ese tarado en mi vida.
Los primeros meses fueron complicados. Estaba muy acostumbrada a contarle mi vida a Ratt (así se hacía llamar el Mago), pero justo por eso borré su número, para no caer en la tentación de escribirle.
Nunca le expliqué realmente el porqué necesitaba sacarlo de mi vida. Nunca hubo una despedida como tal, ni cartas (¡cuántas cartas le llegué a escribir en su momento!), nada digno de novela. Simplemente lo saqué de golpe. Este año ha sido una larga rehabilitación para mí.
Todavía hay muchas cosas que me hacen pensar en él, pero si bien tuvo sus momentos de infatuación conmigo, la verdad es que creo que nunca me amó. Creo que no se ama a sí mismo y así, es imposible que pueda amar a alguien más.
Este post es para mí ese adiós que nunca le dije. Es un verdadero soltar, porque creo firmemente que con ciertas energías bloqueamos lo que el Universo o Dios tiene para nosotros. Acá suelto las últimas hebras de esa energía que nada me construye. Sí, podríamos haber construido una bella historia. Pero sus miedos infundados (¿qué hace una chica lista como tú con un troglodita como yo?) no lo permitieron. Para una relación se necesitan dos.
Estoy convencida de que el amor es una cosa que se construye en pareja y que implica caminar hacia el mismo lado, con proyectos (de vida) similares y con proyectos (personales) que mantengan la personalidad de cada quién. Hoy me abro de brazos para recibir lo nuevo, sea lo que eso sea.
Gracias por los aprendizajes. Adiós, Kuro Madoushi.
La lluvia me gusta, siempre me ha gustado. Caminar bajo ella suele parecerme relajante. No todo el mundo opina lo mismo. Me acuerdo de cierta ocasión, hace 10 años o más, en que iba caminando bajo una lluvia torrencial con el Mago Negro. Nos metimos a un hotel para refugiarnos y quitarnos la ropa. Yo me moría de risa, él, no tanto.
Me acuerdo de mí misma, en Cozumel, corriendo a la azotea del edificio en que vivía, para mojarme en la lluvia que caía en ese momento, los brazos abiertos en cruz, riendo, hasta que Lord V subió para llevarme al departamento: "¿Estás loca?", refunfuñó.
Me acuerdo de Aru, haciendo que me parara de la cama para salir al pasillo, cuando yo dormía en el cuarto de servicio, y aprovechar el que la lluvia espantaba a las personas para hacer el amor ahí, recargados contra el barandal.
Anoche pensaba en ese último recuerdo: la lluvia, sus besos, el volver a entrar al cuarto para refugiarnos bajo las cobijas, quedarme dormida escuchando la lluvia, envuelta por los brazos de Aru. Mi mente vagó a otro momento con lluvia: Aru y yo, sentados en una entrada de un edificio. Distancia entre nosotros, esperando que amainara un poco la lluvia. Yo sabía que él quería cortarme esa noche. Antes de eso, él y yo peleando, bajo el paraguas, porque él se empeñaba en que fuéramos los dos bajo el mismo paraguas pero, al ser un poco más bajo que yo, siempre me pegaba con la sombrilla en la cabeza y me ponía de malas.
Anoche llovía. Yo estaba en la cama, escuchando la lluvia. Pensé en todas las veces en que ese sonido me ha servido de arrullo. Las lluvias de junio. Entonces mi mente se fue al momento en que, también en el cuarto de servicio en una noche de lluvia, Aru estaba encima mío y al momento de sentirlo en mí, me soltó:
Te amo
Y mi reacción casi caricaturesca: levantarme de golpe al tiempo que dije "¿Qué?", casi tirándolo de la cama. Era la primera vez que me decía eso (la primera vez que se lo decía a cualquier mujer).
Es un momento que recuerdo como algo gracioso, primero por mi reacción, luego porque él me preguntó "Cuando encuentre a la voz responsable de decirte eso ¿qué quieres que haga? ¿la entierro?" y empezó, como siempre, a analizar y tratar de racionalizar el sentimiento...
Empecé a llorar (anoche) abrazada a mi almohada (patético).
Me siento triste y nostálgica. Ojo: no por Aru, sino por el hecho de ser amada. De tener compañía.
Anoche, con la lluvia, me pregunté si volveré a sentir eso: esa alegría idiota del enamoramiento, esa calidez del amor, eso que tiene tantos años que no siento y que cada vez parece más improbable.
Sé perfectamente que no se trata de ir buscando por la vida a ver si alguien quiere estar conmigo, pero dado lo mal que me ha ido en los últimos años, no puedo evitar pensar que algo estoy haciendo mal o que algo está mal conmigo.
De nuevo ese miedo, ese miedo idiota: no seré amada. Ese "alguien" no existe para mí. ¿Cómo se le llama a la nostalgia por algo que no ha ocurrido? ¿Cómo se le llama a ese extrañar algo que no existe?
El clima gris me tiene tristona. Ya lo dijo Male-san "vayamos a cazar un postre feliz". Sí, quizá lo que me falta en realidad es azúcar. Como sea, no puedo sacar esa espina de tristeza. Y suena Sleeping at last con su potente música inefable, haciendo que vuelva a llorar.
O la maldita historia de mi estrés pre-bodas de mis amigos
No quiero morir sola. Y aviso que al baboso que me diga que tengo a G y por eso no estaré sola lo golpearé. Digo, sí, claro tengo a mi hijo, pero es otro tipo de soledad al que temo. Es no encontrar a una persona para compartir mi vida. Lo peor es que la gente para "animarme" me dice que no hay bronca, que sola me va bien, que conforme vaya pasando más el tiempo más exigente me haré y menos probable es que aguante las estupideces de otro papanatas... y por lo mismo menos probable es que encuentre pareja. Say what?! Si así es como me quieren animar, mejor no hablamos.
Sí, claro, llevo tres años soltera. Podemos decir sin temor a equivocaciones que de ese tiempo, la mitad de menos fue de reconstrucción de mi autoimagen que nunca ha sido la mejor, pero que tras la partida de Aru estaba simple y llanamente jodida y hecha añicos. Sentía que la canción Hand me down de Matchbox Twenty me describía a la perfección (lloren conmigo):
En este periodo tuve un break down en casa de Ximechan y Karasu en el que les dije ese temor de "voy a quedarme sola" y "no merezco el amor" y "¿por qué si todos dicen que soy bien mágica y musical no hay un solo hombre que no sea un cabrón que quiera estar conmigo?", junto con todas esas boberías que me ponen de malas porque no soy una princesa en desgracia: ¡soy una bruja! ¡Soy una guerrera! Y creo que ahí está el problema.
En el cumple de Ximechan salió el comentario "A los hombres no les gustan las mujeres inteligentes, les dan miedo". Karasu nos contempló a Ximechan y a mí y nos dijo:
—Pero a mí me gusta estar con estas dos mujeres tan inteligentes.
A lo que al unísono ella y yo respondimos:
—Porque eres inteligente.
Claro, fue muy simplista el comentario, pero es lo que hemos visto. Una mujer inteligente parece ser un peligro para los hombres, los espanta en general. Ya me jodí. (Aunque, si tan inteligente soy, ¿por qué no dejo de meter la pata? You'll start to think you were born blimd)
Me he dado cuenta de que casi todos mis amigos tienen pareja. Normalmente eso no me pesa. Vaya, incluso las nuevas adquisiciones a la vida de esta bruja, como Rash y Greats (que, por cierto, están comprometidos...) vienen en pareja. Creo que sólo Malesan está soltera... Pero cuando se casaron Ximechan y Karasu este año... pfff. Empezó la ansiedad social. Mi crisis de los 30 vino por ese lado: la parte mala onda de mi cerebro empezó a susurrar con toda alevosía ya tienes más de 30, ni a novio llegas, el tiempo se va bien rápido, ya no te vas a casar, ya no vas a tener más hijos (sí, sí le faltaba la risa malévola al final de su discurso). Y conforme se fue acercando la boda, peor se ponía la desgraciada voz. Fui sola a la boda. Me aburrí bastante en muchos puntos porque no tenía con quien bailar. Meh.
Por más que mi parte racional me decía que aún soy joven, que mis amigos apenas empiezan a casarse y que de cierta forma les llevo una ventaja de diez años de ser mamá, esa maldita voz, a veces en chingado loop infinito me empezaba a joder con que no hay quién me aguante el paso.
Sobreviví esa boda. Y entonces Arimasen y Gillsama se comprometieron en abril. Me lleva el tren. De nuevo la ansiedad y ahora con más de un año de anticipación. Yo sé que la vida cambia mucho y que no debería estar buscando una pareja "dejar que las cosas fluyan, que la vida me sorprenda" y bla bla bla, todas esas tonterías optimistas y psicomágicas a las que la sociedad está tan volcada hoy en día.
Y honestamente tampoco es que esté desesperada por tener novio o algo así. La verdad es que disfruto mucho acomodar mi tiempo a mi gusto y a mi manera, sin tener que lidiar con alguien más para organizar eventos, para cuadrar tiempos, para buscar que me haga espacio en su agenda (well, fuck, qué jodidos antecedentes tengo ¿verdad?)
En fin. Debo hallar como callar a esa maldita voz. Porque no tiene caso que me estrese tanto por estas cosas. ¿Verdad?
Gorgeous. Me acuerdo cuando me llegaban los mensajes con el "Hey, gorgeous!" y me hacía sonreír. Y escribí en mi antiguo blog que no le creía a nadie cuando me decía así. Entonces él dejó de hacerlo, porque en ese entonces me leía con atención (quería saberlo todo de mí).
Después empezaron a llegar los mensajes de "Hola, guapa", "Hola, bonita", y "Ohayou, Nerea-sama". Con el primero no sonreía, pero con los otros dos sí. Aunque no igual. Y entonces, tras el pánico de "Espero que sea un buen fin de semana, eso", empezó el coqueteo velado. "Guapa, si me permites decirlo", "Las extrañas ganas de acompañarte esta noche también", "Encuentros afortunados, tú el más reciente".
Mis amigos lo vieron: poco a poco me fue llamando mucho la atención el Chico de las Sombras, porque no actuaba como los demás. No parecía ser demonio, ni acercarse remotamente a las malas elecciones del pasado. Pero sus señales eran confusas. Yo sabía que pertenecía a las Sombras y lo comenté con Male-san, con Arimasen, con Gill-sama, con Clío y con Xime-chan: hay algo en él que me recuerda a mí misma, tiempo atrás. Es como un espejo al pasado.
Ayer agarré el valor necesario para charlar con él, a pesar de que todo el día estuvo de cabeza, con bomberazos a diestra y siniestra—extrañamente no me puse mega histérica, sino que fluí con la situación. Parece que voy aprendiendo a ser más zen y menos control freak *aplausos y palomita para mí*
Nos sentamos a cenar tras el evento de anoche y salió el tema de Aru y por qué cortamos. El Chico de las Sombras hacía comentarios como "se pasó de verga" y "eso es no tener madre" (y miren que ahora ya narro la versión limpia de odio y dolor, chale). Caminamos a mi casa para que le diera las cervezas de Ursel. Me había enojado un poco con él porque les dijo a los socios del restaurante que no me tenía en Facebook porque "ya le di mi teléfono y me intensea por ahí, no vuelvo a cometer el mismo error, imagínense" [sic]. Pensé "Qué poca madre". Equis lo del Facebook, yo soy bien exigente para quién agrego y quién no, pero la forma en la que lo planteó... ¡aúch! (Pensé en Crash y su "tengo tacto de elefante"). Siempre la misma chingadera: soy una intensa. Bah.
Total que en el lobby de mi casa apareció la Sombra, el por qué sentía que era un espejo y que había algo que no me contaba: lo conocí cuando llevaba dos meses de haber terminado con una chica que aún le cala. "Dejé que se me fuera de las manos, no me di cuenta en que la estaba cagando. Y sigue muy verde, muy fresco. Aún hay lugares por los que paso y duele". Wow: así se veía y escuchaba Nerea hace tres, dos años. Pensé en mí misma evitando Coyoacán a toda costa, alejándome de metro Chapultepec, manteniendo mi distancia de la calle de Cincinnati.
Se lo solté a bocajarro, antes de abrirle la puerta para que se fuera a su casa:
—Entonces mejor ya no te coqueteo.
Se me quedó viendo. Sonrió (era sombra que sabía, tenía ese regusto amargo, a cuando fui the girl with the broken smile):
—No llegaríamos a nada. Y aunque llegáramos *pequeña y breve chispa en sus ojos* no podría ofrecerte el 100% de mí, si acaso el 20% y no es justo. Ahorita no puedo darle nada completo a nadie, ni siquiera a mí mismo.
La bruja escuchó cómo se rompía su corazón. Un vacío en el estómago, la sorpresa que me tomó desprevenida por el pescuezo, no tanto por la bateada sino por lo que me dolió dicha bateada. Y no me dolió en el orgullo, me dolió de verdad en el corazón, en la esperanza. M-A-D-R-E-S. Entonces sí caí por él, más fuerte de lo que había pensado. Vale monjas TODO.
Subí a casa. Me encerré en mi cuarto. Lloré en silencio. Me enojé por llorar. Agradecí mucho que me dijera las cosas como son. Pero duele, carajo. Más de lo que esperaba. Chingá, hasta insomnio me dio. Di vueltas en mi cama hasta las 7:30 a.m. a pesar de mi cansancio. Me paré a alimentar a los perrines. Intenté volver a dormir, sin éxito. Me levanté de nuevo a preparar café y escribir y escuchar música y volver a llorar. Maldita esperanza. Yo sé, lo que duele es la expectativa. Y también llevaba meses colgada de la lámpara por no entender qué demonios: los roces bajo la mesa, los abrazos, los besos en mi cabeza con ademán protector, el siempre presente "¿cómo estás?" [suena a algo cotidiano pero recuerden que me conoció cuando mi papá estaba a punto de morir y cuando le contestaba "Bien", me veía fijamente a los ojos y me decía "NO, en serio cómo estás"] y el alegrarse por mis proyectos aunque a él se lo llevaba la chingada, seguidos del desaparecer, no contestar mensajes, días, semanas de silencio, para de nuevo resurgir y platicar y bromear. Literal: me quiere, no me quiere, me quiere... NO. No me quiere. Y duele bastante. Carajo.
Hace rato que no escribo. La vida ha dado muchas vueltas. Inicia septiembre otra vez, y de nuevo los estúpidos altibajos.
Es curioso porque ayer alguien me dijo que septiembre es un mes complicado: "me vienen flashazos, no lo puedo evitar". La situación es distinta y aun así comprendo.
Pensaba que estoy muy enojada aún. Creo que necesito ir al campo a gritar, o romper algo o prenderle fuego a la caja o algo del tipo. Me ha costado cerrar por todo lo mezclado que pasó el año pasado. Demasiadas pérdidas una tras otra. Y luego el idiota de Aru empieza a andar con elinauta, repitiendo patrones. Aunque muchos tratan. de consolarme con esa idea (patrones) me siento peor porque entonces soy una más en una lista de un pobre que no sabe lo que quiere y se deslumbra con cualquier brilla fatuo. Again and again. Nada importante, sólo un ítem más en una larga lista.
He estado con el miedo latente (culpo al reloj biológico) de no tener más hijos, ni mucho menos pareja estable y que de verdad me quiera.
Y eso que tengo mejores cosas en qué ocuparme. Tengo casi un mes de haber entrado a trabajar de CM en una agencia de mkt con Sibanshee. Es padre trabajar con una de mis mejores amigas. El trabajo a veces es estresante. Más si lo juntamos con seguir impartiendo talleres, sacar semestre con tesis y mi papá enfermo. G tampoco la ha tenido fácil. Mucho cambio demasiado rápido. Anda tristón. Me las ingenio. Pareciera que vivir saturada es ya mi modus vivendi.
Sin embargo hace poco Malesan me hacía reflexionar cómo mi existencia siempre ha sido a partir del otro. Lo que otros dicen/hacen. No es la primera en decírmelo, pero sí el recordatorio más reciente. Y entonces sigo buscando ser.
Uno de los talleres que imparto es para el IPN. Me buscaron por mi CV y mi experiencia. Es decir, me buscaron por mí, por lo que he construido, aprendido y por lo que soy.
En mi trabajo me aman por ñoña y eficiente. Go figure! Acá no debo llevarla leve. No tengo que fingir ir a ritmo de oficina. Y por eso me adoran. Por ser quien soy.
No tiene nada de malo.
Lo que está mal es seguir en una terapia ocupacional de saturación del tiempo. Evadir mis tristezas y ser tan dura conmigo misma nunca me ha funcionado, así que creo que es momento de cambiar