"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

jueves, 22 de octubre de 2015

Pensamientos


Mi mente últimamente vaga hacia una persona en particular. Y es... molesto. Molesto porque de los pensamientos uno no se escapa. Si fuera una cosa física, cierro los ojos y ya (ok, no es tan sencillo, pero es menos complicado que huir de la mente).

Muchas de mis relaciones iniciaron por un profundo sentimiento de soledad o de poca satisfacción conmigo misma. Un no saber hacia dónde ir o qué hacer con mi vida  pensar que acompañada iba a ser más fácil definir. Me acuerdo que cuando inicié la relación con Aru le dije que una de mis metas era escribir y él se puso como meta hacer que yo escribiera (backfired, of course: llegó un punto en que me dijo "Escribes demasiado" amén de que su eterna curiosidad lo llevó a leer cosas que nunca debió leer, cosas privadas, que nos trajeron muchos problemas).

Poco más de dos años de estar soltera me han ayudado a darle una definición a mi vida por mí y por nadie más. Empecé a construir varias cosas y retomar lo que muchos conocieron en mí, ese ímpetu que me hacía sacar las cosas. El Mago Negro me lo dijo en algún momento de este año:

"That's totally you: nunca conforme, always pushing further", la bruja que contagia locura y leva sus proyectos a cabo contra viento y marea. Más de una vez le he dicho tanto al Mago como a Arimasen que temo que justamente por esa forma mía de ser, me quedaré sola en el sentido de pareja, porque sola como persona no estoy: tengo un montón de amigos y familia que me acompañan en este peregrinaje llamado vida. En general, incluso mis amigos me dicen que hago demasiadas cosas. La palabra "demasiado" ha llegado a tener para mí una connotación peyorativa. Ese "eres demasiado" generalmente ha sido la antesala de socas negativas...

Bien, hace meses conocí al Chico de las Sombras. Qué ironías. Lo conocí en una conferencia de prensa, donde su cara de fastidio ante preguntas repetitivas— preguntas que a mí misma ya me habían hastiado— me hizo pensar en que era alguien un tanto prepotente. Sin embargo, resultó ser a quien me acerqué a tenderle mi teléfono tras la conferencia de prensa con la idea de hacerle una entrevista y ver posibilidades de negocio entre la revista y su empresa. Me acuerdo que pensé "Ojalá no me vaya a caer mal o va ser complicado trabajar juntos".

Ese mismo día él me marcó, aunque se cortaba mucho la llamada. Por mensaje de WhatsApp quedamos en charlar al día siguiente. En efecto, platicamos al día siguiente y nos pusimos de acuerdo para vernos y charlar de las posibilidades entre la revista y su empresa. Ese fin de semana me mandó un mensaje: "Ojalá sea un buen fin de semana. Eso". Mi mente se sobresaltó. Claro, no es un mal mensaje, pero viniendo de alguien que había hablado escasos 5 minutos conmigo por teléfono, me sonaba extraño.

La primera vez que me senté a charlar con el Chico de las Sombras fue en una librería y supe que él estudió letras, ha leído como si no hubiera mañana y que su charla me gusta. Me gusta mucho. En ese momento tuve un crush intelectual muy severo con él. Comparó su trabajo (el que nos había llevado a vernos) con la experiencia de las letras. Cuando menos esperaba, llevábamos cuatro horas charlando.

Ello derivó en pláticas por WhatsApp, en mensajes del tipo "Las extrañas ganas de también acompañarte esta noche", en un coqueteo velado entre nosotros.

Han pasado meses. Lo he visto si acaso una vez por mes, y aunque no estamos charlando tanto como al inicio (él trabaja igual o más que yo), me hallo fascinada con él. Y me desespera. Esa capacidad de pensar de más, ése saber que le han tocado momentos muy cabrones en mi vida (dos breakdowns míos por lo de mi papá, otro breakdown por mis desatinos) y pensar "¿y si se espanta?".

Claro: si se espanta él se lo pierde. And yet...  Mi mente vaga hacia él, hacia las ganas de pasar más tiempo con él. Sé que prefiere estar al margen, por ello pertenece a las Sombras. Sé que observa y analiza. Sé que hay algo... algo...


No sale de mi mente... ¿qué hacer?



miércoles, 21 de octubre de 2015

El curandero

—No sabía que tu padre era un sanador blanco, maese Kito.
—No es algo de lo que hablemos tanto, bruja. Además es... no sigue los ritos de los sanadores blancos en general. Es un curandero— el pirata llevaba a la bruja apoyada en sus hombros.—¿Nunca has pensado en volar? 
—¿Volar?
—Ah, claro, si tan sólo tuvieses alas, bruja—el sarcasmo era más que palpable en la voz del pirata.
—Nunca lo intenté antes de Armand. Y después del proceso de sanación de Ypat, incluso desplegarlas es doloroso. No me imagino el suplicio que debe ser obligar a mis alas a cargarme.
Kito suspiró mientras ayudaba a Ahkire a sentarse.
—Espera aquí—le dijo al tiempo que prendía una antorcha y subía unas escaleras. La casa de los padres del pirata tenía lugares para sentarse no bien uno abría la puerta. Justo al lado del sofá donde Kito dejara a Ahkire estaban los peldaños que llevaban a la parte alta de la casa. En unos cuantos minutos, el pirata regresó con un señor mayor, de anteojos y canas que acompañaban a una pequeña pero sincera sonrisa.
—¿Qué te ha pasado, chiquilla?— preguntó yendo directo al grano, mientras Kito murmuraba algo de darles espacio y volvía a subir los peldaños, dejando a Ahkire sola con el curandero.
—Me caí sobre mi propio pie y tronó. Un sonido similar al de un fruto maduro cediendo ante los dientes y nada más. No hubo dolor hasta hoy en la mañana.
Ahkire alzó la túnica para dejar ver su tobillo. Estaba inflamado y se notaba un tono entre púrpura y carmesí alrededor de la hinchazón.
El curandero fue por un pequeño banco y se sentó enfrente de la bruja alada. Cerró los ojos y empezó a frotar sus pulgares con ritmo veloz. Ahkire sintió la energía fluir alrededor del cuarto y reunirse en las manos del curandero. Era un rito de sanación que nunca antes había visto: ni avisos, ni explicaciones, ni pociones o rezos. Simplemente energía fluyendo.
La bruja alada sintió el momento como algo muy solemne. No tuvo tiempo de dudar, el anciano colocó las manos sobre su tobillo y, tras una punzada de dolor, lo demás fue un calor suave envolviéndola. La energía de Ahkire fluía por todo su cuerpo: la sentía partir de los dedos de las manos, de cada pluma de sus alas, de las curvas de su cuerpo, justo al tobillo. Tras un rato así, el curandero la invitó a recostarse en el sofá.
—Vamos a equilibrar todo, chiquilla.
El dolor había disminuido y la piel del tobillo volvía a tener el brillo dorado del resto de la piel de la bruja. La hinchazón empezaba a ceder. ¿Qué magia era ésta? 
El curandero la observó:
—Tienes miedo. Te has sentido frustrada últimamente. Insegura. Cosa rara, porque no te ves como alguien insegura
Ahkire observó al curandero, la perplejidad pintada en su rostro.
—Debes dejar de ver el mundo en un espectro de grises y negros. Saborea la vida: vuelve a ver la gama de colores que hay. Acomodé las sincronías para que sepas tomar las oportunidades en el momento preciso: ni antes, ni después. No tengas miedo. Noto esa inseguridad, no acabas de definir tu camino. Sé que hay muchas posibilidades pero pregúntate, en serio pregúntate qué es lo que quieres. No trabajes: diviértete. Ahí está la clave.


Dos horas después, Kito bajó los peldaños ante el llamado de su padre.
—¿Todo bien?
Ahkire sonreía de una forma sutil, el asombro pintado en sus ojos violáceos. 
—Sí, todo bien.— volteó a contemplar al curandero— de verdad, gracias.
—No, no agradezcas. Sólo no olvides.
El curandero la abrazó con fuerza.
—No olvides los colores.