"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"
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miércoles, 3 de octubre de 2018

For better and for worse



Ayer vino a verme en la mañana la Reina de los Conejos. Teníamos un rato de no vernos en persona, a pesar de que gracias al WhatsApp solemos platicar con frecuencia. Es curioso cómo se dan las amistades hoy en día. Con la Reina de los Conejos platico mucho, tanto de las peripecias para sobrevivir en un mundo freelance donde el trabajo es mal pagado, hasta sobre por qué no entendemos a los hombres. Ella es más chica que yo, pero siempre se me ha hecho una mujer centrada. Sabe perfectamente lo quiere y va haciendo sus planes para alcanzar los objetivos. Me encanta su ímpetu y sus ganas de salir adelante.
Recientemente, su situación ha sido complicada porque su mamá se enfermó, estuvo hospitalizada, tuvo operaciones... pero ya está en su casa y se va recuperando. A distancia, a través de mi celular y mensajitos, estuve lo más al pendiente que pude de ella. Es como sé ser amiga. Preguntando, recordando en la medida de lo posible las cosas, haciéndome presente aunque sea a través de una pantalla.
Yo creo que la amistad es en las buenas y en las malas. Las risas y los buenos momentos unen a la gente, pero atravesar por las situaciones dolorosas sin rajarse es lo que fortalece los lazos. Al menos, ésa ha sido mi experiencia. Yo me he visto muy afortunada al estar rodeada por gente que en mis peores momentos ha estado al pie del cañón, sin importar nada. Quizá por eso pienso en C todavía como un amigo, a pesar de que es el Demonio Mayor: cuando murió mi papá estuvo aquí, conmigo, sin rajarse. Todo el fallout que ocurrió después es otro boleto. Pero esos instantes de dolor absoluto en mi vida, son algo por lo que siempre le estaré agradecida.
Supongo que por eso cuando Tori me cuenta que un amigo suyo no la deja estar cerca ahora que pasa por momentos difíciles, entiendo su pesar y el que le duela. No entiendo cuál es la definición de amistad de la persona en cuestión, si prefiere alejarse de todo y de todos para no ser una carga cuando lo está pasando muy mal. ¿No son los amigos una red de apoyo, los que nos salvan hasta de nosotros mismos en nuestros momentos más oscuros?
La amistad no se puede poner en pausa cuando la vida es una cosa jodida. Por el contrario, es cuando menos necesitamos estar aislados. ¿O no?
Ayer, también, falleció el papá de Arimasen. Se me hizo un nudo en el estómago cuando me llegó su mensaje "Al fin pasó. Hoy en la mañana murió mi papá". Fue muy rápido. Fue muy repentino. Fue muy desgastante.
Hace apenas una semana diagnosticaron al padre de Arimasen con la enfermedad C-J, una cosa neurológica sin cura ni tratamiento, de esas loterías que nadie quiere sacar, pues sólo una persona en un millón la padece. La enfermedad va alterando las facultades mentales del paciente, genera demencia y eventualmente, en un lapso de entre un año y año y medio, cae en coma y muere. Empero, el padre de mi amigo se fue en un suspiro. Ni siquiera alcanzó a salir del hospital donde llevaba tres semanas internado. 

Arimasen vivió lo que es mi visión del infierno, ésa que no le deseo a nadie: las guardias en el hospital. Pero encima de todo vivió el que su padre dejara de conocerlo, porque la demencia entró en high gear. Por fortuna, alcanzaron a hacer las paces. 
Cuando supe que falleció su padre, le avisé a Malesan  y nos pusimos de acuerdo para ir al velorio. Me daba terror llegar sola. Fue en una funeraria J. García López, pero por suerte no la misma donde velamos a mi papá (si así hubiera sido, creo que me habría pegado muchísimo más). Por supuesto que me sentí renuente a ir al velorio, pero se trata de mi mejor amigo, el que ha dejado cosas de lado para ayudarme, el que una Navidad manejó de Naucalpan a mi casa sólo para hacerme compañía durante la madrugada en lo que esperaba a saber qué había pasado con mi papá en el hospital, el que cuando tuve que irme a Querétaro a despedirme de mi abuelo vino a darle de comer a Cora dos veces al día un fin de semana. Tenía que estar con él, no sólo ayer sino en este trayecto que es el duelo.
Arimasen ya había hablado con mi mamá y mi abuelita sobre los trámites que le tocan a las viudas, pues sensato y pragmático como es, quería evitarle problemas a su madre. 
Su papá se fue más rápido de lo que esperábamos, pero al menos evitó el desgaste de un año que auguraban los médicos. Eso no quita que sea difícil. Es una situación que jamás es fácil y jamás se vive igual.
Para eso estamos los amigos, en las buenas y en las malas. Para eso estaré para él, como él ha estado para mí. El duelo apesta. Nadie lo vive igual, pero eso no implica que se deba vivir tan solitariamente. 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El Mago Negro y el adiós nunca dicho


"Now you're just a scar
A story I tell 
Such an ugly mark, I wear it so well
Now you're just a scar
Of the time I fell 
For someone who didn't love me" 

Dice Arimasen que todos en esta vida tenemos una así: relación con una persona que es como kriptonita, pero una kriptonita mezclada con drogas duras. Sabemos que nos está matando, pero no podemos soltarla. Para mí era el Mago Negro.
Nos conocimos cuando G iba a cumplir un año, trabajábamos en el mismo equipo en el callcenter. Él era callado, taciturno, aunque después me enteraría de que le decían El Perv por su humor negro y por historias de las que jamás me enteré (no sé si la gente del callcenter me quería proteger con la ignorancia). Me llamó la atención principalmente porque fue el único hombre que no me miraba lascivamente ni me hacía malas bromas (más tarde entraría otro chico al equipo que era buena persona, pero con él nunca me llevé). Empezamos a platicar el día de su cumpleaños, justo porque él no quería que lo festejaran. Me extrañó que alguien no quisiera celebrar su cumpleaños, particularmente porque no era un tema de "me estoy haciendo viejo". Muchos años después me enteraría que ni sus hijos sabían la fecha de su cumpleaños, tanto desprecia ese festejo...
Por culpa del Mago Negro soy Nerea. En nuestras charlas salió que a él le encantaba el anime y los videojuegos; a mí, las letras y los mundos de fantasía. Le compartí el primer borrador de Erdán, novela de fantasía escrita por mí donde sale un personaje llamado Nerea. El nombre (aparentemente común en Galicia) lo había escuchado a mis 16 años, cuando fui animadora de fiestas infantiles. Me gustó tanto que lo usé para un personaje. El Mago Negro, al leer la novela, me dijo que yo era Nerea. Por esas fechas empecé a bloguear y decidí ponerme Nerea a modo de nickname. Poco a poco se convirtió en mi segunda piel y mi tercer nombre. 
El que el Mago jamás me tirara la onda se convirtió en mi reto personal. Empecé a ser yo quien lo buscaba, tratando de lograr que se fijara en mí. Lo conseguí un día en que nos hicieron vestirnos de súper héroes (en el callcenter tenían días temáticos, supongo que por "amenizar" la chamba). Ese día, yo llevaba unos leggings y una playera larga pegada. Le pedí que me acompañara a casa porque no podía sacar mis jeans de mi locker y me daba miedo ir sola en transporte público. Me acompañó. Nos besamos en el trolebús. Llegó hasta mi casa conmigo y bajamos al estacionamiento donde, en la penumbra, nos seguimos besando. 
A partir de ese día inició un tórrido romance, en el estricto sentido de la palabra fuimos amantes. Él tenía dos hijos, el menor de la edad de G, y vivía con la madre de ellos. Si bien siempre me la planteó como una relación fallida, él no tenía interés en dejarla por no perder a sus hijos. 
Lo que para mí era una aventura, se fue transformando en algo más. Platicábamos mucho y sentía que podía contarle mis planes e ideales. Él me admiraba, porque me veía como una mujer inteligente y fuerte. Eso, a su vez, hizo que siempre se sintiera menos a mi lado. No entendía qué veía yo en él, por qué alguien como yo querría estar con alguien como él. No había forma de explicarle que el enamoramiento es absolutamente irracional. No había lógica detrás del profundo cariño que le tenía. 
Por él conocí Cowboy Bebop y me enamoré de la música de Yoko Kanno. También conocí el mundo de Final Fantasy, del que le pedía que me contara más. Nos escribíamos mails y me mandaba imágenes del juego, donde su personaje principal era un Black Mage.
Lo despidieron un día de septiembre y el que ya no estuviera en el callcenter me hizo deprimirme tanto que opté por renunciar un mes después. Durante el tiempo que él no tuvo trabajo, nos podíamos ver poco, porque él vivía al norte de la Ciudad Monstruo y yo, más hacia el sur.
Harta de mi casa y el alcoholismo de mis padres, un día decidí irme con el padre de G a Cancún. Se lo dije al Mago Negro, quien me vio con tristeza. Sé que le partí el corazón, aunque él era muy cuidadoso de no decirme que me quería ni, mucho menos, que me amaba. 
Me preguntó si amaba al papá de G y le dije que no. "Entonces, ¿por qué vas para allá?". Le respondí, aludiendo a Spike, "Voy para ver si sigo viva". Esa tarde me sentí muy triste. 
Estando en Cancún, le marcaba por teléfono y le escribía mensajes con frecuencia. En mis días y mis tardes de soledad, el único contacto que ansiaba hasta casi sentir dolor era el del Mago Negro. Cuando regresé de Cancún, fue a él a quien busqué primero. 
Él había entrado a trabajar en un sitio en la Roma, muy cerca de Álvaro Obregón. Fui a verlo y lo abracé, emocionada. Él mantenía cierta distancia, supongo que temeroso de que le volviera a romper el corazón. Pero retomamos el vernos. Me seguía leyendo en mi blog (en aquel entonces, en la plataforma de Hotmail) y así supo cuando Aru entró a mi vida. 
Aru y yo empezamos a andar. El Mago Negro y yo nos seguíamos viendo. Un día fuimos por un café y le dije "Aru no es como tú, no me besa igual y jamás será quien eres para mí". El Mago me jaló en ese momento y me besó, con la pasión que lo caracterizaba. Ahí decidí que no podía volver a verlo si quería serle fiel a Aru. Corté comunicación con él durante todo mi noviazgo.
Un año después de haber terminado con Aru, le escribí al Mago Negro en su cumpleaños. Extrañado, me respondió. Él seguía trabajando en el mismo sitio cerca de la Roma. Quedamos en vernos. 
Pasó por mí al metrobús de por mi casa y caminamos al parque de Nápoles, donde nos sentamos a platicar. Él mantenía cierta distancia. Regresamos a mi casa y me pidió acompañarlo a comprar algo a la tienda. Me dejó para luego marcarme por teléfono. Hablamos una hora por teléfono. Supe en ese instante que no me quería dejar ir. 
Él había terminado su relación hacía también un año. Ahora era libre, por primera vez podíamos vernos sin que fuera a escondidas, sin que traicionáramos a alguien.
Empezamos a salir. Me acompañó, incluso, a una comida con mis amigos. Un día, se hincó a mi lado y me dijo al oído: "Te lo diré ahora porque me nace, pero no esperes que lo diga seguido: Te amo". Fue el mismo día que me dijo que quería que fuéramos novios, pero que me lo pediría bien eventualmente. Ese "pedírmelo bien" nunca llegó.
Al principio, con nuestro reencuentro, pensé que era al fin nuestro momento. Él estaba emocionado de poder estar conmigo, me contó cómo había regresado a estudiar "Quise cambiar y prepararme para que estuvieras orgullosa de mí". Me escribía por Facebook Messenger, sacándome sonrisas tontas. Es la única persona a la que he dejado que me llame "mi princesa". 
Para mí era la misma emoción del inicio, sin el temor a que alguien nos cachara. Volví a clavarme con él...maaaaaal.
Llegó a quedarse a dormir en mi casa, lo trataba como si fuera mi novio. Me preocupaba por él, buscaba sorprenderlo, le escribía diario, mi primer mensaje del día, mi último mensaje del día. Él igual tuvo detalles. Me regalaba libros, me tomaba de la mano, se preocupaba por mí...
Y entonces, después de que pasar una noche conmigo, una noche en la que me quedé su camisa (¡ah, cómo me gustaba su olor!) yo empecé a sentirme mal. Y lo supe: estaba embarazada. Él ya no quería más hijos, yo sabía que no quería. Me acuerdo que me dijo "Lo importante es que estés... estén bien". ¡Dioses! Que hablara en plural, sobre mí y quien se estaba formando... cómo me partió. Le pedí ayuda a Malesan, un préstamo que el Mago prometió pagar (nunca lo hizo) y me fui a una clínica. Todo eso fue a finales del año en que murió mi papá. 
Después de eso, las cosas cambiaron. Podría decir que fue porque no quise ser mamá de otro pequeño sin padre, pero en realidad fue porque el Mago se fijó en otra chica. Tardó en decírmelo y me lo dijo a mediados de 2016 porque yo le mandé un mail donde le decía una vorágine de cosas que sentía por su distanciamiento. Me contestó contándome que había echado a perder las cosas con una chica con quien sí se veía casado y con otro hijo. El corazón me dolió horriblemente, porque claramente esa chica no era yo. Yo, que me sentía como si fuera mi pareja de cierta forma aunque oficialmente no fuéramos nada. Y él, haciéndole la ronda a alguien más.
Así me sentí un buen rato

De ahí, se volvió un ciclo vicioso horrible: semanas en las que él actuaba como novio, me buscaba, me invitaba a desayunar, nos íbamos a un hotel, se comportaba cursi y me decía que me quería, para pasar a semanas en las que era frío, evitaba verme y tardaba en responderme los mensajes, para volver a ser tierno conmigo.
Me acuerdo mucho que, por ejemplo, fuimos un domingo temprano al cine a ver Ghost in the shell. Fuimos a Reforma 222, me compró un café, vimos la peli abrazados, me fue a dejar a mi casa y ahí me dijo que ya no quería nada conmigo. Me acuerdo que se me salieron las lágrimas y le pedí que se fuera, porque no quería que mi mamá me viera llorando. Se fue. Ese día le conté a mi mamá cómo llevaba años saliendo con él y cómo él no era realmente mi pareja. Estaba dolida, fragmentada, traicionada.
Pero me volvió a buscar y volvimos a salir. Se volvió una constate fuente de ansiedad y angustia. De medir mis palabras y mi efusividad para no asustarlo. De sacarme de onda cuando me decía que ya no quería que nuestra relación fuera sólo sexo "seamos amigos", para luego besarme con pasión y llevarme a un hotel.
Tuvimos buenos momentos: quedarnos atrapados en el centro cuando fue el primer desfile de Día de Muertos, él, regañándome porque no me estaba en paz cuando sólo quería estar sentado en la Alameda abrazando a su chica, o llevándome a ver libros para elegir cuál regalarme porque eran mi pasión. Sin embargo, eventualmente, lo malo superaba a lo bueno, por mucho. Cuando empecé a subir de peso (después del aborto) él empezó a ser más distante. Alguna vez le pregunté si era porque estaba gorda y me dio a entender que en parte ya no le parecía tan atractiva. Me empecé a acomplejar bastante.

La extraña ocasión en que quiso que nos sacáramos una foto juntos

A finales del año pasado me fui a Campeche y a Mérida. Ahí tomé un tour con mi familia a los cenotes y, mientras flotaba en la tranquilidad de un cenote en el fondo de un cráter, rodeada sólo por la naturaleza, le regalé a la vida mi dolor y mis malas decisiones. "Dejo aquí lo que me hace daño, dame la fuerza para soltar todo lo que no me construye".
En enero de este año, no recuerdo bien el motivo (borré ese chat), el Mago Negro me respondió que yo esperaba que me dijera algo que no le nacía "No me molesta tu compañía pero no es como que te extrañe".
Le dije que era todo lo que necesitaba saber y eliminé el número y el chat. No lo bloqueé, podría haberme buscado, pero no lo hizo.
Ese día le escribí a Tori: "Dime que no vale la pena que derrame una sola lágrima por este idiota" y le conté. Tori me dijo que si necesitaba llorar, lo hiciera, pero que en efecto, no necesitaba a ese tarado en mi vida.
Los primeros meses fueron complicados. Estaba muy acostumbrada a contarle mi vida a Ratt (así se hacía llamar el Mago), pero justo por eso borré su número, para no caer en la tentación de escribirle. 
Nunca le expliqué realmente el porqué necesitaba sacarlo de mi vida. Nunca hubo una despedida como tal, ni cartas (¡cuántas cartas le llegué a escribir en su momento!), nada digno de novela. Simplemente lo saqué de golpe. Este año ha sido una larga rehabilitación para mí. 
Todavía hay muchas cosas que me hacen pensar en él, pero si bien tuvo sus momentos de infatuación conmigo, la verdad es que creo que nunca me amó. Creo que no se ama a sí mismo y así, es imposible que pueda amar a alguien más. 
Este post es para mí ese adiós que nunca le dije. Es un verdadero soltar, porque creo firmemente que con ciertas energías bloqueamos lo que el Universo o Dios tiene para nosotros. Acá suelto las últimas hebras de esa energía que nada me construye. Sí, podríamos haber construido una bella historia. Pero sus miedos infundados (¿qué hace una chica lista como tú con un troglodita como yo?) no lo permitieron. Para una relación se necesitan dos.
Estoy convencida de que el amor es una cosa que se construye en pareja y que implica caminar hacia el mismo lado, con proyectos (de vida) similares y con proyectos (personales) que mantengan la personalidad de cada quién. Hoy me abro de brazos para recibir lo nuevo, sea lo que eso sea.
Gracias por los aprendizajes. Adiós, Kuro Madoushi. 

domingo, 22 de julio de 2018

¿Para siempre?


El otro día le dije a las chicas del trabajo que eso de "y vivieron felices para siempre" no es tan fácil ahora. Y no tanto porque desde los cuentos de hadas la sociedad haya cambiado, sino por cosas más simples como la longevidad. Por supuesto: Blancanieves podía casarse a sus 15 años y pensar en un "para siempre" porque por mucho, llegaría a los 25, 30 años. Su para siempre representaban 10, 15 años más por mucho. 
Si me veo muy pesimista conmigo misma y digamos que me muero a los 70 años (considerando que los genes élficos y longevos de mi familia se brincaran mi generación) implica que me quedan 37 años de vida. Es decir, me falta poco para llegar a la mitad de mi vida. Puesto de otra forma, si el día de hoy conociera a quien decidiera vivir para siempre conmigo, viviría más años conmigo de los que yo llevo de vida. ¡Es un montón! Es, literal, una vida entera. No es para nada lo que se pensaba en los cuentos de hadas.
Además, vivir con otra persona es complicado. Vaya, si vivir con la familia, en ese núcleo en el que nacimos y fuimos criados, es complicado, juntar dos bagajes y dos formas de crianza bajo un mismo techo no es tan fácil. 
El para siempre no existe, no realmente. No estoy diciendo que el amor no exista, tampoco ha llegado a tanto mi pesimismo. Lo que sí creo es que debemos resignificar lo que pensamos acerca del amor. Lo que pensamos que es una relación de pareja. Porque hoy en día, iniciar una relación a los 20 y tratar de llevarla a buen puerto hasta el fin de nuestros días es envejecer con alguien hasta los 70, 80 años. ¡Medio siglo con alguien! No creo que sea una tarea sencilla si no estamos abiertos a seguir aprendiendo.
Una de las cosas que más hace falta hoy en día es tener una comunicación asertiva y tener reglas de común acuerdo. Me ha tocado ver personas que gozan teniendo varias parejas sexuales cuando tienen una pareja oficial, pero Dios prohiba que la pareja oficial se le vaya a ocurrir buscar aventuras en otro lado porque entonces arde Troya. 
Los secretismos y la doble moral deben terminar para tener una mejor concepción del amor. ¡Y dejar de lado el miedo!
Yo sé que no soy una persona fácil y mi miedo a quedarme sola deviene del hecho de que sé que espanto a la gente al ser una intensa. El otro día, empero, Arimasen me lo dijo: "Tu intensidad es uno de tus puntos buenos". Cuando lo interrogué sobe qué tiene de positivo ser como soy, me respondió:
"Entre estar con alguien con alegría, intensidad y desparramando energía y [estar con] una papa que no se mueve en un sillón, ¿con quién prefieres estar? ¿cuál te da más conversaciones y vida?"
Justo así: soy de las personas que persiguen la alegría de lo intangible. La maravilla de la sorpresa, de lo que explota, lo que cambia la percepción. Como dice Mathias Malzieu*:

"Soy un adicto al entusiasmo. Tengo el cráneo tan lleno de cuevas de Alí Babá que casi se me saltan los ojos. Nunca me aburro, salvo cuando me hacen bajar el ritmo. Mi corazón lanza fuegos artificiales. Soy un auténtico hombre-volcán y por mis venas corre lava. Busco la convulsión eléctrica de la sorpresa. No sé vivir de otra forma."

No es fácil. Quien sea que intente vivir para siempre conmigo debe buscar la convulsión eléctrica de la sorpresa y saber que soy efímera, que a veces me disuelvo entre letras, sea con un libro o con mis propios textos, que mi cabeza de va a otro lado aunque mi cuerpo siga presente y que eso no implica que no lo ame, porque siempre necesito un puerto al cual volver, algo a lo que anclarme. Puedo volar lejos, muy lejos, pero eso no me hace inalcanzable. Mi inquietud sólo hace que me llene de más vidas, de más historias que al final volcaré para que el mundo conozca. Alguien que quiera estar conmigo tendrá que saber dejarme volar. ¡Alas! Deberá saber volar él mismo, por sus propios medios. Nuestro nido sería el punto de encuentro para dos aves salvajes que van, buscan y regresan a casa. Siempre anclados a la idea de vernos y suspirar Tadaima. Libertad. Confianza. Es lo que pido. Doy con creces alegría, letras, café, cursilería. Un ser como yo, apasionado, no sabe vivir de otra forma.
¿Vivir así 37 años? Puede ser la mayor aventura de la existencia con la persona correcta. 
Para mí una relación es una mezcla de muuuuchas cosas. No es sólo a quien besar y con quién coger. Hablar, compartir, crecer juntos. Jugar, reír, ser cómplices...

Conmigo ya no aplica el "no seas exigente, ya no tienes edad para elegir", conmigo aplica el ser tan exigente como me dé la gana porque estoy pensando en la persona que pasará más de lo que llevo viva a mi lado. Me queda tiempo. Puedo darme el lujo.


*Diario de un vampiro en pijama. Mathias Malzieu. Reservoir Books (Pinguin Random House Grupo Editorial). Marzo, 2016. Página 13. 

sábado, 4 de junio de 2016

Ansiedad social

O la maldita historia de mi estrés pre-bodas de mis amigos




No quiero morir sola. Y aviso que al baboso que me diga que tengo a G y por eso no estaré sola lo golpearé. Digo, sí, claro tengo a mi hijo, pero es otro tipo de soledad al que temo. Es no encontrar a una persona para compartir mi vida. Lo peor es que la gente para "animarme" me dice que no hay bronca, que sola me va bien, que conforme vaya pasando más el tiempo más exigente me haré y menos probable es que aguante las estupideces de otro papanatas... y por lo mismo menos probable es que encuentre pareja. Say what?! Si así es como me quieren animar, mejor no hablamos.

Sí, claro, llevo tres años soltera. Podemos decir sin temor a equivocaciones que de ese tiempo, la mitad de menos fue de reconstrucción de mi autoimagen que nunca ha sido la mejor, pero que tras la partida de Aru estaba simple y llanamente jodida y hecha añicos. Sentía que la canción Hand me down de Matchbox Twenty me describía a la perfección (lloren conmigo):





En este periodo tuve un break down en casa de Ximechan y Karasu en el que les dije ese temor de "voy a quedarme sola" y "no merezco el amor" y "¿por qué si todos dicen que soy bien mágica y musical no hay un solo hombre que no sea un cabrón que quiera estar conmigo?", junto con todas esas boberías que me ponen de malas porque no soy una princesa en desgracia: ¡soy una bruja! ¡Soy una guerrera! Y creo que ahí está el problema.

En el cumple de Ximechan salió el comentario "A los hombres no les gustan las mujeres inteligentes, les dan miedo". Karasu nos contempló a Ximechan y a mí y nos dijo:
—Pero a mí me gusta estar con estas dos mujeres tan inteligentes.
A lo que al unísono ella y yo respondimos:
—Porque eres inteligente.

Claro, fue muy simplista el comentario, pero es lo que hemos visto. Una mujer inteligente parece ser un peligro para los hombres, los espanta en general. Ya me jodí. (Aunque, si tan inteligente soy, ¿por qué no dejo de meter la pata? You'll start to think you were born blimd)

Me he dado cuenta de que casi todos mis amigos tienen pareja. Normalmente eso no me pesa. Vaya, incluso las nuevas adquisiciones a la vida de esta bruja, como Rash y Greats (que, por cierto, están comprometidos...) vienen en pareja. Creo que sólo Malesan está soltera... Pero cuando se casaron Ximechan y Karasu este año... pfff. Empezó la ansiedad social. Mi crisis de los 30 vino por ese lado: la parte mala onda de mi cerebro empezó a susurrar con toda alevosía ya tienes más de 30, ni a novio llegas, el tiempo se va bien rápido, ya no te vas a casar, ya no vas a tener más hijos (sí, sí le faltaba la risa malévola al final de su discurso). Y conforme se fue acercando la boda, peor se ponía la desgraciada voz. Fui sola a la boda. Me aburrí bastante en muchos puntos porque no tenía con quien bailar. Meh.

Por más que mi parte racional me decía que aún soy joven, que mis amigos apenas empiezan a casarse y que de cierta forma les llevo una ventaja de diez años de ser mamá, esa maldita voz, a veces en chingado loop infinito me empezaba a joder con que no hay quién me aguante el paso.

Sobreviví esa boda. Y entonces Arimasen y Gillsama se comprometieron en abril. Me lleva el tren.  De nuevo la ansiedad y ahora con más de un año de anticipación. Yo sé que la vida cambia mucho y que no debería estar buscando una pareja "dejar que las cosas fluyan, que la vida me sorprenda" y bla bla bla, todas esas tonterías optimistas y psicomágicas a las que la sociedad está tan volcada hoy en día. 

Y honestamente tampoco es que esté desesperada por tener novio o algo así. La verdad es que disfruto mucho acomodar mi tiempo a mi gusto y a mi manera, sin tener que lidiar con alguien más para organizar eventos, para cuadrar tiempos, para buscar que me haga espacio en su agenda (well, fuck, qué jodidos antecedentes tengo ¿verdad?)

En fin. Debo hallar como callar a esa maldita voz. Porque no tiene caso que me estrese tanto por estas cosas. ¿Verdad?

domingo, 29 de mayo de 2016

Cold One

Take a good long
Look at me
I'm a cold one
But I'm happy
Takes a cold
(Cold one)
Takes a cold one to know one

Gorgeous. Me acuerdo cuando me llegaban los mensajes con el "Hey, gorgeous!" y me hacía sonreír. Y escribí en mi antiguo blog que no le creía a nadie cuando me decía así. Entonces él dejó de hacerlo, porque en ese entonces me leía con atención (quería saberlo todo de mí). 
Después empezaron a llegar los mensajes de "Hola, guapa", "Hola, bonita", y "Ohayou, Nerea-sama". Con el primero no sonreía, pero con los otros dos sí. Aunque no igual. Y entonces, tras el pánico de "Espero que sea un buen fin de semana, eso", empezó el coqueteo velado. "Guapa, si me permites decirlo", "Las extrañas ganas de acompañarte esta noche también", "Encuentros afortunados, tú el más reciente".

Mis amigos lo vieron: poco a poco me fue llamando mucho la atención el Chico de las Sombras, porque no actuaba como los demás. No parecía ser demonio, ni acercarse remotamente a las malas elecciones del pasado. Pero sus señales eran confusas. Yo sabía que pertenecía a las Sombras y lo comenté con Male-san, con Arimasen, con Gill-sama, con Clío y con Xime-chan: hay algo en él que me recuerda a mí misma, tiempo atrás. Es como un espejo al pasado.

Ayer agarré el valor necesario para charlar con él, a pesar de que todo el día estuvo de cabeza, con bomberazos a diestra y siniestra—extrañamente no me puse mega histérica, sino que fluí con la situación. Parece que voy aprendiendo a ser más zen y menos control freak *aplausos y palomita para mí*

Nos sentamos a cenar tras el evento de anoche y salió el tema de Aru y por qué cortamos. El Chico de las Sombras hacía comentarios como "se pasó de verga" y "eso es no tener madre" (y miren que ahora ya narro la versión limpia de odio y dolor, chale). Caminamos a mi casa para que le diera las cervezas de Ursel. Me había enojado un poco con él porque les dijo a los socios del restaurante que no me tenía en Facebook porque "ya le di mi teléfono y me intensea por ahí, no vuelvo a cometer el mismo error, imagínense" [sic]. Pensé "Qué poca madre". Equis lo del Facebook, yo soy bien exigente para quién agrego y quién no, pero la forma en la que lo planteó... ¡aúch! (Pensé en Crash y su "tengo tacto de elefante"). Siempre la misma chingadera: soy una intensa. Bah.

Total que en el lobby de mi casa apareció la Sombra, el por qué sentía que era un espejo y que había algo que no me contaba: lo conocí cuando llevaba dos meses de haber terminado con una chica que aún le cala. "Dejé que se me fuera de las manos, no me di cuenta en que la estaba cagando. Y sigue muy verde, muy fresco. Aún hay lugares por los que paso y duele". Wow: así se veía y escuchaba Nerea hace tres, dos años. Pensé en mí misma evitando Coyoacán a toda costa, alejándome de metro Chapultepec, manteniendo mi distancia de la calle de Cincinnati. 

Se lo solté a bocajarro, antes de abrirle la puerta para que se fuera a su casa:
—Entonces mejor ya no te coqueteo.

Se me quedó viendo. Sonrió (era sombra que sabía, tenía ese regusto amargo, a cuando fui the girl with the broken smile):
—No llegaríamos a nada. Y aunque llegáramos *pequeña y breve chispa en sus ojos* no podría ofrecerte el 100% de mí, si acaso el 20% y no es justo. Ahorita no puedo darle nada completo a nadie, ni siquiera a mí mismo.

La bruja escuchó cómo se rompía su corazón. Un vacío en el estómago, la sorpresa que me tomó desprevenida por el pescuezo, no tanto por la bateada sino por lo que me dolió dicha bateada. Y no me dolió en el orgullo, me dolió de verdad en el corazón, en la esperanza. M-A-D-R-E-S. Entonces sí caí por él, más fuerte de lo que había pensado. Vale monjas TODO. 

Subí a casa. Me encerré en mi cuarto. Lloré en silencio. Me enojé por llorar. Agradecí mucho que me dijera las cosas como son. Pero duele, carajo. Más de lo que esperaba. Chingá, hasta insomnio me dio. Di vueltas en mi cama hasta las 7:30 a.m. a pesar de mi cansancio. Me paré a alimentar a los perrines. Intenté volver a dormir, sin éxito. Me levanté de nuevo a preparar café y escribir y escuchar música y volver a llorar. Maldita esperanza. Yo sé, lo que duele es la expectativa. Y también llevaba meses colgada de la lámpara por no entender qué demonios: los roces bajo la mesa, los abrazos, los besos en mi cabeza con ademán protector, el siempre presente "¿cómo estás?" [suena a algo cotidiano pero recuerden que me conoció cuando mi papá estaba a punto de morir y cuando le contestaba "Bien", me veía fijamente a los ojos y me decía "NO, en serio cómo estás"] y el alegrarse por mis proyectos aunque a él se lo llevaba la chingada, seguidos del desaparecer, no contestar mensajes, días, semanas de silencio, para de nuevo resurgir y platicar y bromear. Literal: me quiere, no me quiere, me quiere... NO. No me quiere. Y duele bastante. Carajo.




jueves, 22 de octubre de 2015

Pensamientos


Mi mente últimamente vaga hacia una persona en particular. Y es... molesto. Molesto porque de los pensamientos uno no se escapa. Si fuera una cosa física, cierro los ojos y ya (ok, no es tan sencillo, pero es menos complicado que huir de la mente).

Muchas de mis relaciones iniciaron por un profundo sentimiento de soledad o de poca satisfacción conmigo misma. Un no saber hacia dónde ir o qué hacer con mi vida  pensar que acompañada iba a ser más fácil definir. Me acuerdo que cuando inicié la relación con Aru le dije que una de mis metas era escribir y él se puso como meta hacer que yo escribiera (backfired, of course: llegó un punto en que me dijo "Escribes demasiado" amén de que su eterna curiosidad lo llevó a leer cosas que nunca debió leer, cosas privadas, que nos trajeron muchos problemas).

Poco más de dos años de estar soltera me han ayudado a darle una definición a mi vida por mí y por nadie más. Empecé a construir varias cosas y retomar lo que muchos conocieron en mí, ese ímpetu que me hacía sacar las cosas. El Mago Negro me lo dijo en algún momento de este año:

"That's totally you: nunca conforme, always pushing further", la bruja que contagia locura y leva sus proyectos a cabo contra viento y marea. Más de una vez le he dicho tanto al Mago como a Arimasen que temo que justamente por esa forma mía de ser, me quedaré sola en el sentido de pareja, porque sola como persona no estoy: tengo un montón de amigos y familia que me acompañan en este peregrinaje llamado vida. En general, incluso mis amigos me dicen que hago demasiadas cosas. La palabra "demasiado" ha llegado a tener para mí una connotación peyorativa. Ese "eres demasiado" generalmente ha sido la antesala de socas negativas...

Bien, hace meses conocí al Chico de las Sombras. Qué ironías. Lo conocí en una conferencia de prensa, donde su cara de fastidio ante preguntas repetitivas— preguntas que a mí misma ya me habían hastiado— me hizo pensar en que era alguien un tanto prepotente. Sin embargo, resultó ser a quien me acerqué a tenderle mi teléfono tras la conferencia de prensa con la idea de hacerle una entrevista y ver posibilidades de negocio entre la revista y su empresa. Me acuerdo que pensé "Ojalá no me vaya a caer mal o va ser complicado trabajar juntos".

Ese mismo día él me marcó, aunque se cortaba mucho la llamada. Por mensaje de WhatsApp quedamos en charlar al día siguiente. En efecto, platicamos al día siguiente y nos pusimos de acuerdo para vernos y charlar de las posibilidades entre la revista y su empresa. Ese fin de semana me mandó un mensaje: "Ojalá sea un buen fin de semana. Eso". Mi mente se sobresaltó. Claro, no es un mal mensaje, pero viniendo de alguien que había hablado escasos 5 minutos conmigo por teléfono, me sonaba extraño.

La primera vez que me senté a charlar con el Chico de las Sombras fue en una librería y supe que él estudió letras, ha leído como si no hubiera mañana y que su charla me gusta. Me gusta mucho. En ese momento tuve un crush intelectual muy severo con él. Comparó su trabajo (el que nos había llevado a vernos) con la experiencia de las letras. Cuando menos esperaba, llevábamos cuatro horas charlando.

Ello derivó en pláticas por WhatsApp, en mensajes del tipo "Las extrañas ganas de también acompañarte esta noche", en un coqueteo velado entre nosotros.

Han pasado meses. Lo he visto si acaso una vez por mes, y aunque no estamos charlando tanto como al inicio (él trabaja igual o más que yo), me hallo fascinada con él. Y me desespera. Esa capacidad de pensar de más, ése saber que le han tocado momentos muy cabrones en mi vida (dos breakdowns míos por lo de mi papá, otro breakdown por mis desatinos) y pensar "¿y si se espanta?".

Claro: si se espanta él se lo pierde. And yet...  Mi mente vaga hacia él, hacia las ganas de pasar más tiempo con él. Sé que prefiere estar al margen, por ello pertenece a las Sombras. Sé que observa y analiza. Sé que hay algo... algo...


No sale de mi mente... ¿qué hacer?



miércoles, 21 de octubre de 2015

El curandero

—No sabía que tu padre era un sanador blanco, maese Kito.
—No es algo de lo que hablemos tanto, bruja. Además es... no sigue los ritos de los sanadores blancos en general. Es un curandero— el pirata llevaba a la bruja apoyada en sus hombros.—¿Nunca has pensado en volar? 
—¿Volar?
—Ah, claro, si tan sólo tuvieses alas, bruja—el sarcasmo era más que palpable en la voz del pirata.
—Nunca lo intenté antes de Armand. Y después del proceso de sanación de Ypat, incluso desplegarlas es doloroso. No me imagino el suplicio que debe ser obligar a mis alas a cargarme.
Kito suspiró mientras ayudaba a Ahkire a sentarse.
—Espera aquí—le dijo al tiempo que prendía una antorcha y subía unas escaleras. La casa de los padres del pirata tenía lugares para sentarse no bien uno abría la puerta. Justo al lado del sofá donde Kito dejara a Ahkire estaban los peldaños que llevaban a la parte alta de la casa. En unos cuantos minutos, el pirata regresó con un señor mayor, de anteojos y canas que acompañaban a una pequeña pero sincera sonrisa.
—¿Qué te ha pasado, chiquilla?— preguntó yendo directo al grano, mientras Kito murmuraba algo de darles espacio y volvía a subir los peldaños, dejando a Ahkire sola con el curandero.
—Me caí sobre mi propio pie y tronó. Un sonido similar al de un fruto maduro cediendo ante los dientes y nada más. No hubo dolor hasta hoy en la mañana.
Ahkire alzó la túnica para dejar ver su tobillo. Estaba inflamado y se notaba un tono entre púrpura y carmesí alrededor de la hinchazón.
El curandero fue por un pequeño banco y se sentó enfrente de la bruja alada. Cerró los ojos y empezó a frotar sus pulgares con ritmo veloz. Ahkire sintió la energía fluir alrededor del cuarto y reunirse en las manos del curandero. Era un rito de sanación que nunca antes había visto: ni avisos, ni explicaciones, ni pociones o rezos. Simplemente energía fluyendo.
La bruja alada sintió el momento como algo muy solemne. No tuvo tiempo de dudar, el anciano colocó las manos sobre su tobillo y, tras una punzada de dolor, lo demás fue un calor suave envolviéndola. La energía de Ahkire fluía por todo su cuerpo: la sentía partir de los dedos de las manos, de cada pluma de sus alas, de las curvas de su cuerpo, justo al tobillo. Tras un rato así, el curandero la invitó a recostarse en el sofá.
—Vamos a equilibrar todo, chiquilla.
El dolor había disminuido y la piel del tobillo volvía a tener el brillo dorado del resto de la piel de la bruja. La hinchazón empezaba a ceder. ¿Qué magia era ésta? 
El curandero la observó:
—Tienes miedo. Te has sentido frustrada últimamente. Insegura. Cosa rara, porque no te ves como alguien insegura
Ahkire observó al curandero, la perplejidad pintada en su rostro.
—Debes dejar de ver el mundo en un espectro de grises y negros. Saborea la vida: vuelve a ver la gama de colores que hay. Acomodé las sincronías para que sepas tomar las oportunidades en el momento preciso: ni antes, ni después. No tengas miedo. Noto esa inseguridad, no acabas de definir tu camino. Sé que hay muchas posibilidades pero pregúntate, en serio pregúntate qué es lo que quieres. No trabajes: diviértete. Ahí está la clave.


Dos horas después, Kito bajó los peldaños ante el llamado de su padre.
—¿Todo bien?
Ahkire sonreía de una forma sutil, el asombro pintado en sus ojos violáceos. 
—Sí, todo bien.— volteó a contemplar al curandero— de verdad, gracias.
—No, no agradezcas. Sólo no olvides.
El curandero la abrazó con fuerza.
—No olvides los colores.

lunes, 30 de junio de 2014

The real thing



"I'm lucky, I know, I just feel I'm never gonna have it, you know? The whole package. That guy, the couple, the one that will be with me. And I hate it because I really want it, the whole package"
—Lorelai Gilmore


Yo sé para entrar en pánico y ser pesimista me puedo pintar sola... y eso no es nada bueno. Un par de palabras de una persona que me importe y mi ardilla puede enloquecer y torturarme con una noche de insomnio, un ataque de pánico y una bola de recriminaciones tremendas. Desde que estuve con Aru agarré la mala maña de echarme culpas que no me corresponden. Si bien lo tengo claro, ello no quita que sea difícil desarraigar el mal tan bien clavado en mi ser. Vapulearme y tenerme por menos me sale fácil. 
Hablando con Arimasen, que ha llegado a conocerme muy bien en poco tiempo, salió el comentario "¿y qué horribles escenarios has pensado?". Sí, él sabe que esa parte pesimista luego me ataca con facilidad.

Everybody wanna give their selves away
But I'm still afraid

El miedo es pésimo consejero. Ya lo he aprendido a la mala. Crash igual me dijo que tenga cuidado, pero que no sea muy dura conmigo misma. ¿Me saldrá? A ver, Nerea, ¿te sale quererte un poco, tenerte en mejor estima?

I don't want to be a faded memory
I don't want to be the ghost that you cant shake
I want to be the real thing

Es complicado. Sacar tantas malas mañas de una vida no es fácil. La convivencia con otro ser humano no es fácil. "But sometimes it's really worth it" me dijo Arimasen. Claro que cuando te dicen "Si te digo que te calmes, ¿lo harás?" hay un fuerte pleito interno... fantasmas. Esos fantasmas acosan, esos terrores. Me siento cual chiquilla indefensa y me provoca mucho enojo. Rabia, incluso. ¿Es que no has aprendido nada, Nerea, es que acaso no has madurado?

Se dice fácil. Quiero una canción de cuna. Quiero que alguien me abrace y me diga que todo irá bien por una chingada vez.

domingo, 1 de junio de 2014

#100HappyDays


El viernes de la semana pasada (23 de mayo) concluí con el reto de #100happydays. Curiosamente en Twitter alguien puso "ya es mitad de año y no los veo terminando sus #100happydays" y mi amiga Baby contestó el tweet sólo con mi nombre: Nerea. 

El chico en cuestión entonces preguntó que si ahora soy más feliz y qué hago sin tener el reto. Y, la verdad, no es que sea más feliz o menos feliz... pero me quedé pensando ¿y ahora qué? Ya me había acostumbrado a fijarme en pequeños detalles, en algo que me alegrara el día sin importar si había sido un "buen día" o un "mal día".

Me cayó el veinte de que obligarme a veces a ver lo lindo me sirvió para pensar menos en lo negativo. Me sentí muy rara esta semana sin mandar a Instagram nada con el hashtag y después noté que no necesito un hashtag. Creo que muchas veces centramos nuestra vida en lo rutinario, en mi caso, el trabajo, para determinar si somos felices o no. Pero el fijarse en cositas, como un rico mango por el gusto de comer el mango, la risa de mi chamaco o el hecho de amanecer hace que uno vea las cosas distinto.

jueves, 6 de febrero de 2014

Volar


Time flies by Anne-Julie Aubry


"Quédate conmigo
y mi suspiro será
el único testigo
que se vestirá de fiesta"
—La Oreja de Van Gogh


Desnudemos nuestras dudas
de una vez
siempre fuimos dos lunas
[...]

sábado, 28 de diciembre de 2013

Grinch

Nunca fui muy fan de la Navidad ni de Año Nuevo, lo confieso. Mi familia no estaba en una posición económica tan buena, así que recuerdo que Santa Claus y los reyes magos me frustraban, pues no traían cosas que les pidiéramos. Fui de esas niñas necias que pidieron durante años seguidos el mismo juguete en busca de que se lo trajeran y nada, jamás me llegó.