"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"
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martes, 25 de septiembre de 2018

Un mes (casi) para los 34



De niña tenía la extraña sensación de que, por haber nacido en un día 24, cumplir 24 años iba a marcar un cambio fuerte o iba a ser un hito o, quizá, iba a ser el mejor momento de mi vida. ¡Alabado sea que mi punto más alto en esta vida no fueron mis 24! Sería una cosa tristísima que a menos de un tercio de mi vida ya hubiera llegado a lo que, en retrospectiva, era mi mejor momento.
Estoy a un mes (almost) de llegar a los 34. Si los comparo con los 24... veamos:

A los 24:
  • Estaba soltera. Tenía escasa una semana de haber conocido a Aru (quien por cierto se indignó conmigo por no haberlo invitado a mi festejo de cumple, me enteré de eso al inicio de nuestro noviazgo).
  • Estaba francamente deprimida. Tenía apenas 3 meses de haber escapado de Lord V, regresado con la cola entre las patas a casa de mis padres, me sentía perdidísima y sin rumbo.
  • Trabajaba de hostess porque a mi regreso de Cancún me dije "debo obtener trabajo, como lo que se pueda". Y tomé el primer trabajo que me quiso así, sin estudios ni experiencia. Claro, tenía experiencia en el ámbito de alimentos y bebidas y en atención al cliente y por eso en el Restaurante me quisieron.
  • Pesaba entre 62 y 64 kg. La rodilla derecha me dolía un montón (Aru decía que usé el dolor de mi rodilla para "seducirlo". Yeah, sexy, righ? I know #NOT).
  • No tenía una carrera terminada. y por algún motivo traía en la cabeza la idea de que jamás podría acabar una licenciatura. Vaya, que como no había seguido "el camino" y me había desviado con el chiste de ser mamá a los 21, había desordenado el Universo de tal forma que lo no habría remedio.
  • Me sentía frustrada porque de adolescente me había prometido publicar mi primer libro a los 21. Lo único que escribía de forma constante era mi blog. 
  • La relación con mi familia era mala, malísima. A mi regreso me habían dicho que ya no podía dormir en el cuarto de mi infancia y me mandaron al cuarto de servicio, en la azotea del edificio donde vivíamos. Era común me peleara con mis papás. Mi hermana apenas estaba volviendo a hablarme de forma decente (me dejó de hablar durante mi embarazo y retomar la relación fraternal nos tomó años).
  • La idea de suicidarme me rondaba con frecuencia. Mi música seguía siendo Evanescence (Going under, Whisper y Last breath eran recurrentes) así como Nightwish. Ya saben, cosas bien alegres.
  • Económicamente no veía la mía. Tenía dos trabajos y aún así no salía del paso. Además de que vivía exhausta.
Sí... eso de que los 24 iban a ser mi mejor momento, ¡jajajajaja!, no parecía cercano ni por accidente. Ahora, eso es el recuento de cuando estaba por cumplir los 24. El único cambio que hubo en ese listado entre mi cumple 24 y mi cumple 25 fue que empecé a andar con Aru en enero de 2009. Ah, y cambié de trabajo para ser asistente de dirección en una pequeña empresa. Pero la constante sensación de fracaso, de haber echado a perder mi camino (ojo: mi camino, jamás me arrepentí de tener a G, pero al truncar mi carrera sentí durante mucho tiempo que me aventé a mí misma a la vida "mediocre" y que no podría salir de ahí) no me abandonaba. A pesar de mi enamoramiento, la depresión seguía haciendo de las suyas y habían días en que me sentía absolutamente desdichada, cosa que Aru no podía comprender "Pero si estoy contigo, ¿por qué no te basta para ser feliz?". ¡Porque estaba clínicamente deprimida! Claro que eso lo sé ahora.

Ahora, si todo sigue como vamos, los 34 me encontrarán:
  • Soltera. Llevo cinco años así (sí, no pensemos ni en el Mago Negro ni en el Demonio Mayor, porque finalmente ellos no fueron mis novios). La gran diferencia es que estar sola no me pesa. Por el contrario, ahora que acabé incapacitada y que estuve recluida en mi habitación, me sentía muy a gusto con mi propia compañía. Mis libros, mis letras, escribir, leer. Casi no vi Netflix, para ser honesta. Estar con mis pensamientos no es un peligro, porque no me lleva a un sitio oscuro. Ya no siento que el tema de no tener pareja me haga menos o me separe de los demás.
  • Cambié la depresión por un poco de ansiedad y un muchísimo de estrés. Siempre he sido bastante estresada, pero a fechas recientes ha incrementado para mal ese rasgo. A pesar de que medito y hago yoga, hay veces en que mi trabajo me apremia más de lo que es sano.
  • Trabajo de Coordinadora de Social Media. Estos diez años de diferencia han marcado mucha experiencia, mucha búsqueda de mí misma en el mundo laboral y, por supuesto, un gran crecimiento. Ya dirigí mi propia revista digital, he incursionado mucho en la publicidad digital, he conocido a una cantidad y variedad de gente que me sorprende... Ahora tengo muchísimo más claro a qué me quiero dedicar. Si bien desde hace mucho sé que la docencia es lo que me apasiona y las letras son mi mayor instrumento, tengo un poco más de camino y certeza de a dónde ir y cómo venderme.
  • Peso mucho más que hace 10 años... y eso ha implicado una gran lucha conmigo misma para aceptarme, quererme, no maltratar mi cuerpo y ser más consciente de mis rutinas. ¡Y ha funcionado! No sólo ahora hago ejercicio con frecuencia, sino que lo disfruto. Como más saludable, la meditación es algo que me encanta y sí, en este mes he bajado de peso (¡mira, mamá, sin hacer dieta!). Y la rodilla ya no me duele. El tobillo no cuenta porque sigue en recuperación.
  • Sigo sin tener una carrera concluida ¡pero es culpa de la burocracia! (Bueno y un poco de mi desidia, porque no he ido a corretear a la coordinadora). Pero en temas de estudio y ñoñería: terminé Pedagogía en el Sistema Abierto, cursé el Diplomado de Estrategias para la Lectura a través del Libro Álbum, fui al Taller de Periodismo Cultural Digital, he tomado talleres de Creación Literaria con Alberto Chimal y la vena autodidacta no ha muerto.
  • Sigo sin publicar un libro, ¡maldita sea! Pero existe un tema en el tintero con mi querido Alberto, he publicado en revistas, tengo la columna en Penumbria gracias a Mortinatos, he presentado libros y tengo el canal con G. Sólo hay que enfocar más la pluma.
  • La relación con mi familia es maravillosa. Adoro a mi madre, G y yo somos cómplices y Mel y yo nos llevamos de nuevo de maravilla. ¿Se puede pedir más? ¡Sí! Mi padre y yo hicimos las paces antes de que él falleciera. So, no regrets.
  • Ya no he tenido ideas suicidas en mucho, mucho tiempo. Eso no quita que mi música sigue siendo nostálgica en general, creo que es parte de mí. Pero ya he agregado cosas mucho más felices. 
  • Económicamente me va bien. Tengo varios trabajos, el fijo y los freelance, pero he aprendido a administrar mis tiempos y mis esfuerzos, lo que me simplifica la vida. Trabajo para vivir y darme mis gustos (como mi biblioteca personal) y no vivo para trabajar.
  • Tengo excelentes amigos, son mi red de seguridad y sé que cuento con ellos siempre. 
Así que contrario a la víspera de mis 24, la víspera (figurativa) de mis 34 me encuentra feliz conmigo misma y con mi vida. Claro, hay cosas que no me gustan y que quiero cambiar, pero me siento plena, con planes y con metas. 
Mi cumpleaños es mi verdadero Año Nuevo, mi verdadero balance de las cosas viene en octubre. He viajado, he reído, he visto a mis amigos casarse, he reído (¿ya lo mencioné?) y la vida sigue pareciéndome maravillosa. A pesar de que ahorita tengo un bache en el trabajo, no me quejo del punto en el que estoy. Creo que es momento, laboralmente hablando, de reagruparme conmigo misma y recalibrar mis esfuerzos. Pero si debo ser honesta, creo que estoy en uno de los mejores momentos de mi vida ¡y pensar que tengo toda mi vida por delante!
Sí, estoy emocionada.


sábado, 16 de junio de 2018

Los cambios de la vida


Anoche fuimos al teatro. Invité a mi ma y a Mel al estreno de la obra Escritores Ebrios S.A. en Un Teatro.  Fue una gran velada, en la que reímos mucho. Mientras esperábamos a que Mel llegara, mi ma y yo platicamos de cuánto han cambiado nuestros hábitos desde la muerte de mi papá.
A mi papá no le gustaba salir. Sólo cuando era a comidas en casa de mis tíos. Pero ir de paseo, al cine, al teatro... como que no era su cup of tea. A veces me pregunto qué tanto eran las limitaciones económicas y qué tanto era la flojera. 
A raíz de la muerte de él, nosotros cambiamos muchas cosas, incluyendo nuestros hábitos de entretenimiento. Claro, yo ya salía con mis amigos y con G, pero ¿ir al cine con mi ma? ¿Salir a comer, a cenar, al teatro, a pueblear? Era algo que no acostumbrábamos. A veces siento que no lo hacemos tanto como deberíamos, y  justo quiero que logremos salir a algún pueblito al menos una vez al mes para conocer más.
Nos disfrutamos más como familia. Desde el ver Trollhunters a la hora de la comida cuando estamos G, mi ma y yo, hasta el escaparnos al cine los cuatro o, como ayer, ir al teatro. Salir de vacaciones. Reír, viajar, sorprendernos. Ha sido uno de los cambios positivos que trajo la partida de mi papá. Nos limitábamos mucho, fuera por dinero o por tener que cuidarlo en el declive de la enfermedad. Y es bueno saber que en el aftermath de su partida llegaron cosas buenas.
A final de cuentas, la vida sigue. La muerte es un cambio para los que nos quedamos detrás. Pero no significa que sea malo. 

martes, 28 de julio de 2015

Manías

No me gusta ir de compras. La etiqueta esa de que las mujeres somos compradoras compulsivas no me queda del todo—paréntesis o nota al pie o volvemos a este punto— puesto que para mí las plazas comerciales son un infierno absoluto.

Prefiero, tanto por cuestiones de ahorro como de sanidad mental, ir consiguiendo los regalos de Navidad de a poquitos desde más o menos esta época a tener que buscarlos todos en plena época decembrina (el año pasado no hice esto y acabé yendo a plazas comerciales más veces y tiempo del que me gustaría, engentándome y hartándome bastante en el proceso). Cuando voy a comprar algo, pienso muy bien qué es lo que busco. No compro zapatos ni ropa por impulsividad. Siempre es pensando "necesito tal o cual cosa" y voy directo a comprar eso. Claro, me ha pasado que acompañando a mi hermana a que ella compre algo, reviso qué hay y compro algo que me guste. Pero eso de las "compras terapéuticas" y demás cosas del tipo no es lo mío.

Me puse a pensar en esto porque hoy fui a comprar un traje de baño. Y soy muy específica con lo que busco. Pensé "quiero un bikini que sea de preferencia morado o turquesa". Eso redujo mis posibilidades a 5 modelos. Entré y salí de la tienda en menos de media hora, ya con el traje de baño en mis manos.

Le comenté esas manías mías a cierto chico y me dijo que es muuuy específico "pero no fueran libros". Exacto. Ahí sí puedo estar un largo rato dando vueltas revisando estantes. E incluso en ese caso tiene sus asegunes: la venta nocturna del Fondo de Cultura Económica, por ejemplo, se me hace una cosa terrible por la cantidad de gente (terrible para mí y mis nervios, excelente para matar la idea de que la gente no lee y no invierte en libros).

No sé si esta manía viene de la cantidad de años que pasé sabiendo que no podía comprar algo a menos de que fuera una necesidad. Crecí con limitaciones económicas, asistiendo a una escuela donde las marcas de la ropa y la capacidad de gastar dinero en los fines de semana caminando en una plaza comercial eran pautas de vida. Yo era la niña que compraba (y a mucha honra) su ropa en lso tianguis porque para eso alcanzaba.

Es por lo mismo que en el momento en que pude pagarme mis cosas decidí dejar de lado la etiqueta de vergüenza al momento de poder comprar lo que quería. "No te arrepientas por gastar dinero en lo que amas". Alguna vez platicándolo con mi querida Mar salió el que necesitamos esos pequeños gustos, esos pequeños despilfarros, son buenos para el alma: un helado para compartir con G, un libro para alimentar mi mente y mis ojos, unos zapatos porque se gastan muy rápido. Con Aru, al final, como el dinero era pleito para todo regresó la culpa cada vez que me daba un gustito. Es absurdo.

Creo que en general soy muy medida y cuidadosa con mis gastos. Y soy muy específica en lo que deseo comprar. Como mi traje de baño de hoy. Todos tenemos manías, y creo que son consecuencia de las cosas que vivimos. El chiste es conseguir un punto medio (en este caso ni gastar a lo loco ahora que puedo, ni ser absolutamente marra). Además, no soy exigente para esas cosas en particular. Recuerdo que Aru decía que era fácil complacerme: un libro, una taza de buen té o café, y listo. Creo que sigo siendo así, en general.

Tengo mis pequeñas manías y sigo odiando ir de compras, pero ya no es algo pesado como lo fue antes. Vamos progresando.

domingo, 5 de octubre de 2014

Emoción profunda

Cargando
Así el domingo. Shostakovich, mi amor <3

"La primera vez que vi a mi mamá llorar de felicidad fue en un concierto de violín. Yo no entendía qué pasaba. Ella estaba sentada, justo al filo de su asiento, su rostro apoyado sobre sus manos. Parecía incluso no respirar. El violinista estaba concentrado en su música y mi mamá, ausente para el resto del mundo, lloraba en silencio con una enorme sonrisa en el rostro. Por eso no me preocupé. Ya había visto llorar a mi mamá muchas veces, pero nunca de una forma tan profunda y feliz"

Mi mente de novelista descarriada no puede evitar pensar que algún día G dirá eso (o quizá lo escribirá), tras lo acontecido hoy en la Sala SIlvestre Revueltas, mientras escuchábamos el Concierto para violín de Dmitri Shostakovich. :')

viernes, 6 de junio de 2014

Back 2 good




Justo a la semana de cortar con Aru, hace poquitín más de un año, G inició clases de karate. Sirvió para que él se enfocara en una actividad física que lo distrajera y sirvió para darme espacios fuera de casa para leer y reflexionar. Escribí mucho en ese periodo y leí bastante para la tesis.
G avanzó rápido y consiguió su primera cinta en seis meses. Sin embargo, se me vinieron encima varios gastos y deudas y ya no pude pagarle las clases, cosa que me exasperaba porque como son en una casa de cultura, no es una cantidad exorbitante la que hay que pagar.

Ayer, tras cinco meses sin llevarlo, pude volver con G al karate. Sirvió para que él retomara actividad física y para que yo tuviera un rato de reflexión. Me senté en el patio de la casa de la cultura, puse a Beirut en mi iPod y empecé a escribir y garabatear con mis Stabilos. G necesitaba la actividad física, y su maestro se alegró de vernos; yo, el espacio para mí, en paz con mi música en un ambiente sin distracciones reales o virtuales. Una hora de paz bajo la gran jacaranda.

domingo, 1 de junio de 2014

#100HappyDays


El viernes de la semana pasada (23 de mayo) concluí con el reto de #100happydays. Curiosamente en Twitter alguien puso "ya es mitad de año y no los veo terminando sus #100happydays" y mi amiga Baby contestó el tweet sólo con mi nombre: Nerea. 

El chico en cuestión entonces preguntó que si ahora soy más feliz y qué hago sin tener el reto. Y, la verdad, no es que sea más feliz o menos feliz... pero me quedé pensando ¿y ahora qué? Ya me había acostumbrado a fijarme en pequeños detalles, en algo que me alegrara el día sin importar si había sido un "buen día" o un "mal día".

Me cayó el veinte de que obligarme a veces a ver lo lindo me sirvió para pensar menos en lo negativo. Me sentí muy rara esta semana sin mandar a Instagram nada con el hashtag y después noté que no necesito un hashtag. Creo que muchas veces centramos nuestra vida en lo rutinario, en mi caso, el trabajo, para determinar si somos felices o no. Pero el fijarse en cositas, como un rico mango por el gusto de comer el mango, la risa de mi chamaco o el hecho de amanecer hace que uno vea las cosas distinto.

viernes, 21 de marzo de 2014

The lonely road

Hijo de Bruja Lectora, Elfo lector


"You deserve a father, you deserve a great father
And I'm sorry
But for what it's worth, you have me
And I'm not going anywhere.
And I'm sorry, but that's gotta be enough, ok?
I'm so sorry"
Sarah, Parenthood

En la serie Parenthood, Sarah (Lauren Graham, actriz a quien adoré por ser Lorelai Gilmore durante siete años), es una madre soltera de 38 años que tiene dos hijos adolescentes. En el piloto (que acabo de ver) el hijo, Drew, se le fuga tratando de ir a vivir con el papá, quien lo rechaza. Drew tiene algo así como 16 años, la edad que G tendrá cuando yo tenga 38. El diálogo que puse al inicio de esta entrada me llegó profundamente.

G, mi pequeño, ha estado muy decaído. Me ha confrontado con esas preguntas que yo sabía que llegarían. "Si no tengo papá, ¿cómo es que nacía?" me dijo un buen día de la nada, a la hora de la comida. Le tuve que explicar cómo nacen los bebés y decirle que sí existe un padre biológico. Toda la patoaventura que fue con Lord Voldemort puede esperar unos años más. De ahí, G brincó a Aru, a preguntarme por qué Aru lo abandonó. Cuando le conté esto a Crashdrummer, me dijo que tal vez debí manejarlo como que no fue a él (a G) a quien abandonaron dos veces... mi hermana concuerda conmigo que tampoco ésa es la opción. 

Qué difícil es esto.