Ayer vino a verme en la mañana la Reina de los Conejos. Teníamos un rato de no vernos en persona, a pesar de que gracias al WhatsApp solemos platicar con frecuencia. Es curioso cómo se dan las amistades hoy en día. Con la Reina de los Conejos platico mucho, tanto de las peripecias para sobrevivir en un mundo freelance donde el trabajo es mal pagado, hasta sobre por qué no entendemos a los hombres. Ella es más chica que yo, pero siempre se me ha hecho una mujer centrada. Sabe perfectamente lo quiere y va haciendo sus planes para alcanzar los objetivos. Me encanta su ímpetu y sus ganas de salir adelante.
Recientemente, su situación ha sido complicada porque su mamá se enfermó, estuvo hospitalizada, tuvo operaciones... pero ya está en su casa y se va recuperando. A distancia, a través de mi celular y mensajitos, estuve lo más al pendiente que pude de ella. Es como sé ser amiga. Preguntando, recordando en la medida de lo posible las cosas, haciéndome presente aunque sea a través de una pantalla.
Yo creo que la amistad es en las buenas y en las malas. Las risas y los buenos momentos unen a la gente, pero atravesar por las situaciones dolorosas sin rajarse es lo que fortalece los lazos. Al menos, ésa ha sido mi experiencia. Yo me he visto muy afortunada al estar rodeada por gente que en mis peores momentos ha estado al pie del cañón, sin importar nada. Quizá por eso pienso en C todavía como un amigo, a pesar de que es el Demonio Mayor: cuando murió mi papá estuvo aquí, conmigo, sin rajarse. Todo el fallout que ocurrió después es otro boleto. Pero esos instantes de dolor absoluto en mi vida, son algo por lo que siempre le estaré agradecida.
Supongo que por eso cuando Tori me cuenta que un amigo suyo no la deja estar cerca ahora que pasa por momentos difíciles, entiendo su pesar y el que le duela. No entiendo cuál es la definición de amistad de la persona en cuestión, si prefiere alejarse de todo y de todos para no ser una carga cuando lo está pasando muy mal. ¿No son los amigos una red de apoyo, los que nos salvan hasta de nosotros mismos en nuestros momentos más oscuros?
La amistad no se puede poner en pausa cuando la vida es una cosa jodida. Por el contrario, es cuando menos necesitamos estar aislados. ¿O no?
Ayer, también, falleció el papá de Arimasen. Se me hizo un nudo en el estómago cuando me llegó su mensaje "Al fin pasó. Hoy en la mañana murió mi papá". Fue muy rápido. Fue muy repentino. Fue muy desgastante.
Hace apenas una semana diagnosticaron al padre de Arimasen con la enfermedad C-J, una cosa neurológica sin cura ni tratamiento, de esas loterías que nadie quiere sacar, pues sólo una persona en un millón la padece. La enfermedad va alterando las facultades mentales del paciente, genera demencia y eventualmente, en un lapso de entre un año y año y medio, cae en coma y muere. Empero, el padre de mi amigo se fue en un suspiro. Ni siquiera alcanzó a salir del hospital donde llevaba tres semanas internado.
Arimasen vivió lo que es mi visión del infierno, ésa que no le deseo a nadie: las guardias en el hospital. Pero encima de todo vivió el que su padre dejara de conocerlo, porque la demencia entró en high gear. Por fortuna, alcanzaron a hacer las paces.
Cuando supe que falleció su padre, le avisé a Malesan y nos pusimos de acuerdo para ir al velorio. Me daba terror llegar sola. Fue en una funeraria J. García López, pero por suerte no la misma donde velamos a mi papá (si así hubiera sido, creo que me habría pegado muchísimo más). Por supuesto que me sentí renuente a ir al velorio, pero se trata de mi mejor amigo, el que ha dejado cosas de lado para ayudarme, el que una Navidad manejó de Naucalpan a mi casa sólo para hacerme compañía durante la madrugada en lo que esperaba a saber qué había pasado con mi papá en el hospital, el que cuando tuve que irme a Querétaro a despedirme de mi abuelo vino a darle de comer a Cora dos veces al día un fin de semana. Tenía que estar con él, no sólo ayer sino en este trayecto que es el duelo.
Arimasen ya había hablado con mi mamá y mi abuelita sobre los trámites que le tocan a las viudas, pues sensato y pragmático como es, quería evitarle problemas a su madre.
Su papá se fue más rápido de lo que esperábamos, pero al menos evitó el desgaste de un año que auguraban los médicos. Eso no quita que sea difícil. Es una situación que jamás es fácil y jamás se vive igual.
Para eso estamos los amigos, en las buenas y en las malas. Para eso estaré para él, como él ha estado para mí. El duelo apesta. Nadie lo vive igual, pero eso no implica que se deba vivir tan solitariamente.
Such an ugly mark, I wear it so well
Now you're just a scar
Of the time I fell
For someone who didn't love me"
Dice Arimasen que todos en esta vida tenemos una así: relación con una persona que es como kriptonita, pero una kriptonita mezclada con drogas duras. Sabemos que nos está matando, pero no podemos soltarla. Para mí era el Mago Negro.
Nos conocimos cuando G iba a cumplir un año, trabajábamos en el mismo equipo en el callcenter. Él era callado, taciturno, aunque después me enteraría de que le decían El Perv por su humor negro y por historias de las que jamás me enteré (no sé si la gente del callcenter me quería proteger con la ignorancia). Me llamó la atención principalmente porque fue el único hombre que no me miraba lascivamente ni me hacía malas bromas (más tarde entraría otro chico al equipo que era buena persona, pero con él nunca me llevé). Empezamos a platicar el día de su cumpleaños, justo porque él no quería que lo festejaran. Me extrañó que alguien no quisiera celebrar su cumpleaños, particularmente porque no era un tema de "me estoy haciendo viejo". Muchos años después me enteraría que ni sus hijos sabían la fecha de su cumpleaños, tanto desprecia ese festejo...
Por culpa del Mago Negro soy Nerea. En nuestras charlas salió que a él le encantaba el anime y los videojuegos; a mí, las letras y los mundos de fantasía. Le compartí el primer borrador de Erdán, novela de fantasía escrita por mí donde sale un personaje llamado Nerea. El nombre (aparentemente común en Galicia) lo había escuchado a mis 16 años, cuando fui animadora de fiestas infantiles. Me gustó tanto que lo usé para un personaje. El Mago Negro, al leer la novela, me dijo que yo era Nerea. Por esas fechas empecé a bloguear y decidí ponerme Nerea a modo de nickname. Poco a poco se convirtió en mi segunda piel y mi tercer nombre.
El que el Mago jamás me tirara la onda se convirtió en mi reto personal. Empecé a ser yo quien lo buscaba, tratando de lograr que se fijara en mí. Lo conseguí un día en que nos hicieron vestirnos de súper héroes (en el callcenter tenían días temáticos, supongo que por "amenizar" la chamba). Ese día, yo llevaba unos leggings y una playera larga pegada. Le pedí que me acompañara a casa porque no podía sacar mis jeans de mi locker y me daba miedo ir sola en transporte público. Me acompañó. Nos besamos en el trolebús. Llegó hasta mi casa conmigo y bajamos al estacionamiento donde, en la penumbra, nos seguimos besando.
A partir de ese día inició un tórrido romance, en el estricto sentido de la palabra fuimos amantes. Él tenía dos hijos, el menor de la edad de G, y vivía con la madre de ellos. Si bien siempre me la planteó como una relación fallida, él no tenía interés en dejarla por no perder a sus hijos.
Lo que para mí era una aventura, se fue transformando en algo más. Platicábamos mucho y sentía que podía contarle mis planes e ideales. Él me admiraba, porque me veía como una mujer inteligente y fuerte. Eso, a su vez, hizo que siempre se sintiera menos a mi lado. No entendía qué veía yo en él, por qué alguien como yo querría estar con alguien como él. No había forma de explicarle que el enamoramiento es absolutamente irracional. No había lógica detrás del profundo cariño que le tenía.
Por él conocí Cowboy Bebop y me enamoré de la música de Yoko Kanno. También conocí el mundo de Final Fantasy, del que le pedía que me contara más. Nos escribíamos mails y me mandaba imágenes del juego, donde su personaje principal era un Black Mage.
Lo despidieron un día de septiembre y el que ya no estuviera en el callcenter me hizo deprimirme tanto que opté por renunciar un mes después. Durante el tiempo que él no tuvo trabajo, nos podíamos ver poco, porque él vivía al norte de la Ciudad Monstruo y yo, más hacia el sur.
Harta de mi casa y el alcoholismo de mis padres, un día decidí irme con el padre de G a Cancún. Se lo dije al Mago Negro, quien me vio con tristeza. Sé que le partí el corazón, aunque él era muy cuidadoso de no decirme que me quería ni, mucho menos, que me amaba.
Me preguntó si amaba al papá de G y le dije que no. "Entonces, ¿por qué vas para allá?". Le respondí, aludiendo a Spike, "Voy para ver si sigo viva". Esa tarde me sentí muy triste.
Estando en Cancún, le marcaba por teléfono y le escribía mensajes con frecuencia. En mis días y mis tardes de soledad, el único contacto que ansiaba hasta casi sentir dolor era el del Mago Negro. Cuando regresé de Cancún, fue a él a quien busqué primero.
Él había entrado a trabajar en un sitio en la Roma, muy cerca de Álvaro Obregón. Fui a verlo y lo abracé, emocionada. Él mantenía cierta distancia, supongo que temeroso de que le volviera a romper el corazón. Pero retomamos el vernos. Me seguía leyendo en mi blog (en aquel entonces, en la plataforma de Hotmail) y así supo cuando Aru entró a mi vida.
Aru y yo empezamos a andar. El Mago Negro y yo nos seguíamos viendo. Un día fuimos por un café y le dije "Aru no es como tú, no me besa igual y jamás será quien eres para mí". El Mago me jaló en ese momento y me besó, con la pasión que lo caracterizaba. Ahí decidí que no podía volver a verlo si quería serle fiel a Aru. Corté comunicación con él durante todo mi noviazgo.
Un año después de haber terminado con Aru, le escribí al Mago Negro en su cumpleaños. Extrañado, me respondió. Él seguía trabajando en el mismo sitio cerca de la Roma. Quedamos en vernos.
Pasó por mí al metrobús de por mi casa y caminamos al parque de Nápoles, donde nos sentamos a platicar. Él mantenía cierta distancia. Regresamos a mi casa y me pidió acompañarlo a comprar algo a la tienda. Me dejó para luego marcarme por teléfono. Hablamos una hora por teléfono. Supe en ese instante que no me quería dejar ir.
Él había terminado su relación hacía también un año. Ahora era libre, por primera vez podíamos vernos sin que fuera a escondidas, sin que traicionáramos a alguien.
Empezamos a salir. Me acompañó, incluso, a una comida con mis amigos. Un día, se hincó a mi lado y me dijo al oído: "Te lo diré ahora porque me nace, pero no esperes que lo diga seguido: Te amo". Fue el mismo día que me dijo que quería que fuéramos novios, pero que me lo pediría bien eventualmente. Ese "pedírmelo bien" nunca llegó.
Al principio, con nuestro reencuentro, pensé que era al fin nuestro momento. Él estaba emocionado de poder estar conmigo, me contó cómo había regresado a estudiar "Quise cambiar y prepararme para que estuvieras orgullosa de mí". Me escribía por Facebook Messenger, sacándome sonrisas tontas. Es la única persona a la que he dejado que me llame "mi princesa".
Para mí era la misma emoción del inicio, sin el temor a que alguien nos cachara. Volví a clavarme con él...maaaaaal.
Llegó a quedarse a dormir en mi casa, lo trataba como si fuera mi novio. Me preocupaba por él, buscaba sorprenderlo, le escribía diario, mi primer mensaje del día, mi último mensaje del día. Él igual tuvo detalles. Me regalaba libros, me tomaba de la mano, se preocupaba por mí...
Y entonces, después de que pasar una noche conmigo, una noche en la que me quedé su camisa (¡ah, cómo me gustaba su olor!) yo empecé a sentirme mal. Y lo supe: estaba embarazada. Él ya no quería más hijos, yo sabía que no quería. Me acuerdo que me dijo "Lo importante es que estés... estén bien". ¡Dioses! Que hablara en plural, sobre mí y quien se estaba formando... cómo me partió. Le pedí ayuda a Malesan, un préstamo que el Mago prometió pagar (nunca lo hizo) y me fui a una clínica. Todo eso fue a finales del año en que murió mi papá.
Después de eso, las cosas cambiaron. Podría decir que fue porque no quise ser mamá de otro pequeño sin padre, pero en realidad fue porque el Mago se fijó en otra chica. Tardó en decírmelo y me lo dijo a mediados de 2016 porque yo le mandé un mail donde le decía una vorágine de cosas que sentía por su distanciamiento. Me contestó contándome que había echado a perder las cosas con una chica con quien sí se veía casado y con otro hijo. El corazón me dolió horriblemente, porque claramente esa chica no era yo. Yo, que me sentía como si fuera mi pareja de cierta forma aunque oficialmente no fuéramos nada. Y él, haciéndole la ronda a alguien más.
Así me sentí un buen rato
De ahí, se volvió un ciclo vicioso horrible: semanas en las que él actuaba como novio, me buscaba, me invitaba a desayunar, nos íbamos a un hotel, se comportaba cursi y me decía que me quería, para pasar a semanas en las que era frío, evitaba verme y tardaba en responderme los mensajes, para volver a ser tierno conmigo.
Me acuerdo mucho que, por ejemplo, fuimos un domingo temprano al cine a ver Ghost in the shell. Fuimos a Reforma 222, me compró un café, vimos la peli abrazados, me fue a dejar a mi casa y ahí me dijo que ya no quería nada conmigo. Me acuerdo que se me salieron las lágrimas y le pedí que se fuera, porque no quería que mi mamá me viera llorando. Se fue. Ese día le conté a mi mamá cómo llevaba años saliendo con él y cómo él no era realmente mi pareja. Estaba dolida, fragmentada, traicionada.
Pero me volvió a buscar y volvimos a salir. Se volvió una constate fuente de ansiedad y angustia. De medir mis palabras y mi efusividad para no asustarlo. De sacarme de onda cuando me decía que ya no quería que nuestra relación fuera sólo sexo "seamos amigos", para luego besarme con pasión y llevarme a un hotel.
Tuvimos buenos momentos: quedarnos atrapados en el centro cuando fue el primer desfile de Día de Muertos, él, regañándome porque no me estaba en paz cuando sólo quería estar sentado en la Alameda abrazando a su chica, o llevándome a ver libros para elegir cuál regalarme porque eran mi pasión. Sin embargo, eventualmente, lo malo superaba a lo bueno, por mucho. Cuando empecé a subir de peso (después del aborto) él empezó a ser más distante. Alguna vez le pregunté si era porque estaba gorda y me dio a entender que en parte ya no le parecía tan atractiva. Me empecé a acomplejar bastante.
La extraña ocasión en que quiso que nos sacáramos una foto juntos
A finales del año pasado me fui a Campeche y a Mérida. Ahí tomé un tour con mi familia a los cenotes y, mientras flotaba en la tranquilidad de un cenote en el fondo de un cráter, rodeada sólo por la naturaleza, le regalé a la vida mi dolor y mis malas decisiones. "Dejo aquí lo que me hace daño, dame la fuerza para soltar todo lo que no me construye".
En enero de este año, no recuerdo bien el motivo (borré ese chat), el Mago Negro me respondió que yo esperaba que me dijera algo que no le nacía "No me molesta tu compañía pero no es como que te extrañe".
Le dije que era todo lo que necesitaba saber y eliminé el número y el chat. No lo bloqueé, podría haberme buscado, pero no lo hizo.
Ese día le escribí a Tori: "Dime que no vale la pena que derrame una sola lágrima por este idiota" y le conté. Tori me dijo que si necesitaba llorar, lo hiciera, pero que en efecto, no necesitaba a ese tarado en mi vida.
Los primeros meses fueron complicados. Estaba muy acostumbrada a contarle mi vida a Ratt (así se hacía llamar el Mago), pero justo por eso borré su número, para no caer en la tentación de escribirle.
Nunca le expliqué realmente el porqué necesitaba sacarlo de mi vida. Nunca hubo una despedida como tal, ni cartas (¡cuántas cartas le llegué a escribir en su momento!), nada digno de novela. Simplemente lo saqué de golpe. Este año ha sido una larga rehabilitación para mí.
Todavía hay muchas cosas que me hacen pensar en él, pero si bien tuvo sus momentos de infatuación conmigo, la verdad es que creo que nunca me amó. Creo que no se ama a sí mismo y así, es imposible que pueda amar a alguien más.
Este post es para mí ese adiós que nunca le dije. Es un verdadero soltar, porque creo firmemente que con ciertas energías bloqueamos lo que el Universo o Dios tiene para nosotros. Acá suelto las últimas hebras de esa energía que nada me construye. Sí, podríamos haber construido una bella historia. Pero sus miedos infundados (¿qué hace una chica lista como tú con un troglodita como yo?) no lo permitieron. Para una relación se necesitan dos.
Estoy convencida de que el amor es una cosa que se construye en pareja y que implica caminar hacia el mismo lado, con proyectos (de vida) similares y con proyectos (personales) que mantengan la personalidad de cada quién. Hoy me abro de brazos para recibir lo nuevo, sea lo que eso sea.
Gracias por los aprendizajes. Adiós, Kuro Madoushi.
"Si te pasas la vida procurando no romperte, te aburrirás terriblemente"
Mathias Malzieu, La Mecánica del corazón
A veces parece que ser quien soy es un problema. Soy ese tipo de mujer que no espera a que le bajen la Luna y las estrellas. Hubo una época en la que sí pensaba "si tan sólo hubiera alguien que me consintiera". Ya no. Aprendí a trabajar por lo que quiero y eso incluye trabajar para consentirme.
Desde que entré a la Agencia, tomo un día por mi cumpleaños y me "llevo" a desayunar. Yo solita. A veces incluso me llevo también a cenar. Si tengo antojo de algo, voy por ese algo.
Ser así implica no tener pelos en la lengua y decir las cosas como las pienso. Las indirectas no sirven. Eso puede ser "malo" al parecer.
Recientemente conocí a alguien que me llamó la atención, mucho. Como hacía años no me pasaba. Alguien inteligente, simpático, con gustos en común conmigo pero con una forma de ver la vida diferente para algunas cosas, lo que daba margen para aprender con él.
Bueno, en lugar de esperar a ver qué pasaba, tuve a bien (o a mal) escribirle una carta donde le decía que me gusta él y me gusta salir con él. "Ojalá podamos seguir saliendo más".
¡Puf! Desapareció. Dos semanas después de darle la carta pasaron sin que me dijera nada. Por lo que opté por preguntar (por WhatsApp) si la había leído. "I did but I really don't know how to answer and I really don't want to answer it via text".
¿Responder? No le propuse matrimonio, ni ser novios ni nada. Sólo dije un hecho: me gustas. Y en caso de que se requiera una respuesta, es sencilla: "tú también me gustas" o "no me gustas" y fin. Sin embargo, no responder es también en sí misma una respuesta.
Esta sociedad nos ha acostumbrado a que es malo decir lo que queremos/sentimos. Debe haber indirectas, debemos ocultar los sentimientos y esperar que de forma telepática la gente que nos rodea nos entienda.
La Reina de los Conejos me dijo que no hice nada malo: "fuiste vulnerable y eso está bien. Sabes que conlleva un riesgo, pero ya no quedó en ti".
Si algo he aprendido desde que empecé con los ejercicios de meditación, es que hay pocas cosas que puedo controlar en esta vida:
Mis emociones
Mis reacciones
Mis pensamientos
Nothing more, nothing less. Eso no quita que duela el que decir las cosas y ser vulnerable aleje a alguien. Tiene casi un mes que le di la carta a la persona en cuestión. Si bien me contestaba (hasta hace dos días) los mensajes de Whats, tampoco ha sido como para decir "vamos a vernos". Sus mensajes suelen ser confusos. Me da la impresión, por Twitter, que le interesa alguien... imagino por su falta de respuesta que es alguien más, no soy yo.
Tori me ofreció una disculpa por el hecho de que esta persona desapareciera, pues ella me lo presentó. Como se lo dije: no es su culpa, ni que ella fuera su mamá. A lo que agregó "Si eso le asusta, no aguanta mujeres echadas para adelante".
Parece que así será mi vida siempre
Soy una mujer que no se guarda lo que quiere. Alguien que persigue sus sueños e ideales. Estoy dispuesta a seguir aprendiendo. ¿Que soy muy intensa? Sí, quizá. A final de cuentas, si alguien se interesa en mí, debe poder con eso, con mi intensidad, con mi desbordamiento, con mi forma apasionada y falta de medias tintas.
Soy el tipo de persona que va tras lo que quiere. Lo más valioso que tenemos es el tiempo, por lo que no me siento con ganas de estarlo perdiendo. Si esta persona de plano decidió que yo era too much (yet again), ni modo.
Lástima que algo que prometía se desvaneció tan pronto. Lo único que me queda es seguir yendo hacia adelante.