"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"
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jueves, 1 de diciembre de 2016

Infinitos y anécdotas efímeras


Tengo sed de infinito.

No puedo evitar pensar en cuando las cosas se estaban yendo al carajo con Aru y escribí un post, que no sonaba para nada a mí, hablando de mi necesidad de infinito: de perderme en los ojos de alguien.

Hace un par de días, Facebook, ojete como es, me recordó que ese día hacía 7 años habíamos subido una foto, mal tomada y cortada: Aru viéndome embelesado a los ojos. Se ven nuestros perfiles, de la nariz hacia arriba, pero se alcanza a notar que sonreímos bobamente. Suena Marron 5 “Do you think of me? Where we used to be? Is is better now that I am not around?” Conozco las respuestas a esas preguntas: No. No. Sí. La nuestra era, al final, una relación disfuncional con tintes de abuso tipo Gaslight.


Él y yo juntos jugábamos a sacar lo peor del otro. Desde antes de cortar tenía sed de infinito. De esa cosa linda en una relación: perderme en su mirada de forma ridícula y boba y cursi y poder pensar en un “nosotros”, un futuro.

Pero el post del que hablo al inicio no sonaba a mí porque trata de emular la voz de elinauta, tan etérea, tan extravagante y difícil de comprender al leerla… no era mi voz, era la voz de la que yo sabía que Aru se estaba enamorando. El infinito, para él, estaba en otro lado…

Las cosas no hay que buscarlas, no de forma tan insistente en cosas del amor. Al menos eso dicen. Por hartazgo, aburrimiento o necesidad, reabrí mi cuenta de Tinder. Tengo un mes con ella funcionando. 123 matches. Charlas efímeras. Algo que por un instante me haga sentir que me acerco al infinito. Pero en realidad, quizá, me aleja más de él. La idea del amor en los tiempos de la inmediatez suena a algo desechable.

Tengo el escozor de extrañar la compañía. No extraño a Aru. Envidio, eso sí, un poco lo que tiene: una relación estable. Ayer platicaba con unos compañeros del trabajo. E y A. E decía que no entiende “a las morras que están todas locas” y nos contó a A y a mí (las dos mujeres) sus broncas con su novia. Tanto A como yo intuimos que la novia le pone el cuerno, bien y bonito a E. Lo curioso es que los tres coincidíamos en algo: tras una relación que terminó siendo disfuncional, optamos por un cierre al mundo y mantenernos solos. “Yo ya le encontré el gusto a estar sola”, dije sin pensarlo. De hecho, se salió de mi boca, de golpe. “¡Yo también!” contestaron E y A al unísono.

Los matches de Tinder son un boost al ego. Son un “Buenos días, hermosa” seguro en mi cel, todos los días. Pero son, igualmente, una ventana  mis miedos. He salido con un par de los chicos que he conocido a través de la app: el casi mirrey que estaba muy emocionado conmigo porque sentía que estábamos en sintonía y que al saber que soy mamá, salió corriendo porque “no estábamos en la misma página y no estoy listo para ser papá de nadie” [¿cómo por qué coños asumen que madre soltera equivale a le-busco-padre-a-mi-criatura?]; el filósofo que cada tres palabras mías decía “ajá” como para dar a entender que me estaba poniendo atención, aunque con ello alimentaba a las voces que decían “mátalo” y que si bien no lo dijo ipso facto igualmente abrió los ojos como platos y no volvió a hablarme tras saber que soy mamá; el joven-no-tan-joven que mintió por ¡10 años! respecto a su edad y si bien está entusiasmado conmigo, a mí se me hace una amiga-tía más. Por supuesto también está el vecino, ése que vive a escasas cuadras de mi casa y de mi trabajo (está en el punto medio justo para llegar en cinco minutos con él sin importar de dónde vaya, casa u oficina). Puede ser un buen escape cuando las hormonas me estén matando, pero dudo mucho que sea la fuente del infinito.

¿Y si son hormonas y no extrañar la compañía?

A veces sí quiero un cómplice. Un alguien que se emocione con mi ñoña emoción (no forzosamente por las cosas que a mí me mueven, sino que le mueva el que las cosas me emocionan) y que me comparta su mundo, sin que espere que seamos muéganos.





No quiero sentirme atada a alguien. Por eso: cómplice. Parece que todos en Tinder tienen el corazón roto, el miedo a mil, la necesidad del contacto físico al triple y muchos deberíamos estar más bien en terapia. ¿Dónde está el infinito entonces?

La app creo que sólo me está dando varias anécdotas para narrar, pero nada sustentable. La inmediatez de fotos  que fingen no ser personas rotas, la cara del cinismo necesario para escribirle a una perfecta desconocida “Hey, te quiero coger” sin esperar reproches más allá de un “Cancelar compatibilidad”. Sí. En definitiva mi sed de infinito no se va a apagar con esto. De menos las ganas de escribir se alimentan. Eso ya es algo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Catarsis: Begin Again


Por cosas extrañas de mi vida, di con una canción cantada por Adam Levine, el vocalista de Maroon 5, llamada Lost Stars que me encantó. Al buscarla en Internet para dar con la letra, me salía que era de Keira Knightley (la actriz) y me sorprendió. Al revisar más entendí: era parte de la banda sonora de la película Begin Again con la actriz antes mencionada, Mark Ruffalo y sí, el sexy Adam Levine (¡oh, sí, me gusta mucho ese hombre!).

La historia es sencilla: Gretta es una compositora, que tras ser abandonada por su novio en New York canta con el corazón roto en una noche de micrófono abierto, donde Dan (Ruffalo), un frustrado productor musical la escucha y decide que va a producir su álbum... en la ciudad de New York grabando al aire libre. Así se embarcan en la aventura.

Las canciones de Gretta me mataron, porque me identifiqué muchísimo con ellas. He estado escuchándolas on-the-loop todo el día de hoy. Es lo lindo de la catarsis y del arte en cualquiera de sus presentaciones: te recuerda que no eres la única persona que se ha sentido así y que no estás solo en el mundo, particularmente cuando se trata de sentimientos que no nos encantan, como el corazón roto y el despecho. Así que a cantar a todo lo que me da la garganta, sacando esos pedacitos clavados en mi corazón. Y es que, sin importar lo mucho que escriba acá, no me he dado el tiempo y el espacio para llorar y limpiar mi pobre interior. 

So let's get drunk on our tears!
We're searching for meaning, but are we all lost stars
Trying to light up the dark?

Don't you dare 
let those memories
bring you sorrow
Turn the page
Maybe we'll find a brand new ending
Where we'll be dancing
On our tears

***

Maybe
You don't have to smile so sad
Laugh when you're feeling bad

You don't have to dance so blue
You don't have to say I do
When, baby, you don't
Just tell me the one thing
You never told me

Maybe
If you wanna go home
Tell me if I'm back on my own
Given back a heart that's unloved
Just tell me if you wann go home

Maybe
You don't have to kiss so kind
Pretend to ease my mind
When, baby, you won't

Oh, sugar,
You don't have to be so sweet
I know who you're gonna meet
Don't tell me you won't

***

And you have broken
Every promise that we made
And I have loved you anyway

Took a fine time to leave me
Understand now I'm grieving
So don't you waste my time

Being chasing ranbows all along
And you have cursed me
When there's no one left to blame
And I have loved you just the same

And you have broken every single fucking rule
And I have loved you like a fool

***

Something's gotta chance
You were right all along
But it's me that's gotta change



miércoles, 6 de agosto de 2014

Tristeza soñada



I was there for you
But I wonder
where were you
When I was at my worst
down on my knees
—Maroon 5

Yo estaba preparando mis cosas para subir al cuarto de servicio. Algo de fruta (no, plátanos no, porque con el calor del cuarto seguro que para la mañana ya están negros), agua, incluso una peli. Cosas que entretengan a G al despertar y que me deje dormir un ratito más. Justo al ir caminando hacia el cuarto de servicio vi a Aru caminando del lado opuesto. Me sonrió y me dijo que sólo iba al baño. Traía la playera azul grisáceo que me regaló para que yo usara de pijama y unos jeans. Me costó un segundo darme cuenta de que era él, porque traía barba completa en vez de la "piochita" que a mí tanto me gustaba. Entré al cuarto de servicio aún extrañada y vi ahí su iPhone conectado al cargador. Entonces era cierto, ahorita venía. Pero algo estaba mal, yo lo sabía. Parpadeé. Estábamos en la azotea, él con una bici y yo amarrándome unos patines. Una doña, completamente desconocida, se nos acercó con una tabla en mano y una pluma para anotar algo:
—¿Son equipo?
—Sí, claro— contestó un sonriente Aru.
Yo no entendía qué pasaba. Miré alrededor y ahí, entre las jaulas de tendido de la azotea, había más personas con bicicletas y patines. ¡Una carrera! Y era algo en pro de otra cosa, pero simplemente no podía recordar de qué. Pero ¿equipo?
—No, no somos equipo.
—AH, ya decía yo, hacen linda pareja.
—Somos amigos— dijo Aru
—No, claro que no lo somos— dije yo en un tono un poco más alto de lo necesario.
—¿Por qué no somos amigos, Nerea?
—Porque me dejaste. ¡Porque alguien me cambió por otra vieja! Y de la forma más vil
—¿Cómo que te cambió, linda?— me preguntó la doña
—No empieces, Nerea, yo no te cambié.
—¡Claro que sí! Me comparabas con ella, y preferías pasar el tiempo con ella y todavía me decías que no fuera celosa... y al final me dijiste que fuéramos amigos ¿qué te crees? ¿y ese tiempo quién me lo regresa?
Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. No estaba gritando, al contrario, susurraba. El enojo era tal que ni gritar me dejaba.
Abrí los ojos. Las lágrimas eran reales. Estaba ahí, en mi cama. Aún no amanecía. ¡Claro! Estaba soñando. Por eso las cosas no cuadraban. Cuando el cuarto de servicio Aru no tenía ni barba ni iPhone.
Desperté más que enojada, infinitamente triste. No sé qué tanto es mi enojo para con el Mago Negro que se traspasó a mi enojo aún atorado para con Aru (a veces me pregunto si no necesitaré ir y mentársela en persona para avanzar...). Ya no conseguí conciliar el sueño y me costo la vida sacudir la tristeza.
A veces temo mucho que vaya a pasarme como en 2008: la chica de la sonrisa rota, de los ojos tristes. Un naufragio continuo en mi mirada. 
Lo peor es que me vino de la nada. Ayer fue un día pesado porque mis chicos de la revista y yo definimos todo el calendario de 2015 y las primeras dos publicaciones de 2016. Fue un día extraño porque poner a cuarenta changos de acuerdo no son enchiladas. Acabé con jaqueca de tanto pensar y acomodar calendario. Pero me reí mucho con las burradas ocurrentes de mis chicos. ¿Y entonces? ¿De dónde viene esta tristeza? Es como una brisa que se cuela por la ventana. El problema es que sigo sin encontrar cómo cerrar la dichosa ventana.

domingo, 23 de marzo de 2014

Decidir decidirse


Nice try, for these games
I do not have the time
If you want me, call me
Come and take a risk 
Kiss me somewhere deep below the surface

I just need a little of your time
A little of your time
To say the words I never said

Con tres personajes diferentes me ha tocado hablar en los últimos días sobre tomar decisiones. Dicen que lo difícil en esta vida no es hacer lo que uno quiere, sino saber lo que quiere y ¡qué cosa más cierta es!

viernes, 31 de enero de 2014

Despedidas de encuentros no concretados

Lover's Farewell by Christian Schloe




"I am in misery
There ain't nobody who can comfort me
Why won't you answer me?
The silence is slowly killing me
You really got me bad"

Tomó la pluma y el cuaderno y esbozó apenas un trazo, su mano era inhábil como para dibujar las sensaciones. El estar parada junto a él, sentir sus manos posadas en la cintura, el apremio con que él buscaba sus labios para rozarlos con los propios, para redibujarlos.

miércoles, 1 de enero de 2014

Nothing lasts forever

It is so easy to see
Dysfunction between you and me
We must free up these tired souls
Before the sadness kills us both
I tried and tried to let you know
I love you but I'm letting go
It may not last but I don't know