No me gusta ir de compras. La etiqueta esa de que las mujeres somos compradoras compulsivas no me queda del todo—paréntesis o nota al pie o volvemos a este punto— puesto que para mí las plazas comerciales son un infierno absoluto.
Prefiero, tanto por cuestiones de ahorro como de sanidad mental, ir consiguiendo los regalos de Navidad de a poquitos desde más o menos esta época a tener que buscarlos todos en plena época decembrina (el año pasado no hice esto y acabé yendo a plazas comerciales más veces y tiempo del que me gustaría, engentándome y hartándome bastante en el proceso). Cuando voy a comprar algo, pienso muy bien qué es lo que busco. No compro zapatos ni ropa por impulsividad. Siempre es pensando "necesito tal o cual cosa" y voy directo a comprar eso. Claro, me ha pasado que acompañando a mi hermana a que ella compre algo, reviso qué hay y compro algo que me guste. Pero eso de las "compras terapéuticas" y demás cosas del tipo no es lo mío.
Me puse a pensar en esto porque hoy fui a comprar un traje de baño. Y soy muy específica con lo que busco. Pensé "quiero un bikini que sea de preferencia morado o turquesa". Eso redujo mis posibilidades a 5 modelos. Entré y salí de la tienda en menos de media hora, ya con el traje de baño en mis manos.
Le comenté esas manías mías a cierto chico y me dijo que es muuuy específico "pero no fueran libros". Exacto. Ahí sí puedo estar un largo rato dando vueltas revisando estantes. E incluso en ese caso tiene sus asegunes: la venta nocturna del Fondo de Cultura Económica, por ejemplo, se me hace una cosa terrible por la cantidad de gente (terrible para mí y mis nervios, excelente para matar la idea de que la gente no lee y no invierte en libros).
No sé si esta manía viene de la cantidad de años que pasé sabiendo que no podía comprar algo a menos de que fuera una necesidad. Crecí con limitaciones económicas, asistiendo a una escuela donde las marcas de la ropa y la capacidad de gastar dinero en los fines de semana caminando en una plaza comercial eran pautas de vida. Yo era la niña que compraba (y a mucha honra) su ropa en lso tianguis porque para eso alcanzaba.
Es por lo mismo que en el momento en que pude pagarme mis cosas decidí dejar de lado la etiqueta de vergüenza al momento de poder comprar lo que quería. "No te arrepientas por gastar dinero en lo que amas". Alguna vez platicándolo con mi querida Mar salió el que necesitamos esos pequeños gustos, esos pequeños despilfarros, son buenos para el alma: un helado para compartir con G, un libro para alimentar mi mente y mis ojos, unos zapatos porque se gastan muy rápido. Con Aru, al final, como el dinero era pleito para todo regresó la culpa cada vez que me daba un gustito. Es absurdo.
Creo que en general soy muy medida y cuidadosa con mis gastos. Y soy muy específica en lo que deseo comprar. Como mi traje de baño de hoy. Todos tenemos manías, y creo que son consecuencia de las cosas que vivimos. El chiste es conseguir un punto medio (en este caso ni gastar a lo loco ahora que puedo, ni ser absolutamente marra). Además, no soy exigente para esas cosas en particular. Recuerdo que Aru decía que era fácil complacerme: un libro, una taza de buen té o café, y listo. Creo que sigo siendo así, en general.
Tengo mis pequeñas manías y sigo odiando ir de compras, pero ya no es algo pesado como lo fue antes. Vamos progresando.
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