I was there for you
But I wonder
where were you
When I was at my worst
down on my knees
—Maroon 5
Yo estaba preparando mis cosas para subir al cuarto de servicio. Algo de fruta (no, plátanos no, porque con el calor del cuarto seguro que para la mañana ya están negros), agua, incluso una peli. Cosas que entretengan a G al despertar y que me deje dormir un ratito más. Justo al ir caminando hacia el cuarto de servicio vi a Aru caminando del lado opuesto. Me sonrió y me dijo que sólo iba al baño. Traía la playera azul grisáceo que me regaló para que yo usara de pijama y unos jeans. Me costó un segundo darme cuenta de que era él, porque traía barba completa en vez de la "piochita" que a mí tanto me gustaba. Entré al cuarto de servicio aún extrañada y vi ahí su iPhone conectado al cargador. Entonces era cierto, ahorita venía. Pero algo estaba mal, yo lo sabía. Parpadeé. Estábamos en la azotea, él con una bici y yo amarrándome unos patines. Una doña, completamente desconocida, se nos acercó con una tabla en mano y una pluma para anotar algo:
—¿Son equipo?
—Sí, claro— contestó un sonriente Aru.
Yo no entendía qué pasaba. Miré alrededor y ahí, entre las jaulas de tendido de la azotea, había más personas con bicicletas y patines. ¡Una carrera! Y era algo en pro de otra cosa, pero simplemente no podía recordar de qué. Pero ¿equipo?
—No, no somos equipo.
—AH, ya decía yo, hacen linda pareja.
—Somos amigos— dijo Aru
—No, claro que no lo somos— dije yo en un tono un poco más alto de lo necesario.
—¿Por qué no somos amigos, Nerea?
—Porque me dejaste. ¡Porque alguien me cambió por otra vieja! Y de la forma más vil
—¿Cómo que te cambió, linda?— me preguntó la doña
—No empieces, Nerea, yo no te cambié.
—¡Claro que sí! Me comparabas con ella, y preferías pasar el tiempo con ella y todavía me decías que no fuera celosa... y al final me dijiste que fuéramos amigos ¿qué te crees? ¿y ese tiempo quién me lo regresa?
Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. No estaba gritando, al contrario, susurraba. El enojo era tal que ni gritar me dejaba.
Abrí los ojos. Las lágrimas eran reales. Estaba ahí, en mi cama. Aún no amanecía. ¡Claro! Estaba soñando. Por eso las cosas no cuadraban. Cuando el cuarto de servicio Aru no tenía ni barba ni iPhone.
Desperté más que enojada, infinitamente triste. No sé qué tanto es mi enojo para con el Mago Negro que se traspasó a mi enojo aún atorado para con Aru (a veces me pregunto si no necesitaré ir y mentársela en persona para avanzar...). Ya no conseguí conciliar el sueño y me costo la vida sacudir la tristeza.
A veces temo mucho que vaya a pasarme como en 2008: la chica de la sonrisa rota, de los ojos tristes. Un naufragio continuo en mi mirada.
Lo peor es que me vino de la nada. Ayer fue un día pesado porque mis chicos de la revista y yo definimos todo el calendario de 2015 y las primeras dos publicaciones de 2016. Fue un día extraño porque poner a cuarenta changos de acuerdo no son enchiladas. Acabé con jaqueca de tanto pensar y acomodar calendario. Pero me reí mucho con las burradas ocurrentes de mis chicos. ¿Y entonces? ¿De dónde viene esta tristeza? Es como una brisa que se cuela por la ventana. El problema es que sigo sin encontrar cómo cerrar la dichosa ventana.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario