"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

jueves, 23 de enero de 2014

Llorar y detenerse o llorar y moverse



Anoche, probablemente por mi propio malestar (mi hermana jura que es influenza, Ladrón dice que no más es una gripe del mal que se aprovechó de mi stress aka rush adrenalínico para sacar pendientes, meh) soñé algo que me dejó impactada, tanto por la grandeza de mis debrayes, como por la sapiencia de mi subconsciente [si no me echo porras yo, ¿quién? xD]


Soñé que estaba dando una TED Talk. Eso pasaba en cinco años a partir de ahora. Yo tenía 34 años y, aunque nunca decía mi edad como tal en la charla, sabía perfecto porque empezaba a narrar eventos de 10 años atrás que en tiempo real son de 5 años atrás: el Restaurante, conocer a Aru, haber huido de Cancún, etcétera.

En la plática comentaba que en la vida hay de dos sopas, y lo decía en inglés (supongo que porque todas las TED Talk son en ese idioma):

"You can either cry your heart out and stay there, or cry your heart out and move forward. I've always chosen to move forward, despite the situation. Of course, sometimes I've cried longer than others, but, hey! At least I chose to move, and that's what got me where I am now"

Y la verdad sea dicha, es cierto. Siempre que la vida te patea el trasero, puedes quedarte donde estás llorando, o moverte. Esa actitud mía fue de las cosas que en su momento llamaron la atención de Aru (yo a la semana de haber huido de mi ex en Cancún, ya estaba trabajando de hostess). Aunque ni yo misma pensaba que mi futuro fuera a ser muy brillante en ese momento —hostess, madre soltera, sólo con la prepa terminada y un largo etcétera— no estaba dispuesta a simplemente llorar mi fracaso.

En la plática que estaba dando decía que ésas eran siempre nuestras opciones: no se trata de negar que nos duele, se trata de que el dolor no nos paralice. Habrá veces en que el dolor sea demasiado y el momento de llanto sea más largo que en otras ocasiones, como cuando yo rompí con Aru, pero eso no significa que mientras lames las heridas dejes de moverte. Yo justo en ese punto de quiebre estaba empezando a cosechar un montón de cosas que llevaba años sembrando y no iba a detenerlas todas sólo porque un hombre no tuvo las agallas necesarias para quedarse a mi lado. [Con el paso de los años había alcanzado a comprender que no era que yo lo hubiera detenido a él, sino que él en cierto punto ya me detenía a mí]. Y el mejor consejo que me habían dado era el de ya no sacar pinches de la cocina. Consejo que seguí a pie juntillas. Cualquiera que dudara en lo más mínimo de mis capacidades o se atemorizara de mis sueños quedaba fuera de la perspectiva, aunque doliera. Me negaba a volver a estar con alguien que primero dijera que no tenía sueños y luego me echara en cara tener los propios (para después volver a cambiar el discurso y decir que tenía muchos y que por mi culpa ni confiaba en él ni los cumplía... amén de que me cambiara por alguien más, pero bueno, eso ya quedó establecido que es su M.O. [Fin de la nota ardilla del día que no, no iba incluida en mi charla ante el público, je])

Era así como, desde mi época de hostess, con diez años intermedios, había conseguido todo lo que había anhelado: la revista funcionaba a nivel global, siendo una de las más importantes hispanoparlantes. Tras haber impartido talleres para una Feria del Libro Infantil y Juvenil estatal, conseguí colarme entre los talleristas y conferencistas de la FIL y la FILIJ. Había publicado ya un par de libros y, por supuesto, había puesto mi escuela. La escuela había resultado lo más difícil, por supuesto, porque romperle los esquemas a la SEP era una cosa, pero romperle los esquemas a los padres de familia era otra totalmente distinta y el modelo educativo de la escuela incluía una fuerte formación en Filosofía, Creatividad y Creación Literaria, además de esas idea de hacer arte con lo que te pase en la vida (parafraseando a Neil Gaiman). Claro, no para todos los papás era fácil escuchar esa premisa de que se vale llorar porque algo trágico te pasa en la vida —y esa tragedia en la vida de un adolescente puede ser que no te pele el niño que te gusta, que a los adultos les parece insano, pero es en serio gran tragedia— lo que no se vale es estancarse en eso. Y es que en general el mundo siempre te dice "¡Ánimo! ¡Sonríe! No pasa nada, a otra cosa". Pero las tragedias de la vida, las pérdidas en general, duelen y hay que llorarlas. Se vive un duelo, un luto. El chiste es salir adelante.

Así era como había salido yo adelante. Si el resto del mundo supiera que he pasado las de Caín más veces de las que me gustaría admitir, y muchas veces sola, quizá se asombraría. Pero creo que lo mejor que podemos hacer es avanzar, siempre. Atrás, ni para tomar vuelo.

En esa plática sí le tiraba un poquitín a Aru, lo confieso ,sin decir jamás su nombre ni mala leche, pero con un par de cosas que sabía que si él llegaba a escuchar sabía que sin duda apelaban a su persona, pero supongo que eso era vil proyección de todo lo que se me ha removido en estos días por el gran secreto que estuve guardando y que recientemente compartí con Milo y con Clío.

Sin embargo, desperté contenta.Fue curioso verme hablar, porque claro, como buen sueño, yo me veía a mí misma. Esa charla, tan cabal, era el atar los cabos de una vida que no he acabado de vivir, faltan cinco años para llegar a esa charla. Y lo digo con gran seguridad porque es una de las cosas de mi lista. En esa plática hablaba ya de puntos cumplidos en mi lista. Así que no creo que sea imposible ni demasiado debraye de mi parte.

Siempre avante. Allons-y!

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