"Saber que el conocimiento es provisorio, que los errores no se fijan y que todo lo que se aprende es objeto de sucesivas reorganizaciones permite aceptar con mayor serenidad la imposibilidad de controlarlo todo" —Delia Lerner
Como si a estas alturas yo no lo supiera, cada que le pido algo, Dios me responde. El asunto es que no responde como yo espero, sino como mejor sabe. Hace unos días decía que necesitaba colapsar ¡y tenga! Migraña. Ayer amanecí con una leve jaqueca, que al estar frente a las pantallas del trabajo desembocó en migraña de esa que me tumba bajo cuatro almohadas y dos cobijas para refugiarme del mundo sonoro. De paso, Martxie vino a caer en mi blog tras siglos de no hacerlo y me comentó de la forma violenta que sólo ella sabe hacerlo. No violenta de mala forma, violenta como "las cosas son así, Nerea, ya déjate de tonterías". Y eso está bien.
"Las chicas como nosotras necesitamos madrazos amables", me dijo por Whats. Y sí. No necesito más condescendencia. Le dije a ella que mi enojo es conmigo. Soy muy dura, siempre lo he sido, conmigo misma. La idea de ser mártir o víctima o necesitar que me rescaten nunca me ha gustado (y era uno de mis líos con Aru, que finalmente él buscaba rescatarme de una u otra forma y yo no me dejaba porque me tengo a mí misma),
Alguien más me decía que un novio no me iba a solucionar las cosas. Lo chistoso es que ni siquiera quiero un novio o una pareja (dejando de lado mi estado Grumpy Cat para con el sexo opuesto). Este mes cumplo 30 años. Le decía a Ladrón que de esos 30 años, los primeros 20 me los aventé soltera. A partir de que empecé a tener novio formal, sólo la relación con Aru fue estable. Me acuerdo mucho que enfurecí cuando al cortar Aru me dijo que no hiciera drama porque "Cuatro años no son nada" —en ese momento para mí era una forma de minimizar nuestra historia— pero visto en the big picture 4 años de relación contra 26 años de soltería en efecto no son nada (bueno, a menos de que contemos dos años on-and-off con el papá de G, but still). Es apenas un mínimo fragmento de mi existencia. No que no me haya dejado cosas buenas. Vaya, incluso Lord V me dejó cosas buenas, aprendizajes.
Lo que me ha tenido muy mal es tanto enojo. Porque si ni a Lord V lo odio, ¿por qué no puedo soltar lo demás con Aru? Alguna vez escribí, cuando di con una foto de Aru y elinauta juntos, que me daba emoción, porque hacía años que no veía a Aru sonreír así. Se me juntan muchas cosas, ese constante no sentirme suficiente... pero suficiente ¿según quién? A final de cuentas la única persona con la que estoy 24/7 es conmigo.
Curiosamente dos chicas de mi trabajo andan en encrucijadas y estaban platicando con varias personas, yo incluida. A ambas les dije lo que pienso fielmente: si no eres feliz contigo mismo, con lo que haces, no tiene caso. Pero eso debe aplicar a todos los rincones de nuestra vida. No sólo el trabajo. Yo lo he aplicado sólo al trabajo, pero no al resto de mi vida. Ahí el gran error.
Me acuerdo que cuando Aru empezó con "Vamos a vivir juntos" una parte mía (cada vez mayor conforme avanzaba el tiempo) pensaba "Ya nunca viví sola, en mi espacio y a mi ritmo" y me pesaba. El domingo pasado fui con Mel a acompañarla a comprar ropa y di con unas sábanas y un edredón hermosos. Los compré para mi cama y me ilusionaba la idea de conseguir otro juego la próxima semana. Ir juntando las cosas para mi casa. Mi vida a mi ritmo.
Dios me contestó a través de mi migraña para un tiempo fuera y las palabras de Martxie. Madrazos amables (bueno, la migraña no es tan amable). Vamos a lo que sigue. Y dejar de tratar de tener el control absoluto, porque no se puede controlar todo en esta vida. Let it go, Nerea!


No hay comentarios.:
Publicar un comentario