"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

jueves, 22 de octubre de 2015

Pensamientos


Mi mente últimamente vaga hacia una persona en particular. Y es... molesto. Molesto porque de los pensamientos uno no se escapa. Si fuera una cosa física, cierro los ojos y ya (ok, no es tan sencillo, pero es menos complicado que huir de la mente).

Muchas de mis relaciones iniciaron por un profundo sentimiento de soledad o de poca satisfacción conmigo misma. Un no saber hacia dónde ir o qué hacer con mi vida  pensar que acompañada iba a ser más fácil definir. Me acuerdo que cuando inicié la relación con Aru le dije que una de mis metas era escribir y él se puso como meta hacer que yo escribiera (backfired, of course: llegó un punto en que me dijo "Escribes demasiado" amén de que su eterna curiosidad lo llevó a leer cosas que nunca debió leer, cosas privadas, que nos trajeron muchos problemas).

Poco más de dos años de estar soltera me han ayudado a darle una definición a mi vida por mí y por nadie más. Empecé a construir varias cosas y retomar lo que muchos conocieron en mí, ese ímpetu que me hacía sacar las cosas. El Mago Negro me lo dijo en algún momento de este año:

"That's totally you: nunca conforme, always pushing further", la bruja que contagia locura y leva sus proyectos a cabo contra viento y marea. Más de una vez le he dicho tanto al Mago como a Arimasen que temo que justamente por esa forma mía de ser, me quedaré sola en el sentido de pareja, porque sola como persona no estoy: tengo un montón de amigos y familia que me acompañan en este peregrinaje llamado vida. En general, incluso mis amigos me dicen que hago demasiadas cosas. La palabra "demasiado" ha llegado a tener para mí una connotación peyorativa. Ese "eres demasiado" generalmente ha sido la antesala de socas negativas...

Bien, hace meses conocí al Chico de las Sombras. Qué ironías. Lo conocí en una conferencia de prensa, donde su cara de fastidio ante preguntas repetitivas— preguntas que a mí misma ya me habían hastiado— me hizo pensar en que era alguien un tanto prepotente. Sin embargo, resultó ser a quien me acerqué a tenderle mi teléfono tras la conferencia de prensa con la idea de hacerle una entrevista y ver posibilidades de negocio entre la revista y su empresa. Me acuerdo que pensé "Ojalá no me vaya a caer mal o va ser complicado trabajar juntos".

Ese mismo día él me marcó, aunque se cortaba mucho la llamada. Por mensaje de WhatsApp quedamos en charlar al día siguiente. En efecto, platicamos al día siguiente y nos pusimos de acuerdo para vernos y charlar de las posibilidades entre la revista y su empresa. Ese fin de semana me mandó un mensaje: "Ojalá sea un buen fin de semana. Eso". Mi mente se sobresaltó. Claro, no es un mal mensaje, pero viniendo de alguien que había hablado escasos 5 minutos conmigo por teléfono, me sonaba extraño.

La primera vez que me senté a charlar con el Chico de las Sombras fue en una librería y supe que él estudió letras, ha leído como si no hubiera mañana y que su charla me gusta. Me gusta mucho. En ese momento tuve un crush intelectual muy severo con él. Comparó su trabajo (el que nos había llevado a vernos) con la experiencia de las letras. Cuando menos esperaba, llevábamos cuatro horas charlando.

Ello derivó en pláticas por WhatsApp, en mensajes del tipo "Las extrañas ganas de también acompañarte esta noche", en un coqueteo velado entre nosotros.

Han pasado meses. Lo he visto si acaso una vez por mes, y aunque no estamos charlando tanto como al inicio (él trabaja igual o más que yo), me hallo fascinada con él. Y me desespera. Esa capacidad de pensar de más, ése saber que le han tocado momentos muy cabrones en mi vida (dos breakdowns míos por lo de mi papá, otro breakdown por mis desatinos) y pensar "¿y si se espanta?".

Claro: si se espanta él se lo pierde. And yet...  Mi mente vaga hacia él, hacia las ganas de pasar más tiempo con él. Sé que prefiere estar al margen, por ello pertenece a las Sombras. Sé que observa y analiza. Sé que hay algo... algo...


No sale de mi mente... ¿qué hacer?



miércoles, 21 de octubre de 2015

El curandero

—No sabía que tu padre era un sanador blanco, maese Kito.
—No es algo de lo que hablemos tanto, bruja. Además es... no sigue los ritos de los sanadores blancos en general. Es un curandero— el pirata llevaba a la bruja apoyada en sus hombros.—¿Nunca has pensado en volar? 
—¿Volar?
—Ah, claro, si tan sólo tuvieses alas, bruja—el sarcasmo era más que palpable en la voz del pirata.
—Nunca lo intenté antes de Armand. Y después del proceso de sanación de Ypat, incluso desplegarlas es doloroso. No me imagino el suplicio que debe ser obligar a mis alas a cargarme.
Kito suspiró mientras ayudaba a Ahkire a sentarse.
—Espera aquí—le dijo al tiempo que prendía una antorcha y subía unas escaleras. La casa de los padres del pirata tenía lugares para sentarse no bien uno abría la puerta. Justo al lado del sofá donde Kito dejara a Ahkire estaban los peldaños que llevaban a la parte alta de la casa. En unos cuantos minutos, el pirata regresó con un señor mayor, de anteojos y canas que acompañaban a una pequeña pero sincera sonrisa.
—¿Qué te ha pasado, chiquilla?— preguntó yendo directo al grano, mientras Kito murmuraba algo de darles espacio y volvía a subir los peldaños, dejando a Ahkire sola con el curandero.
—Me caí sobre mi propio pie y tronó. Un sonido similar al de un fruto maduro cediendo ante los dientes y nada más. No hubo dolor hasta hoy en la mañana.
Ahkire alzó la túnica para dejar ver su tobillo. Estaba inflamado y se notaba un tono entre púrpura y carmesí alrededor de la hinchazón.
El curandero fue por un pequeño banco y se sentó enfrente de la bruja alada. Cerró los ojos y empezó a frotar sus pulgares con ritmo veloz. Ahkire sintió la energía fluir alrededor del cuarto y reunirse en las manos del curandero. Era un rito de sanación que nunca antes había visto: ni avisos, ni explicaciones, ni pociones o rezos. Simplemente energía fluyendo.
La bruja alada sintió el momento como algo muy solemne. No tuvo tiempo de dudar, el anciano colocó las manos sobre su tobillo y, tras una punzada de dolor, lo demás fue un calor suave envolviéndola. La energía de Ahkire fluía por todo su cuerpo: la sentía partir de los dedos de las manos, de cada pluma de sus alas, de las curvas de su cuerpo, justo al tobillo. Tras un rato así, el curandero la invitó a recostarse en el sofá.
—Vamos a equilibrar todo, chiquilla.
El dolor había disminuido y la piel del tobillo volvía a tener el brillo dorado del resto de la piel de la bruja. La hinchazón empezaba a ceder. ¿Qué magia era ésta? 
El curandero la observó:
—Tienes miedo. Te has sentido frustrada últimamente. Insegura. Cosa rara, porque no te ves como alguien insegura
Ahkire observó al curandero, la perplejidad pintada en su rostro.
—Debes dejar de ver el mundo en un espectro de grises y negros. Saborea la vida: vuelve a ver la gama de colores que hay. Acomodé las sincronías para que sepas tomar las oportunidades en el momento preciso: ni antes, ni después. No tengas miedo. Noto esa inseguridad, no acabas de definir tu camino. Sé que hay muchas posibilidades pero pregúntate, en serio pregúntate qué es lo que quieres. No trabajes: diviértete. Ahí está la clave.


Dos horas después, Kito bajó los peldaños ante el llamado de su padre.
—¿Todo bien?
Ahkire sonreía de una forma sutil, el asombro pintado en sus ojos violáceos. 
—Sí, todo bien.— volteó a contemplar al curandero— de verdad, gracias.
—No, no agradezcas. Sólo no olvides.
El curandero la abrazó con fuerza.
—No olvides los colores.

sábado, 8 de agosto de 2015

Carta abierta



He querido escribirte desde hace mucho. Desde marzo no me hablas. Te extraño.

Nunca he sabido si es mi mente de escritora, pero mi memoria es buena y me golpea con frecuencia. Cada que bajo las escaleras de mi casa, paso por el tramo junto al estacionamiento y se me encoje el corazón. Me he obligado a bajar casi diario por las escaleras en lugar del elevador, a ver si venzo esto, pero he fallado rotundamente. Bajo, veo el descanso donde me senté junto a ti y te abracé mientras te soltabas llorando. Se me rompió el corazón. ¿Qué podía hacer para librarte del dolor?

Habría amado poder ser como en "The Green Mile", absorber de alguna forma lo que te aquejaba y mandarlo al espacio. Pero sé que no funciona así. Me escuchaste tanto tiempo tras mi rompimiento, me animaste, me quisiste. Y no pude devolver el amor de la forma adecuada. Me remuerde la conciencia. ¿En qué momento te provoqué dolor, pequeña? ¿En qué momento me volví algo malo para ti? Sé que contó mucho que él te decía "Ya hablé con Nerea y ella opina equis y zeta". Lo que me pregunto es cuántas veces lo habrá dicho en serio y cuántas veces lo habrá dicho para lastimarte. Porque así como hice contigo, cuando hablaba con él procuraba no opinar. Procuraba ser imparcial. Tonta yo. Quería ser un apoyo y ahorrarte dolor. Acabé siendo lo contrario. Sé que él nos comparaba. Y francamente cuando lo supe, lo regañé. Eso no se hace. NUNCA. Pero fue muy tarde. Me volví algo doloroso para ti.

Pasó tu cumpleaños y yo sólo pensaba en marcarte. Facebook me recuerda buenos momentos: hace poco me salió una publicación de cuando nos vimos para un café y acabamos comiendo sushi y luego helado, todo el día contigo en Plaza Universidad, platicando de la vida. Y ya es agosto, así que Facebook no tardará en decirme que fuimos juntas a ver el primer capítulo de Doctor Who hace un año.

Pequeña, te extraño. Me preocupas. Todas las veces que dije que creía que debías cortar con él fue porque veía el desgaste. Los adoro a ambos y eso era precisamente lo que me impedía mentir, me impedía tratar de hacer algo porque no cortaran: se estaban lastimando tanto. Decirte que no iba a abogar por ti con él me costó mucho trabajo. ¡Me había costado tanto generar la confianza entre nosotras! Conocía el riesgo: que te enojaras conmigo, que pensaras que era mala amiga. Y creo que fue más allá de eso. Ya no sé de ti, pero me sigo preocupando, mucho. Quisiera verte volar alto, pequeña: estabas en el proceso doloroso de crecer, de reencontrarte, reenamorarte de ti misma y tus sueños. Y ahora ¿en qué punto estarás? ¿La vida me dejará volver a compartir contigo?

Quiero pensar que sí. 

Dioses, ni siquiera sé si leerás esto, pero necesito que esté ahí. Que sepas que estoy aquí. Que sepas que para mí las amistades son un trabajo constante, un amor incondicional, un siempre estar. Y que siempre estar implica respetar las distancias. Si me cortaste de tu vida debo respetarlo (por eso no he insistido en buscarte). Oh, pero te extraño tanto. Sigo aquí. Seguiré aquí. Esperándote. 


"But I'm gonna love you
You say maybe it will last this time
But I'm gonna love you
You never have to ask
I'm gonna love you
'Til you start looking back
I'm gonna love you
So I wouldn't need a second chance"

Te quiero


martes, 28 de julio de 2015

Manías

No me gusta ir de compras. La etiqueta esa de que las mujeres somos compradoras compulsivas no me queda del todo—paréntesis o nota al pie o volvemos a este punto— puesto que para mí las plazas comerciales son un infierno absoluto.

Prefiero, tanto por cuestiones de ahorro como de sanidad mental, ir consiguiendo los regalos de Navidad de a poquitos desde más o menos esta época a tener que buscarlos todos en plena época decembrina (el año pasado no hice esto y acabé yendo a plazas comerciales más veces y tiempo del que me gustaría, engentándome y hartándome bastante en el proceso). Cuando voy a comprar algo, pienso muy bien qué es lo que busco. No compro zapatos ni ropa por impulsividad. Siempre es pensando "necesito tal o cual cosa" y voy directo a comprar eso. Claro, me ha pasado que acompañando a mi hermana a que ella compre algo, reviso qué hay y compro algo que me guste. Pero eso de las "compras terapéuticas" y demás cosas del tipo no es lo mío.

Me puse a pensar en esto porque hoy fui a comprar un traje de baño. Y soy muy específica con lo que busco. Pensé "quiero un bikini que sea de preferencia morado o turquesa". Eso redujo mis posibilidades a 5 modelos. Entré y salí de la tienda en menos de media hora, ya con el traje de baño en mis manos.

Le comenté esas manías mías a cierto chico y me dijo que es muuuy específico "pero no fueran libros". Exacto. Ahí sí puedo estar un largo rato dando vueltas revisando estantes. E incluso en ese caso tiene sus asegunes: la venta nocturna del Fondo de Cultura Económica, por ejemplo, se me hace una cosa terrible por la cantidad de gente (terrible para mí y mis nervios, excelente para matar la idea de que la gente no lee y no invierte en libros).

No sé si esta manía viene de la cantidad de años que pasé sabiendo que no podía comprar algo a menos de que fuera una necesidad. Crecí con limitaciones económicas, asistiendo a una escuela donde las marcas de la ropa y la capacidad de gastar dinero en los fines de semana caminando en una plaza comercial eran pautas de vida. Yo era la niña que compraba (y a mucha honra) su ropa en lso tianguis porque para eso alcanzaba.

Es por lo mismo que en el momento en que pude pagarme mis cosas decidí dejar de lado la etiqueta de vergüenza al momento de poder comprar lo que quería. "No te arrepientas por gastar dinero en lo que amas". Alguna vez platicándolo con mi querida Mar salió el que necesitamos esos pequeños gustos, esos pequeños despilfarros, son buenos para el alma: un helado para compartir con G, un libro para alimentar mi mente y mis ojos, unos zapatos porque se gastan muy rápido. Con Aru, al final, como el dinero era pleito para todo regresó la culpa cada vez que me daba un gustito. Es absurdo.

Creo que en general soy muy medida y cuidadosa con mis gastos. Y soy muy específica en lo que deseo comprar. Como mi traje de baño de hoy. Todos tenemos manías, y creo que son consecuencia de las cosas que vivimos. El chiste es conseguir un punto medio (en este caso ni gastar a lo loco ahora que puedo, ni ser absolutamente marra). Además, no soy exigente para esas cosas en particular. Recuerdo que Aru decía que era fácil complacerme: un libro, una taza de buen té o café, y listo. Creo que sigo siendo así, en general.

Tengo mis pequeñas manías y sigo odiando ir de compras, pero ya no es algo pesado como lo fue antes. Vamos progresando.

martes, 21 de julio de 2015

Sorpresas

Un día cualquiera quedé con un chico para tomar un café y platicar de negocios. Quedamos en vernos a las 4:00 p.m. y, tras un breve rato de platicar, volteó a ver su celular y me dijo "Señorita, ¿quiere que la lleve a su casa? Ya son las 8:00 de la noche". Breve rato, dije. Cuatro horas. Justo cuando llevaba una semana de juntas de no más de una hora: directo al grano. 

Pero cuando él llegó conmigo y empezamos a platicar, la plática navegó entre el por qué de su negocio, qué carrera estudió, a qué me dedico yo... y las horas se me deslizaron de una forma inesperada, sorprendente, la envidia de los hombres grises que no consiguieron meternos la prisa en el hablar. Me hizo reír y me hizo sorprenderme, porque ese muchacho sentado enfrente mío estudió Literatura y se ha enfocado en México, en lo contemporáneo. Es una enciclopedia con pies sobre las letras mexicanas. Me soltó nombre tras nombre y tuve que admitir que si acaso reconocí un par. Nunca me he preocupado mucho por leer lo que hay en las letras de nuestro país. Tampoco es que me haya preocupado por saber mucho de las letras de alguna nación en particular: mi brújula literaria ha ido siempre según el latir de mi inquieto corazón. Pero este chico sí ha puesto una misión y a partir de los autores nacido en 1960 inició un estudio a conciencia de lo que ofrecen las plumas mexicanas.

Es inteligente. Muy inteligente. Y emprendedor, puesto que da clases, tiene un negocio—que fue el que propició el que nos reuniéramos— y está metido en las letras, en lo editorial. Ha viajado y ha leído, mucho. MUCHO. Saber que el año pasado leyó más de 100 libros, me dejó atónita. No lo hizo más que por reto personal. Creo que hasta él mismo se sorprendió al ver cuánto había leído. Estamos cocinando un negocio juntos. Pero es un chico que me llama de una forma inquietante.

El día que lo conocí lo escuché con atención y en el momento en que empecé a pensar en las posibilidades de lo que podíamos armar, me decidí a llamar su atención. Pero no imaginé que él me iba a llamar tanto la atención. Es extraño. Rara vez alguien me llama la atención de esa forma tan completa: lo que dice, lo que hace, el cómo se expresa.

Es más chico que yo. Mucho más chico que yo. Me provoca una sensación confusa, porque lo siento mucho más grande que yo en cuanto a algunas cosas (¿cómo sabe tanto? estoy acostumbrada a que los que me llevan más años hayan leído más que yo, pero él ¿cómo diablos le ha hecho?) me siento pequeña y a la vez cómoda. Me sorprende. Platico con él, o lo escucho platicar, y me envuelve en su charla. Sonrío, asiento, a veces suelto una risa que me agarra desprevenida porque me hace reír. Es lindo reír. Me habla de cosas felices, de buscar lo que es feliz y de libros, de autores, de proyectos, de trazos, mapas y rutas por descubrir. ¿Cómo es esto posible?

Dos cafés, largas charlas por Whatsapp y me siento sorprendida. Hace poco vi un video de un stand up en el que decían que después de los 30 años ya nada sorprende, y yo me encuentro aquí, sorprendida por la vida. ¿Por qué? 

Yo debería estar triste con las noticias de mi casa, con la enfermedad, con el sueño en el que dos de mis tíos se pelean para entregarme en mi boda (porque mi papá no está, no estará, lo siento... aunque puede ser que nunca me case y sea eso lo que proyecto) y sin embargo, paso tiempo con él y me siento etérea. Río. Sonrío. No son nervios. Es una calidez agradable que se desprende de este no saber qué demonios pasa, pero tampoco querer controlarlo. Vivir en el momento. Es sorprendente, y obviamente, tras todo lo que esta bruja ha vivido, atemorizante. Es de dar terror que alguien me escuchó un ratito y se sorprendió "haces muchas cosas, es agradable". Y de ahí hablar de encuentros que sorprenden y que uno agradece. Quiero quedarme parada en este momento, extenderlo, saborearlo. Quiero mantener esta sorpresa para que sea un lugar feliz al cual regresar, porque voy a necesitar esa felicidad, así, en pequeñas dosis y embotellada. Me salvará más adelante, lo sé.

lunes, 6 de julio de 2015

I don't belong here

How do I slow down? I can't relate to my heart now
I've thrown what I known, is it enough for me out?
I'm running on empty

I've gotta find someway to fumble right through this new heartache
It's torn me apart
Oh, lovesick mistake, turn me away

domingo, 5 de julio de 2015

lunes, 2 de febrero de 2015

Ironías de la vida

Catrin Welz Stein



C'mon on and send a sign
I'll be your dirty little secret
And you'll be mine
—Bon Jovi

Algún día, quizá, me gustaría casarme y tener más hijos, a pesar de que me CHOCA la idea de que G se lleve 10+ años con cualquier posible hermano/hermana. Sin embargo, ahorita, AHORITA estoy disfrutando mi soltería.

Lo curioso del asunto es que justo en el punto en que dejé de estar de luto, en que retomé quién soy y hacia dónde voy, justo en ese punto de "Wow, ya no me acordaba lo que era andar soltera y me gusta", hay chicos a mi alrededor que buscan algo un poco más serio conmigo.

Ya sea que me quieren hacer "set-up's" con chicos que "piensan muy parecido a ti, además de que es guapo y se me hace tu tipo" (¿mi tipo? ¿eso qué significa? porque mi historial de ex's no me deja bien parada) o que alguien me busque con insistencia para salir conmigo, invitarme a comer o a cenar... ¡me causa no terror sino lo que le sigue!

Justo lo hablaba con un amigo: prefiero cosas no serias. Me es fácil salir con quienes sé que no buscan una relación seria conmigo. Y no por ser parte de la modernidad líquida de la que tanto habla Bauman. No que no crea en el amor. Simplemente NO QUIERO involucrarme con nadie. Porque a final de cuentas me da miedo. 

Pienso en Mar diciéndome que ella, hace muchos años, cuando le rompieron el corazón, optó por quedarse sola. Y lo cumplió a raja tabla. "Tal vez tú decidas hacer lo mismo, y se vale". No me imagino soltera (ni mucho menos célibe) por el resto de mis días. Igual, irónicamente, siento que si dejo pasar mucho tiempo ya no voy a querer casarme porque ya no me toca, porque ya es muy tarde o por cualquier absurdo pretexto.

Creo que en gran medida ya me cansé de acabar con el corazón hecho añicos y confío muy poco en mis propias elecciones de pareja. Y el juego de las relaciones informales me lo conozco muy bien. De cierta forma (a really twisted way, probably) es mi zona de comfort. No hay expectativas con los flings porque ya sé que no son "para toda la vida". Chance por eso hace tiempo me salía tan bien el ser mistress, al fin y al cabo no había riesgos ahí. Cada vez que fue el affaire de alguien, yo lo hacía sin intención de que dejaran a la "Mujer oficial", sino con el afán de pasar bien el rato. Era un punto seguro de la vida. No había riesgos de que me rompieran el corazón, porque de alguna forma sabía ponerme límites muy claros y nunca me entregaba del todo. Salvo el Mago Negro, pero ésa es otra historia.

Hoy estoy igual, poniéndome pretextos para no salir con nadie que parezca medianamente buen tipo. Mucho trabajo, muchas cosas qué hacer, la responsabilidad de G. Proteger mi corazón a toda costa de que me lo madreen de nueva cuenta. Finalmente es eso. Evitar un madrazo, uan traición, yet again. Porque yo no sé hacer las cosas a media tintas, porque si me enamoro es con todo y es un riesgo tremendo. Y ahorita no quiero riesgos.

jueves, 29 de enero de 2015

¿Y ahora?

"The Balance" by Christian Schloe


No estoy acostumbrada a que me cortejen. No estoy acostumbrada a que me digan qué linda me veo y que quieren invitarme a salir a hacer lo que yo quiera, con tal de conocerme más. No estoy acostumbrada a que pongan atención a lo que les digo y que se aprendan mi signo del zodiaco y me digan que dicen los horóscopos que mi signo y el suyo son la pareja ideal (cosa que sí, casualmente es cierto que juran los astrólogos que mi signo y el suyo son un match made in Heaven). 

No estoy acostumbrada a que memoricen los detalles de cómo cae mi cabello, o qué historias me gustan, cuál es mi agenda o la edad de mi hijo, no cuando son detalles sueltos en un café un miércoles cualquiera después de trabajar. 

No sé qué se hace cuando no me buscan exclusivamente por lo sexual, o de menos no tan de entrada. No sé qué demonios procede cuando me marcan por teléfono porque "prefiero escuchar tu voz a sólo leerte" ni qué decir cuando me comentan que el sonido de mi risa es agradable. 

No tengo idea de cómo funciona cuando las letras cursis de canciones románticas parecen haberse resbalado en la vida real y entonces hacen el esfuerzo por verme, invitarme un café, invitarme a salir, tratar de conocerme, como si fuera alguien interesante. 

No. No tengo la más remota idea de qué hacer. Sé cómo manejar a los hombres que me tiran los calzones de entrada porque quieren meterme en la cama. Conozco la desfachatez del coqueteo plenamente sexual. Sé cómo escaparme de esas tretas, e incluso lo hallo ameno. Pero ¿esto? ¿Esto?

No estoy acostumbrada a que me cortejen porque la única persona que lo hizo fue Viko, y aún así su cortejo fue express y al final me sentí traicionada.

No, no sé qué se hace. Y me choca no saber qué hacer.

sábado, 24 de enero de 2015

De evasiones y otros demonios

Le dije a mi papá que me enteré esta semana que el escritor Alberto Chimal me guardó un lugar en su taller de narrativa, pues la semana pasada me tomé un café con Raxxie y le comenté que quiero publicar este año sí o sí. Salió el comentario de que hace mucho que no ejercito mi pluma con guía. Claro, escribo mucho, pero sin alguien que me dé orientación. Mi momento más prolífico de textos fue cuando estuve en el Taller de Creación Literaria de la prepa (ya llovió), porque había una exigencia y una disciplina. 

Sin embargo, el taller es una de muchas otras cosas que quiero/tengo que hacer. Esta semana inicié un curso/diplomado de Teoría de la Imagen en el libro álbum y un seminario de creación de proyectos artísticos con niños. Al mismo tiempo tengo mi trabajo de fijo, la revista, un proyecto de traducción, un trabajo freelance de escribir notas para una blog, me pidieron un artículo sobre el canon literario para otra revista online... con mi trabajo actual salgo mucho de viaje, hay que acabar la tesis y liberar un par de materias en la escuela. Está G, por supuesto y mi vida social. 

—Cualquier pensaría que te estás evadiendo de la realidad—me dijo mi papá al notar el listado de cosas a las que me he apuntado.

Mi primera reacción fue pensar que por supuesto no me estoy evadiendo de nada. Hacía mucho que no me sentía tan plena y feliz. El 2015 me encontró bien y de buenas, con ganas de avanzar mucho y de romper cualquier cadena: no quiero quedarme con ganas de nada. Recibí el año con la apertura de aceptar todas las oportunidades que se me presentaran, y resulta que se me han presentado MUCHAS.

Empero, me acordé de lo que a finales del 2013 me dijera el adivino de las cartas: "Nada te asusta, a nada le dices que no, salvo al amor".

Quizá en cierta medida sí me estoy evadiendo, pero lo que estoy evadiendo es la posibilidad de que alguien quiera estar conmigo. Lo estuve pensando hoy, hace rato. Curiosamente, en esta semana noté cuánto le llamo la atención a los hombres que me rodean. Un chico de sistemas de donde trabajo me acompañó ayer al metrobús, haciéndome la plática y coqueteando conmigo. El jueves vino el niño que arregla las compus en mi casa y mi hermana me dijo que seguro le rompí el corazón porque el pobre chico casi me dijo "Nerea, te amo" y yo no le daba ni la hora del día. (exagerada mi hermana, claro). Uno de los editores de la oficina me marcó por teléfono para invitarme a salir "Haremos lo que quieras, yo sólo quiero consentirte este fin de semana". 

Al de sistemas lo espanté con la carta de "Soy madre soltera", al de las compus con mi carta de "platico contigo pero soy fría y cortante" y al editor con "tengo mucha tarea que sacar este fin de semana".

Me he ocupado mucho y es difícil que salga con alguien. Y el tiempo que sí llego a tener disponible lo ocupo o con mis lecturas o con mis amigos. Lo más curioso del asunto es que sí ando terriblemente coqueta. En cierto punto entre noviembre y ahora recordé que soy una mujer atractiva y he disfrutado mucho del simple placer de arreglarme y de sonreír. Escucho a los hombres que tratan de ligarme, con una sonrisa pícara en los labios, pero sin intención de nada con nadie, porque más allá de charlas de elevador o de metrobús, evito el contacto físico a toda costa. Más allá de haberle aceptado un café al editor, no he salido con nadie. Y el editor me causa un poco de preocupación: filósofo. ¿Por qué siempre me persiguen los filósofos?  "Nada te asusta, Nerea..." 

Volvemos a las ironías de la vida. Tengo esta idea insana de que como ya tengo 30 no me casaré ni tendré más hijos, y al mismo tiempo le huyo a cualquier posibilidad de abrirme con nadie que sea nuevo. Temo que una relación, además de que sea complicada por G, signifique volver a reprimirme o no ser yo misma. Temo que quieran volver a amarrar mis alas o me acaben diciendo otra vez que estoy loca o algo así. No quiero frenarme y estoy viviendo a una velocidad impresionante.

Viajo mucho, yo sola, y lo disfruto bastante. Estoy estudiando mucho y me gusta. No quiero frenarme. Al final, la vida son sólo las elecciones que tomamos. Al final, quizá sí me quede sola por elegir ser quien soy y no parar.

sábado, 3 de enero de 2015

2015

Esta bruja no cree en los propósitos de Año Nuevo. Siempre los he visto más como buenas intenciones que, tras la emoción de las primeras dos semanas del año, se van disipando. Yo suelo ponerme metas. La verdad, cuando inició 2014 sólo pedía sanar mis heridas y reconstruirme. Que saber de Aru ya no me doliera y, con mucha buena voluntad, conseguir volver a reírme. No pensé en mucho más cuando terminaba 2013. Por fortuna, 2014 me llenó de ánimo y bendiciones a pesar de mis altibajos y mi tristeza.

En octubre dejé de escribir acá, pero fue porque estaba muy reflexiva. MUY reflexiva. Ahora que inició ya el 2015 puedo ver que 2014 fue un año de mucho aprendizaje y crecimiento. Ya no soy para nada quien era al inicio del año recién concluido. Así que esta vez sí tengo mi listita de metas:

1. Bailar. Salsa. Bachata. Pole dance. 
2. Viajar. MUCHO. Chiapas, Oaxaca, Los Cabos, Cozumel, Guanajuato, Mérida y Campeche. Mínimo.
3. Publicar. Novela de preferencia. Cuentos como mínimo. Tirándole muy alto: ambos. 
4. Estudiar. Ya estoy inscrita en un diplomado de Teoría de la imagen y en un Seminario de Arte e Infancia. 
5. Titularme.
6. Tener mi espacio propio.
7. Bloguear con frecuencia. Acá y en el "oficial". Pero no depresiones. Mi idea es aportar cosas que valgan la pena.

Ante todo, para mí este año va a ser de disfrutar y ser feliz. Reír mucho. Gozar. Atreverme. Quiero mis tatuajes este año. Quiero no frenarme. Y claro, seguir trabajando muchísimo, como loca, porque sólo el día que me muera sabré estarme en paz.
No son propósitos: son metas y hay que trabajar por ellas. Pero está bien, nada que no nos cueste es valorado por nosotros. Así que a echarle todas las ganas posibles.

Así que a por un año simple, de debraye, de risas, y de diversión.