Un día cualquiera quedé con un chico para tomar un café y platicar de negocios. Quedamos en vernos a las 4:00 p.m. y, tras un breve rato de platicar, volteó a ver su celular y me dijo "Señorita, ¿quiere que la lleve a su casa? Ya son las 8:00 de la noche". Breve rato, dije. Cuatro horas. Justo cuando llevaba una semana de juntas de no más de una hora: directo al grano.
Pero cuando él llegó conmigo y empezamos a platicar, la plática navegó entre el por qué de su negocio, qué carrera estudió, a qué me dedico yo... y las horas se me deslizaron de una forma inesperada, sorprendente, la envidia de los hombres grises que no consiguieron meternos la prisa en el hablar. Me hizo reír y me hizo sorprenderme, porque ese muchacho sentado enfrente mío estudió Literatura y se ha enfocado en México, en lo contemporáneo. Es una enciclopedia con pies sobre las letras mexicanas. Me soltó nombre tras nombre y tuve que admitir que si acaso reconocí un par. Nunca me he preocupado mucho por leer lo que hay en las letras de nuestro país. Tampoco es que me haya preocupado por saber mucho de las letras de alguna nación en particular: mi brújula literaria ha ido siempre según el latir de mi inquieto corazón. Pero este chico sí ha puesto una misión y a partir de los autores nacido en 1960 inició un estudio a conciencia de lo que ofrecen las plumas mexicanas.
Es inteligente. Muy inteligente. Y emprendedor, puesto que da clases, tiene un negocio—que fue el que propició el que nos reuniéramos— y está metido en las letras, en lo editorial. Ha viajado y ha leído, mucho. MUCHO. Saber que el año pasado leyó más de 100 libros, me dejó atónita. No lo hizo más que por reto personal. Creo que hasta él mismo se sorprendió al ver cuánto había leído. Estamos cocinando un negocio juntos. Pero es un chico que me llama de una forma inquietante.
El día que lo conocí lo escuché con atención y en el momento en que empecé a pensar en las posibilidades de lo que podíamos armar, me decidí a llamar su atención. Pero no imaginé que él me iba a llamar tanto la atención. Es extraño. Rara vez alguien me llama la atención de esa forma tan completa: lo que dice, lo que hace, el cómo se expresa.
Es más chico que yo. Mucho más chico que yo. Me provoca una sensación confusa, porque lo siento mucho más grande que yo en cuanto a algunas cosas (¿cómo sabe tanto? estoy acostumbrada a que los que me llevan más años hayan leído más que yo, pero él ¿cómo diablos le ha hecho?) me siento pequeña y a la vez cómoda. Me sorprende. Platico con él, o lo escucho platicar, y me envuelve en su charla. Sonrío, asiento, a veces suelto una risa que me agarra desprevenida porque me hace reír. Es lindo reír. Me habla de cosas felices, de buscar lo que es feliz y de libros, de autores, de proyectos, de trazos, mapas y rutas por descubrir. ¿Cómo es esto posible?
Dos cafés, largas charlas por Whatsapp y me siento sorprendida. Hace poco vi un video de un stand up en el que decían que después de los 30 años ya nada sorprende, y yo me encuentro aquí, sorprendida por la vida. ¿Por qué?
Yo debería estar triste con las noticias de mi casa, con la enfermedad, con el sueño en el que dos de mis tíos se pelean para entregarme en mi boda (porque mi papá no está, no estará, lo siento... aunque puede ser que nunca me case y sea eso lo que proyecto) y sin embargo, paso tiempo con él y me siento etérea. Río. Sonrío. No son nervios. Es una calidez agradable que se desprende de este no saber qué demonios pasa, pero tampoco querer controlarlo. Vivir en el momento. Es sorprendente, y obviamente, tras todo lo que esta bruja ha vivido, atemorizante. Es de dar terror que alguien me escuchó un ratito y se sorprendió "haces muchas cosas, es agradable". Y de ahí hablar de encuentros que sorprenden y que uno agradece. Quiero quedarme parada en este momento, extenderlo, saborearlo. Quiero mantener esta sorpresa para que sea un lugar feliz al cual regresar, porque voy a necesitar esa felicidad, así, en pequeñas dosis y embotellada. Me salvará más adelante, lo sé.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario