Le dije a mi papá que me enteré esta semana que el escritor Alberto Chimal me guardó un lugar en su taller de narrativa, pues la semana pasada me tomé un café con Raxxie y le comenté que quiero publicar este año sí o sí. Salió el comentario de que hace mucho que no ejercito mi pluma con guía. Claro, escribo mucho, pero sin alguien que me dé orientación. Mi momento más prolífico de textos fue cuando estuve en el Taller de Creación Literaria de la prepa (ya llovió), porque había una exigencia y una disciplina.
Sin embargo, el taller es una de muchas otras cosas que quiero/tengo que hacer. Esta semana inicié un curso/diplomado de Teoría de la Imagen en el libro álbum y un seminario de creación de proyectos artísticos con niños. Al mismo tiempo tengo mi trabajo de fijo, la revista, un proyecto de traducción, un trabajo freelance de escribir notas para una blog, me pidieron un artículo sobre el canon literario para otra revista online... con mi trabajo actual salgo mucho de viaje, hay que acabar la tesis y liberar un par de materias en la escuela. Está G, por supuesto y mi vida social.
—Cualquier pensaría que te estás evadiendo de la realidad—me dijo mi papá al notar el listado de cosas a las que me he apuntado.
Mi primera reacción fue pensar que por supuesto no me estoy evadiendo de nada. Hacía mucho que no me sentía tan plena y feliz. El 2015 me encontró bien y de buenas, con ganas de avanzar mucho y de romper cualquier cadena: no quiero quedarme con ganas de nada. Recibí el año con la apertura de aceptar todas las oportunidades que se me presentaran, y resulta que se me han presentado MUCHAS.
Empero, me acordé de lo que a finales del 2013 me dijera el adivino de las cartas: "Nada te asusta, a nada le dices que no, salvo al amor".
Quizá en cierta medida sí me estoy evadiendo, pero lo que estoy evadiendo es la posibilidad de que alguien quiera estar conmigo. Lo estuve pensando hoy, hace rato. Curiosamente, en esta semana noté cuánto le llamo la atención a los hombres que me rodean. Un chico de sistemas de donde trabajo me acompañó ayer al metrobús, haciéndome la plática y coqueteando conmigo. El jueves vino el niño que arregla las compus en mi casa y mi hermana me dijo que seguro le rompí el corazón porque el pobre chico casi me dijo "Nerea, te amo" y yo no le daba ni la hora del día. (exagerada mi hermana, claro). Uno de los editores de la oficina me marcó por teléfono para invitarme a salir "Haremos lo que quieras, yo sólo quiero consentirte este fin de semana".
Al de sistemas lo espanté con la carta de "Soy madre soltera", al de las compus con mi carta de "platico contigo pero soy fría y cortante" y al editor con "tengo mucha tarea que sacar este fin de semana".
Me he ocupado mucho y es difícil que salga con alguien. Y el tiempo que sí llego a tener disponible lo ocupo o con mis lecturas o con mis amigos. Lo más curioso del asunto es que sí ando terriblemente coqueta. En cierto punto entre noviembre y ahora recordé que soy una mujer atractiva y he disfrutado mucho del simple placer de arreglarme y de sonreír. Escucho a los hombres que tratan de ligarme, con una sonrisa pícara en los labios, pero sin intención de nada con nadie, porque más allá de charlas de elevador o de metrobús, evito el contacto físico a toda costa. Más allá de haberle aceptado un café al editor, no he salido con nadie. Y el editor me causa un poco de preocupación: filósofo. ¿Por qué siempre me persiguen los filósofos? "Nada te asusta, Nerea..."
Volvemos a las ironías de la vida. Tengo esta idea insana de que como ya tengo 30 no me casaré ni tendré más hijos, y al mismo tiempo le huyo a cualquier posibilidad de abrirme con nadie que sea nuevo. Temo que una relación, además de que sea complicada por G, signifique volver a reprimirme o no ser yo misma. Temo que quieran volver a amarrar mis alas o me acaben diciendo otra vez que estoy loca o algo así. No quiero frenarme y estoy viviendo a una velocidad impresionante.
Viajo mucho, yo sola, y lo disfruto bastante. Estoy estudiando mucho y me gusta. No quiero frenarme. Al final, la vida son sólo las elecciones que tomamos. Al final, quizá sí me quede sola por elegir ser quien soy y no parar.
Claro, es que a los 30 ya estás viejísima y quedada... jajaja :P
ResponderBorrarNo te preocupes, Nerea, no vivimos en 1900. Tienes todo el tiempo que quieras darte, así es que disfruta, siéntete coqueta si quieres y ábrete cuando y con quien sientas confianza. Cuidar el corazoncito no es algo malo. Mientras no lo entierres (que creo que no es tu caso), no es algo grave ;)
Pues no quedada, pero yo no quería que G se llevara 10+ con cualquier posible hermano así que esa posibilidad cada vez está más lejana...
BorrarPues no. Pero creo que uno va aprendiendo que no decide abrir su corazoncito nada más para que las edades entre los hijos queden "bien" acomodadas, ni para quedar con ningún criterio numérico. Hay muchas cosas que uno planea de su vida, pero al momento de vivirla, los planes siempre se mueven. Al menos a ti y a mí no nos ha ido conforme a lo planeado, jeje. Pero no creo que sea necesariamente malo. Creo que también se puede aprender a disfrutar esa incertidumbre que es la vida, porque, como trae rupturas de planes, también trae sus sorpresas inesperadas :)
ResponderBorrar