"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

lunes, 31 de diciembre de 2018

2019

Se acaba el 2018 y veo a todos en redes sociales ponerse súper cursis. El recuento de sus años, en fotos y buenos deseos para el mundo. Creo que me causa un poco de ruido, porque durante casi todo el mes vi a la gente diciendo que qué bueno que se acaba el año porque fue horrible.
La verdad, 2018 ha sido por mucho uno de los mejores años de mi vida: viajé, reí, bailé, gocé con mis amigos y a pesar de mis momentos de muchísimo estrés en el trabajo, me siento orgullosa de mí misma y lo que he logrado en la chamba.
Topé con una charla TED que creo que me define lo que he logrado, algo que en su momento fue motivo de resentimientos ajenos: siempre he sabido hacia dónde voy. A veces parece que lo olvido, pero no lo pierdo, sigo teniendo un norte. Y mientras exista en mi vida y luche por ello un poco cada día, me habré salvado de la monotonía del olvido. Venga, 2019, estoy lista.

lunes, 8 de octubre de 2018

Brightside is...


"I need direction to perfection, no no no no
Help me out"

Hay veces en que creo que me aferro a quedarme en un lugar más tiempo del necesario. Me pasó con Aru, me pasó con el Mago Negro... y creo que por primera vez en la vida me está pasando con un trabajo. Go figure! Si de un sitio suelo huir es de los lugares de trabajo. Por un tiempo pensé que al fin había llegado a un sitio donde podía quedarme largo tiempo. Llevo dos años y cacho en la Agencia. Eso, contra mis otros empleos, es MUCHO tiempo. Lo más que me había quedado en algún lugar había sido un año. Era mi límite y normalmente llegaba a marchas forzadas, como fue en el Restaurante cuando fui hostess o en el call center cuando estaba tratando de ser el ingreso mientras alguien más perseguía sus sueños.
Esta vez las marchas forzadas han sido de julio para acá. Por un lado me he aferrado porque el sueldo no es malo, pero ya he comentado antes que mi salud se ha visto perjudicada en varias ocasiones, con mi última racha migraña-cistitis-infección de riñones-colitis-accidente como la cereza del pastel.
Hoy platicando con Sobrino, supe que la Agencia tiene problemas y que están considerando incluso hacer recorte de personal. Él, por su puesto, tiene la oportunidad de tratar de salvarme o de pugnar porque me vayan. La ventaja de que me fueran, sería un paquete de liquidación. Por un lado, la idea de que me liquiden no me agrada porque soy una orgullosa que no quiere admitir una derrota. Y sé, por otras experiencias, que no poder dar "el primer golpe" o no ser quien toma la decisión, hace que me obsesione un poco con la experiencia. Es algo que no quisiera repetir. 
El problema aquí, realmente, es que no sé de qué buscar chamba. El ser un bicho tan extraño es complicado para venderse. Además, no sé si quisiera seguir en la friega de este mundo sin alma. Sí, claro, la paga es buena, pero no es así en todas las agencias. 
Y ya estamos en el último trimestre del año, lo que complica la vida muchísimo para las contrataciones. Yo sé bien que en noviembre se frenan las cosas y hasta enero-febrero se reactivan. 
Entonces, ¿dónde está lo bueno de todo este asunto?
El freelance ha ido bien, he podido ahorrar y todavía me deben caer un par de pagos. Si me liquidaran, creo que tendría lo necesario para apechugar el cierre de año. El tema es, ¿qué hacer después? Odio sentirme tan perdida. 

miércoles, 3 de octubre de 2018

For better and for worse



Ayer vino a verme en la mañana la Reina de los Conejos. Teníamos un rato de no vernos en persona, a pesar de que gracias al WhatsApp solemos platicar con frecuencia. Es curioso cómo se dan las amistades hoy en día. Con la Reina de los Conejos platico mucho, tanto de las peripecias para sobrevivir en un mundo freelance donde el trabajo es mal pagado, hasta sobre por qué no entendemos a los hombres. Ella es más chica que yo, pero siempre se me ha hecho una mujer centrada. Sabe perfectamente lo quiere y va haciendo sus planes para alcanzar los objetivos. Me encanta su ímpetu y sus ganas de salir adelante.
Recientemente, su situación ha sido complicada porque su mamá se enfermó, estuvo hospitalizada, tuvo operaciones... pero ya está en su casa y se va recuperando. A distancia, a través de mi celular y mensajitos, estuve lo más al pendiente que pude de ella. Es como sé ser amiga. Preguntando, recordando en la medida de lo posible las cosas, haciéndome presente aunque sea a través de una pantalla.
Yo creo que la amistad es en las buenas y en las malas. Las risas y los buenos momentos unen a la gente, pero atravesar por las situaciones dolorosas sin rajarse es lo que fortalece los lazos. Al menos, ésa ha sido mi experiencia. Yo me he visto muy afortunada al estar rodeada por gente que en mis peores momentos ha estado al pie del cañón, sin importar nada. Quizá por eso pienso en C todavía como un amigo, a pesar de que es el Demonio Mayor: cuando murió mi papá estuvo aquí, conmigo, sin rajarse. Todo el fallout que ocurrió después es otro boleto. Pero esos instantes de dolor absoluto en mi vida, son algo por lo que siempre le estaré agradecida.
Supongo que por eso cuando Tori me cuenta que un amigo suyo no la deja estar cerca ahora que pasa por momentos difíciles, entiendo su pesar y el que le duela. No entiendo cuál es la definición de amistad de la persona en cuestión, si prefiere alejarse de todo y de todos para no ser una carga cuando lo está pasando muy mal. ¿No son los amigos una red de apoyo, los que nos salvan hasta de nosotros mismos en nuestros momentos más oscuros?
La amistad no se puede poner en pausa cuando la vida es una cosa jodida. Por el contrario, es cuando menos necesitamos estar aislados. ¿O no?
Ayer, también, falleció el papá de Arimasen. Se me hizo un nudo en el estómago cuando me llegó su mensaje "Al fin pasó. Hoy en la mañana murió mi papá". Fue muy rápido. Fue muy repentino. Fue muy desgastante.
Hace apenas una semana diagnosticaron al padre de Arimasen con la enfermedad C-J, una cosa neurológica sin cura ni tratamiento, de esas loterías que nadie quiere sacar, pues sólo una persona en un millón la padece. La enfermedad va alterando las facultades mentales del paciente, genera demencia y eventualmente, en un lapso de entre un año y año y medio, cae en coma y muere. Empero, el padre de mi amigo se fue en un suspiro. Ni siquiera alcanzó a salir del hospital donde llevaba tres semanas internado. 

Arimasen vivió lo que es mi visión del infierno, ésa que no le deseo a nadie: las guardias en el hospital. Pero encima de todo vivió el que su padre dejara de conocerlo, porque la demencia entró en high gear. Por fortuna, alcanzaron a hacer las paces. 
Cuando supe que falleció su padre, le avisé a Malesan  y nos pusimos de acuerdo para ir al velorio. Me daba terror llegar sola. Fue en una funeraria J. García López, pero por suerte no la misma donde velamos a mi papá (si así hubiera sido, creo que me habría pegado muchísimo más). Por supuesto que me sentí renuente a ir al velorio, pero se trata de mi mejor amigo, el que ha dejado cosas de lado para ayudarme, el que una Navidad manejó de Naucalpan a mi casa sólo para hacerme compañía durante la madrugada en lo que esperaba a saber qué había pasado con mi papá en el hospital, el que cuando tuve que irme a Querétaro a despedirme de mi abuelo vino a darle de comer a Cora dos veces al día un fin de semana. Tenía que estar con él, no sólo ayer sino en este trayecto que es el duelo.
Arimasen ya había hablado con mi mamá y mi abuelita sobre los trámites que le tocan a las viudas, pues sensato y pragmático como es, quería evitarle problemas a su madre. 
Su papá se fue más rápido de lo que esperábamos, pero al menos evitó el desgaste de un año que auguraban los médicos. Eso no quita que sea difícil. Es una situación que jamás es fácil y jamás se vive igual.
Para eso estamos los amigos, en las buenas y en las malas. Para eso estaré para él, como él ha estado para mí. El duelo apesta. Nadie lo vive igual, pero eso no implica que se deba vivir tan solitariamente. 

lunes, 1 de octubre de 2018

Octubre


Inicia mi mes favorito. Por supuesto, lo amo por ser mi cumpleaños, pero también porque a partir de mi cumple, llegan Día de Muertos y todo la época de festejo decembrina. Vi una imagen hoy que decía que octubre, noviembre y diciembre son viernes, sábado y domingo y no encuentro mejor descripción. Para mí, son meses de fiesta, de alegría, de cambios en el ambiente. Entre esos cambios está el cielo. Si bien odio el frío, los cielos de otoño e invierno siempre se me han hecho más prístinos, con las noches más despejadas y las lunas más bellas. Es como si la magia fluyera más libremente. 
Quizá por eso me identifico bruja: la magia de Halloween, de Día de Muertos, de Navidad, todo electrificando el ambiente. 
Al mismo tiempo, me siento en una encrucijada, y quizá que inicie en octubre es buen augurio. Hoy inició un taller de Raxxie al que no pude ir por dolor en el tobillo. Veré si me dicen que aún me aceptan la próxima semana, el sí ir. Me siento mal porque un par de veces Rax me ha echado en cara que le digo que voy a sus actividades y a la mera hora no llego. Jamás ha sido de mala onda y mucho menos me gustaría que mi amiga pensara que lo hago porque no me importa. En serio he tenido mala pata, hoy de forma muy literal, pues el tendón del tobillo de nuevo se inflamó (¡hola, baños de agua de agua helada alternados con agua caliente! No los pinches extrañaba). Además, una de las cosas que más necesito para mí misma es el espacio para escribir y he tenido ganas de tomar un taller con Rax desde hace años. 
Hoy también, retomé el escribir en el blog público-público. No he logrado definir una estrategia (debo hacerlo en estos días) y tampoco he hablado con Charly de ponerlo chulo (el blog, no vayan a pensar que poner chulo a Charly), pero si no me obligo a escribir diario, no lograré nada. ¡La novela, los cuentos! Ya estuvo bueno de dejar que la vida me pase a un lado y decir que no puedo controlar las cosas.
En efecto, hay cosas que no controlo, como el pie lastimado. Pero hay otras que sí puedo controlar, como darme mis tiempos para escribir, así sea a la hora de la comida en la oficina.
También sigo con la búsqueda de un mejor horizonte, porque la agencia cada vez me parece menos opción para lo que quiero hacer con mi vida. Claro que se necesita el dinero (maldito dinero), así que... no queda más que seguir trabajando y buscando mejores opciones.
Total que recibo octubre feliz, aunque no contenta con mi salud, pero buscando estar en paz conmigo misma y con las situaciones laborales. Suena enredado, pero creo que no lo es tanto.

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martes, 25 de septiembre de 2018

Un mes (casi) para los 34



De niña tenía la extraña sensación de que, por haber nacido en un día 24, cumplir 24 años iba a marcar un cambio fuerte o iba a ser un hito o, quizá, iba a ser el mejor momento de mi vida. ¡Alabado sea que mi punto más alto en esta vida no fueron mis 24! Sería una cosa tristísima que a menos de un tercio de mi vida ya hubiera llegado a lo que, en retrospectiva, era mi mejor momento.
Estoy a un mes (almost) de llegar a los 34. Si los comparo con los 24... veamos:

A los 24:
  • Estaba soltera. Tenía escasa una semana de haber conocido a Aru (quien por cierto se indignó conmigo por no haberlo invitado a mi festejo de cumple, me enteré de eso al inicio de nuestro noviazgo).
  • Estaba francamente deprimida. Tenía apenas 3 meses de haber escapado de Lord V, regresado con la cola entre las patas a casa de mis padres, me sentía perdidísima y sin rumbo.
  • Trabajaba de hostess porque a mi regreso de Cancún me dije "debo obtener trabajo, como lo que se pueda". Y tomé el primer trabajo que me quiso así, sin estudios ni experiencia. Claro, tenía experiencia en el ámbito de alimentos y bebidas y en atención al cliente y por eso en el Restaurante me quisieron.
  • Pesaba entre 62 y 64 kg. La rodilla derecha me dolía un montón (Aru decía que usé el dolor de mi rodilla para "seducirlo". Yeah, sexy, righ? I know #NOT).
  • No tenía una carrera terminada. y por algún motivo traía en la cabeza la idea de que jamás podría acabar una licenciatura. Vaya, que como no había seguido "el camino" y me había desviado con el chiste de ser mamá a los 21, había desordenado el Universo de tal forma que lo no habría remedio.
  • Me sentía frustrada porque de adolescente me había prometido publicar mi primer libro a los 21. Lo único que escribía de forma constante era mi blog. 
  • La relación con mi familia era mala, malísima. A mi regreso me habían dicho que ya no podía dormir en el cuarto de mi infancia y me mandaron al cuarto de servicio, en la azotea del edificio donde vivíamos. Era común me peleara con mis papás. Mi hermana apenas estaba volviendo a hablarme de forma decente (me dejó de hablar durante mi embarazo y retomar la relación fraternal nos tomó años).
  • La idea de suicidarme me rondaba con frecuencia. Mi música seguía siendo Evanescence (Going under, Whisper y Last breath eran recurrentes) así como Nightwish. Ya saben, cosas bien alegres.
  • Económicamente no veía la mía. Tenía dos trabajos y aún así no salía del paso. Además de que vivía exhausta.
Sí... eso de que los 24 iban a ser mi mejor momento, ¡jajajajaja!, no parecía cercano ni por accidente. Ahora, eso es el recuento de cuando estaba por cumplir los 24. El único cambio que hubo en ese listado entre mi cumple 24 y mi cumple 25 fue que empecé a andar con Aru en enero de 2009. Ah, y cambié de trabajo para ser asistente de dirección en una pequeña empresa. Pero la constante sensación de fracaso, de haber echado a perder mi camino (ojo: mi camino, jamás me arrepentí de tener a G, pero al truncar mi carrera sentí durante mucho tiempo que me aventé a mí misma a la vida "mediocre" y que no podría salir de ahí) no me abandonaba. A pesar de mi enamoramiento, la depresión seguía haciendo de las suyas y habían días en que me sentía absolutamente desdichada, cosa que Aru no podía comprender "Pero si estoy contigo, ¿por qué no te basta para ser feliz?". ¡Porque estaba clínicamente deprimida! Claro que eso lo sé ahora.

Ahora, si todo sigue como vamos, los 34 me encontrarán:
  • Soltera. Llevo cinco años así (sí, no pensemos ni en el Mago Negro ni en el Demonio Mayor, porque finalmente ellos no fueron mis novios). La gran diferencia es que estar sola no me pesa. Por el contrario, ahora que acabé incapacitada y que estuve recluida en mi habitación, me sentía muy a gusto con mi propia compañía. Mis libros, mis letras, escribir, leer. Casi no vi Netflix, para ser honesta. Estar con mis pensamientos no es un peligro, porque no me lleva a un sitio oscuro. Ya no siento que el tema de no tener pareja me haga menos o me separe de los demás.
  • Cambié la depresión por un poco de ansiedad y un muchísimo de estrés. Siempre he sido bastante estresada, pero a fechas recientes ha incrementado para mal ese rasgo. A pesar de que medito y hago yoga, hay veces en que mi trabajo me apremia más de lo que es sano.
  • Trabajo de Coordinadora de Social Media. Estos diez años de diferencia han marcado mucha experiencia, mucha búsqueda de mí misma en el mundo laboral y, por supuesto, un gran crecimiento. Ya dirigí mi propia revista digital, he incursionado mucho en la publicidad digital, he conocido a una cantidad y variedad de gente que me sorprende... Ahora tengo muchísimo más claro a qué me quiero dedicar. Si bien desde hace mucho sé que la docencia es lo que me apasiona y las letras son mi mayor instrumento, tengo un poco más de camino y certeza de a dónde ir y cómo venderme.
  • Peso mucho más que hace 10 años... y eso ha implicado una gran lucha conmigo misma para aceptarme, quererme, no maltratar mi cuerpo y ser más consciente de mis rutinas. ¡Y ha funcionado! No sólo ahora hago ejercicio con frecuencia, sino que lo disfruto. Como más saludable, la meditación es algo que me encanta y sí, en este mes he bajado de peso (¡mira, mamá, sin hacer dieta!). Y la rodilla ya no me duele. El tobillo no cuenta porque sigue en recuperación.
  • Sigo sin tener una carrera concluida ¡pero es culpa de la burocracia! (Bueno y un poco de mi desidia, porque no he ido a corretear a la coordinadora). Pero en temas de estudio y ñoñería: terminé Pedagogía en el Sistema Abierto, cursé el Diplomado de Estrategias para la Lectura a través del Libro Álbum, fui al Taller de Periodismo Cultural Digital, he tomado talleres de Creación Literaria con Alberto Chimal y la vena autodidacta no ha muerto.
  • Sigo sin publicar un libro, ¡maldita sea! Pero existe un tema en el tintero con mi querido Alberto, he publicado en revistas, tengo la columna en Penumbria gracias a Mortinatos, he presentado libros y tengo el canal con G. Sólo hay que enfocar más la pluma.
  • La relación con mi familia es maravillosa. Adoro a mi madre, G y yo somos cómplices y Mel y yo nos llevamos de nuevo de maravilla. ¿Se puede pedir más? ¡Sí! Mi padre y yo hicimos las paces antes de que él falleciera. So, no regrets.
  • Ya no he tenido ideas suicidas en mucho, mucho tiempo. Eso no quita que mi música sigue siendo nostálgica en general, creo que es parte de mí. Pero ya he agregado cosas mucho más felices. 
  • Económicamente me va bien. Tengo varios trabajos, el fijo y los freelance, pero he aprendido a administrar mis tiempos y mis esfuerzos, lo que me simplifica la vida. Trabajo para vivir y darme mis gustos (como mi biblioteca personal) y no vivo para trabajar.
  • Tengo excelentes amigos, son mi red de seguridad y sé que cuento con ellos siempre. 
Así que contrario a la víspera de mis 24, la víspera (figurativa) de mis 34 me encuentra feliz conmigo misma y con mi vida. Claro, hay cosas que no me gustan y que quiero cambiar, pero me siento plena, con planes y con metas. 
Mi cumpleaños es mi verdadero Año Nuevo, mi verdadero balance de las cosas viene en octubre. He viajado, he reído, he visto a mis amigos casarse, he reído (¿ya lo mencioné?) y la vida sigue pareciéndome maravillosa. A pesar de que ahorita tengo un bache en el trabajo, no me quejo del punto en el que estoy. Creo que es momento, laboralmente hablando, de reagruparme conmigo misma y recalibrar mis esfuerzos. Pero si debo ser honesta, creo que estoy en uno de los mejores momentos de mi vida ¡y pensar que tengo toda mi vida por delante!
Sí, estoy emocionada.


lunes, 24 de septiembre de 2018

Las empresas no tienen memoria


Mi padre siempre me lo dijo: "Las grandes empresas no tienen memoria". Sin embargo, creo que no son sólo las grandes. En general pareciera que el tema de la Revolución Industrial sigue permeando hasta nuestros días, no sólo por el modelo educativo que surgió en ese entonces y que, siglos después, sigue vigente (aunque sea obsoleto), sino la idea de que todo es una producción en serie, donde los empleados son únicamente un pedazo más de la maquinaria. Si uno falla, es reemplazable. Como cualquier otro engranaje, se puede cambiar por uno nuevo. Santo remedio.
Eso sigue pasando hoy en día. Se nos olvida que no los empleados no son maquinaria ni piezas intercambiables. Pero en realidad, son personas con pensamientos propios, sueños, ideales, enfermedades, problemas. 
Siempre me ha desesperado la actitud de ciertos lugares, donde olvidan que la vida ocurre y que eso hace que uno falle. Ya he tenido problemas en la Agencia porque se sorprenden de que haya veces en que diga que no puedo trabajar con migraña. Los he malacostumbrado a que por mi umbral al dolor, una migraña para mí es un dolor de cabeza intenso y no algo incapacitante.
Empero, esa mala costumbre ha de acabar. Me colmó el plato que el tema de mi incapacidad fuera motivo de pleito con mi jefa. Peor la cosa al notar que mi ansiedad empezó a crecer en el momento en que me di cuenta de que ya iba a volver a la oficina. Eso no es vida. 
Las empresas no tienen memoria y si se fastidia la persona incorrecta conmigo, pueden correrme con la mano en la cintura. Pero yo sí tengo memoria y es por ello que me niego a caer en los hábitos nefastos que ya viví antaño. Si por algo me mantuve reacia a estar en un empresa, es por actitudes como las que he notado de un tiempo para acá. Quizá es momento de alzar el vuelo, una vez más.

sábado, 22 de septiembre de 2018

La trampa de quererse poco



"Pain or tears, let's change them into stars [...] Actually I'm quite scared, but I'll keep on living"

Let it out, Fullmetal Alchemist Brotherhood segundo ending

Es muy fácil. Uno se quiere poco y luego se queja de recibir sólo migajas de amor. Pero la verdad es que eso es lo que uno acepta. Tomamos el amor que creemos merecer, parafraseando a The perks of being a wallflower
Hoy recibí una lección-recordatorio importante de Karishto, cuando me dijo que si lleva un rato sin salir con alguien es porque se ama demasiado como para volver a dejar entrar en su vida a quienes sólo quieren consumir su energía.  Es la reacción más madura y de amor propio que he visto en mucho tiempo. Se lo dije "Te admiro". Creo que la bruja se sorprendió. 
Pero es que ella ha logrado algo que yo no he logrado con mis propios demonios. Es muy simple encontrar justificaciones tontas, como el "traigo ganas" y volver a acabar en la cama con ciertos demonios. Sin embargo, eso sólo me consume energía.
Me acuerdo que cuando acabé enredada con el Demonio Mayor por un momento pensé que nos podíamos enamorar. Empero, era una cosa pasional, como el enamoramiento sí, pero muy químico y carnal. Hubo una época en la que sentía que podía contarle e incluso llorarle lo que fuera al Demonio Mayor.

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Empero, él tenía un objetivo muy claro, por el que trabajó año y medio: acabar en la cama conmigo. Alguna vez que se lo reclamé, le dije "Te lo puse muy fácil". Recuerdo su mirada perpleja "¿Fácil? Estuve año y medio detrás de ti, eso no fue fácil". Pero eventualmente perdió el interés, sea porque le dije que no quería ser su novia (llevaba él un par de semanas de haber cortado [y eso a medias] con su novia) y yo no quería ser plato de segunda mesa. Empero, acepté ser su amiga con derechos, poniéndome solita como el tapete que no quería ser. Cuando empezó a perder el interés en mí, me sentí desesperada.


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Y sin importar cuántas veces he buscado alejarme, si me vuelve a buscar, lo dejo entrar. Ya no con resentimiento (y es que la química que tenemos sigue siendo ¡uff!), pero el descaro del Demonio Mayor sigue siendo enorme. Aunque lleva casi dos años con la novia actual, me sigue buscando. ¿A cuántas más no buscará?
Me acuerdo que alguna vez me dijo que nos fuéramos a Australia "No estamos entre las sábanas, puedes creerme. Vamos a hacerlo un objetivo y trabajar por ello hasta alcanzarlo". Sí, le había contado mis sueños e ideales y a veces los usaba para tenerme ahí.
El problema es que mi falta de amor propio ha permitido que el Demonio Mayor siga estando en mi vida, cuando en realidad es un vampiro energético que no quiere nada serio conmigo. Si no quiere nada serio es porque yo le he hecho ver que está bien no querer nada serio conmigo. Así como los chicos de Tinder. ¿Por qué en lugar de decirles "Busco algo serio" respondo que busco fluir cuando me preguntan qué hago en una app como ésa? ¿Por qué tanto miedo a decir la verdad?
Claro, lo físico es chido, pero no satisface, no ayuda a crecer. Y mientras que no haga un verdadero acto de amor propio conmigo misma, es decir, deje de pensar que no merezco más que lo que me dan (en serio, creerme que merezco el mundo entero) las vibras no van a cambiar.
Es tan simple caer en esa fatídica trampa. Es necesario romperla.


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De verdad, ya no quiero las migajas de nadie más. Quiero mi amor completo. Y si no soy capaz de entender que con mi amor basta, no estoy lista para nada más. Hora de trabajar en mí, más de lo que ya he hecho.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Escribir con frecuencia

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Hace años me dedicaba a escribir casi diario en mi blog. Luego fue escribir casi diarios en mis blogs. Ahora es raro que me dé el tiempo, pero lo intento.
Es curioso considerar que me dedico a la creación de estrategias digitales y que no logro hacer mi propia estrategia. Quizá si dejara de verme como eso que puedo hacer en mis tiempos libres y me viera como eso a lo que debo dedicarle todo mi tiempo, las cosas mejorarían.
Platiqué con Charly sobre pimpear mi blog público, para poder trabajar más mi figura pública. Pero debo comprometerme conmigo misma. Generar contenido con constancia y no sólo cuando puedo. Así como debo ponerme horarios para escribir, tal como hace Alberto Chimal que diario escribe de menos una cuartilla, así mismo debo hacer yo. Sea una, dos, tres. Pero seguir narrando, siempre, para llegar a mi objetivo. 
Es fácil dejarnos de lado, porque la vida nos sobrepasa. Sin embargo, si no somos capaces de hacernos espacio para nosotros mismos ¿quién lo va a hacer? A ver qué tal me va. 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El Mago Negro y el adiós nunca dicho


"Now you're just a scar
A story I tell 
Such an ugly mark, I wear it so well
Now you're just a scar
Of the time I fell 
For someone who didn't love me" 

Dice Arimasen que todos en esta vida tenemos una así: relación con una persona que es como kriptonita, pero una kriptonita mezclada con drogas duras. Sabemos que nos está matando, pero no podemos soltarla. Para mí era el Mago Negro.
Nos conocimos cuando G iba a cumplir un año, trabajábamos en el mismo equipo en el callcenter. Él era callado, taciturno, aunque después me enteraría de que le decían El Perv por su humor negro y por historias de las que jamás me enteré (no sé si la gente del callcenter me quería proteger con la ignorancia). Me llamó la atención principalmente porque fue el único hombre que no me miraba lascivamente ni me hacía malas bromas (más tarde entraría otro chico al equipo que era buena persona, pero con él nunca me llevé). Empezamos a platicar el día de su cumpleaños, justo porque él no quería que lo festejaran. Me extrañó que alguien no quisiera celebrar su cumpleaños, particularmente porque no era un tema de "me estoy haciendo viejo". Muchos años después me enteraría que ni sus hijos sabían la fecha de su cumpleaños, tanto desprecia ese festejo...
Por culpa del Mago Negro soy Nerea. En nuestras charlas salió que a él le encantaba el anime y los videojuegos; a mí, las letras y los mundos de fantasía. Le compartí el primer borrador de Erdán, novela de fantasía escrita por mí donde sale un personaje llamado Nerea. El nombre (aparentemente común en Galicia) lo había escuchado a mis 16 años, cuando fui animadora de fiestas infantiles. Me gustó tanto que lo usé para un personaje. El Mago Negro, al leer la novela, me dijo que yo era Nerea. Por esas fechas empecé a bloguear y decidí ponerme Nerea a modo de nickname. Poco a poco se convirtió en mi segunda piel y mi tercer nombre. 
El que el Mago jamás me tirara la onda se convirtió en mi reto personal. Empecé a ser yo quien lo buscaba, tratando de lograr que se fijara en mí. Lo conseguí un día en que nos hicieron vestirnos de súper héroes (en el callcenter tenían días temáticos, supongo que por "amenizar" la chamba). Ese día, yo llevaba unos leggings y una playera larga pegada. Le pedí que me acompañara a casa porque no podía sacar mis jeans de mi locker y me daba miedo ir sola en transporte público. Me acompañó. Nos besamos en el trolebús. Llegó hasta mi casa conmigo y bajamos al estacionamiento donde, en la penumbra, nos seguimos besando. 
A partir de ese día inició un tórrido romance, en el estricto sentido de la palabra fuimos amantes. Él tenía dos hijos, el menor de la edad de G, y vivía con la madre de ellos. Si bien siempre me la planteó como una relación fallida, él no tenía interés en dejarla por no perder a sus hijos. 
Lo que para mí era una aventura, se fue transformando en algo más. Platicábamos mucho y sentía que podía contarle mis planes e ideales. Él me admiraba, porque me veía como una mujer inteligente y fuerte. Eso, a su vez, hizo que siempre se sintiera menos a mi lado. No entendía qué veía yo en él, por qué alguien como yo querría estar con alguien como él. No había forma de explicarle que el enamoramiento es absolutamente irracional. No había lógica detrás del profundo cariño que le tenía. 
Por él conocí Cowboy Bebop y me enamoré de la música de Yoko Kanno. También conocí el mundo de Final Fantasy, del que le pedía que me contara más. Nos escribíamos mails y me mandaba imágenes del juego, donde su personaje principal era un Black Mage.
Lo despidieron un día de septiembre y el que ya no estuviera en el callcenter me hizo deprimirme tanto que opté por renunciar un mes después. Durante el tiempo que él no tuvo trabajo, nos podíamos ver poco, porque él vivía al norte de la Ciudad Monstruo y yo, más hacia el sur.
Harta de mi casa y el alcoholismo de mis padres, un día decidí irme con el padre de G a Cancún. Se lo dije al Mago Negro, quien me vio con tristeza. Sé que le partí el corazón, aunque él era muy cuidadoso de no decirme que me quería ni, mucho menos, que me amaba. 
Me preguntó si amaba al papá de G y le dije que no. "Entonces, ¿por qué vas para allá?". Le respondí, aludiendo a Spike, "Voy para ver si sigo viva". Esa tarde me sentí muy triste. 
Estando en Cancún, le marcaba por teléfono y le escribía mensajes con frecuencia. En mis días y mis tardes de soledad, el único contacto que ansiaba hasta casi sentir dolor era el del Mago Negro. Cuando regresé de Cancún, fue a él a quien busqué primero. 
Él había entrado a trabajar en un sitio en la Roma, muy cerca de Álvaro Obregón. Fui a verlo y lo abracé, emocionada. Él mantenía cierta distancia, supongo que temeroso de que le volviera a romper el corazón. Pero retomamos el vernos. Me seguía leyendo en mi blog (en aquel entonces, en la plataforma de Hotmail) y así supo cuando Aru entró a mi vida. 
Aru y yo empezamos a andar. El Mago Negro y yo nos seguíamos viendo. Un día fuimos por un café y le dije "Aru no es como tú, no me besa igual y jamás será quien eres para mí". El Mago me jaló en ese momento y me besó, con la pasión que lo caracterizaba. Ahí decidí que no podía volver a verlo si quería serle fiel a Aru. Corté comunicación con él durante todo mi noviazgo.
Un año después de haber terminado con Aru, le escribí al Mago Negro en su cumpleaños. Extrañado, me respondió. Él seguía trabajando en el mismo sitio cerca de la Roma. Quedamos en vernos. 
Pasó por mí al metrobús de por mi casa y caminamos al parque de Nápoles, donde nos sentamos a platicar. Él mantenía cierta distancia. Regresamos a mi casa y me pidió acompañarlo a comprar algo a la tienda. Me dejó para luego marcarme por teléfono. Hablamos una hora por teléfono. Supe en ese instante que no me quería dejar ir. 
Él había terminado su relación hacía también un año. Ahora era libre, por primera vez podíamos vernos sin que fuera a escondidas, sin que traicionáramos a alguien.
Empezamos a salir. Me acompañó, incluso, a una comida con mis amigos. Un día, se hincó a mi lado y me dijo al oído: "Te lo diré ahora porque me nace, pero no esperes que lo diga seguido: Te amo". Fue el mismo día que me dijo que quería que fuéramos novios, pero que me lo pediría bien eventualmente. Ese "pedírmelo bien" nunca llegó.
Al principio, con nuestro reencuentro, pensé que era al fin nuestro momento. Él estaba emocionado de poder estar conmigo, me contó cómo había regresado a estudiar "Quise cambiar y prepararme para que estuvieras orgullosa de mí". Me escribía por Facebook Messenger, sacándome sonrisas tontas. Es la única persona a la que he dejado que me llame "mi princesa". 
Para mí era la misma emoción del inicio, sin el temor a que alguien nos cachara. Volví a clavarme con él...maaaaaal.
Llegó a quedarse a dormir en mi casa, lo trataba como si fuera mi novio. Me preocupaba por él, buscaba sorprenderlo, le escribía diario, mi primer mensaje del día, mi último mensaje del día. Él igual tuvo detalles. Me regalaba libros, me tomaba de la mano, se preocupaba por mí...
Y entonces, después de que pasar una noche conmigo, una noche en la que me quedé su camisa (¡ah, cómo me gustaba su olor!) yo empecé a sentirme mal. Y lo supe: estaba embarazada. Él ya no quería más hijos, yo sabía que no quería. Me acuerdo que me dijo "Lo importante es que estés... estén bien". ¡Dioses! Que hablara en plural, sobre mí y quien se estaba formando... cómo me partió. Le pedí ayuda a Malesan, un préstamo que el Mago prometió pagar (nunca lo hizo) y me fui a una clínica. Todo eso fue a finales del año en que murió mi papá. 
Después de eso, las cosas cambiaron. Podría decir que fue porque no quise ser mamá de otro pequeño sin padre, pero en realidad fue porque el Mago se fijó en otra chica. Tardó en decírmelo y me lo dijo a mediados de 2016 porque yo le mandé un mail donde le decía una vorágine de cosas que sentía por su distanciamiento. Me contestó contándome que había echado a perder las cosas con una chica con quien sí se veía casado y con otro hijo. El corazón me dolió horriblemente, porque claramente esa chica no era yo. Yo, que me sentía como si fuera mi pareja de cierta forma aunque oficialmente no fuéramos nada. Y él, haciéndole la ronda a alguien más.
Así me sentí un buen rato

De ahí, se volvió un ciclo vicioso horrible: semanas en las que él actuaba como novio, me buscaba, me invitaba a desayunar, nos íbamos a un hotel, se comportaba cursi y me decía que me quería, para pasar a semanas en las que era frío, evitaba verme y tardaba en responderme los mensajes, para volver a ser tierno conmigo.
Me acuerdo mucho que, por ejemplo, fuimos un domingo temprano al cine a ver Ghost in the shell. Fuimos a Reforma 222, me compró un café, vimos la peli abrazados, me fue a dejar a mi casa y ahí me dijo que ya no quería nada conmigo. Me acuerdo que se me salieron las lágrimas y le pedí que se fuera, porque no quería que mi mamá me viera llorando. Se fue. Ese día le conté a mi mamá cómo llevaba años saliendo con él y cómo él no era realmente mi pareja. Estaba dolida, fragmentada, traicionada.
Pero me volvió a buscar y volvimos a salir. Se volvió una constate fuente de ansiedad y angustia. De medir mis palabras y mi efusividad para no asustarlo. De sacarme de onda cuando me decía que ya no quería que nuestra relación fuera sólo sexo "seamos amigos", para luego besarme con pasión y llevarme a un hotel.
Tuvimos buenos momentos: quedarnos atrapados en el centro cuando fue el primer desfile de Día de Muertos, él, regañándome porque no me estaba en paz cuando sólo quería estar sentado en la Alameda abrazando a su chica, o llevándome a ver libros para elegir cuál regalarme porque eran mi pasión. Sin embargo, eventualmente, lo malo superaba a lo bueno, por mucho. Cuando empecé a subir de peso (después del aborto) él empezó a ser más distante. Alguna vez le pregunté si era porque estaba gorda y me dio a entender que en parte ya no le parecía tan atractiva. Me empecé a acomplejar bastante.

La extraña ocasión en que quiso que nos sacáramos una foto juntos

A finales del año pasado me fui a Campeche y a Mérida. Ahí tomé un tour con mi familia a los cenotes y, mientras flotaba en la tranquilidad de un cenote en el fondo de un cráter, rodeada sólo por la naturaleza, le regalé a la vida mi dolor y mis malas decisiones. "Dejo aquí lo que me hace daño, dame la fuerza para soltar todo lo que no me construye".
En enero de este año, no recuerdo bien el motivo (borré ese chat), el Mago Negro me respondió que yo esperaba que me dijera algo que no le nacía "No me molesta tu compañía pero no es como que te extrañe".
Le dije que era todo lo que necesitaba saber y eliminé el número y el chat. No lo bloqueé, podría haberme buscado, pero no lo hizo.
Ese día le escribí a Tori: "Dime que no vale la pena que derrame una sola lágrima por este idiota" y le conté. Tori me dijo que si necesitaba llorar, lo hiciera, pero que en efecto, no necesitaba a ese tarado en mi vida.
Los primeros meses fueron complicados. Estaba muy acostumbrada a contarle mi vida a Ratt (así se hacía llamar el Mago), pero justo por eso borré su número, para no caer en la tentación de escribirle. 
Nunca le expliqué realmente el porqué necesitaba sacarlo de mi vida. Nunca hubo una despedida como tal, ni cartas (¡cuántas cartas le llegué a escribir en su momento!), nada digno de novela. Simplemente lo saqué de golpe. Este año ha sido una larga rehabilitación para mí. 
Todavía hay muchas cosas que me hacen pensar en él, pero si bien tuvo sus momentos de infatuación conmigo, la verdad es que creo que nunca me amó. Creo que no se ama a sí mismo y así, es imposible que pueda amar a alguien más. 
Este post es para mí ese adiós que nunca le dije. Es un verdadero soltar, porque creo firmemente que con ciertas energías bloqueamos lo que el Universo o Dios tiene para nosotros. Acá suelto las últimas hebras de esa energía que nada me construye. Sí, podríamos haber construido una bella historia. Pero sus miedos infundados (¿qué hace una chica lista como tú con un troglodita como yo?) no lo permitieron. Para una relación se necesitan dos.
Estoy convencida de que el amor es una cosa que se construye en pareja y que implica caminar hacia el mismo lado, con proyectos (de vida) similares y con proyectos (personales) que mantengan la personalidad de cada quién. Hoy me abro de brazos para recibir lo nuevo, sea lo que eso sea.
Gracias por los aprendizajes. Adiós, Kuro Madoushi. 

lunes, 17 de septiembre de 2018

Freno de mano

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La vida me puso freno de mano, de mala forma, porque para variar yo no hacía caso a las claras señales de mi cuerpo de que el estrés me estaba pasando una factura demasiado grande. Junio y julio fueron meses migrañosos. Una vez controlada la migraña (gracias a los aceites esenciales), me fui de viaje a Oaxaca. Porque a las oportunidades hay que tomarlas cuando se presentan: Mar me dijo que la alcanzara en agosto por esas bellas tierras y mi madre me dijo "¿Y por qué no? Si puedes, ¡hazlo!". Lo hice, me lancé un jueves en la noche para amanecer viernes allá. Regresé un domingo en la noche para amanecer lunes en la Ciudad Monstruo. Me regalé tres días conmigo misma, con comida deliciosa, arte, mezcal, baile... pero todo eso amerita su propio post.

El tema es que a mi regreso, pesqué una infección de vías urinarias que me subió a riñones, para variar. Aún así no paré: hice home office y el trabajo me siguió abrumando tanto como ha sido desde que me cambiaron de cuenta en la agencia.

Sobreviví a la infección, pero me quedó un dolor vago en la parte baja del abdomen. Mi madre temió que fuera apendicitis, porque con el umbral alto al dolor que me cargo, es factible. Fui al doctor, quien con ceño fruncido y cara de "¿por qué me hace perder el tiempo así?" me explicó que traía una colitis nerviosa aguda. Dieta (¡adiós café!) necesaria. Y el lunes 3 de septiembre, ya que iba de salida de la colitis, ¡pum! Me bajé mal del camión, escuché cómo tronaba mi tobillo y un dolor punzante me atravesó. Volteé a ver mi tobillo derecho, que se estaba inflamando y supe que había valido. ¡Justo llegando a Santa Fe, maldita sea la cosa!

Me las ingenié para llegar a la oficina y ahí me vio mi jefa, quien me autorizó un vale de taxi para irme de regreso a la Del Valle, a la UMF que me corresponde. El diagnóstico fue esguince de segundo grado, aunque para lo inflamado y lo complicado que ha sido el proceso de recuperación, yo juro que es de tercer grado, como el de prepa. Sigo usando muletas. 

Voy en la tercera semana de incapacidad: una pausa forzosa y necesaria en la que poco a poco me he ido desintoxicando del estrés constante de la agencia. Retomé la meditación, el dormir sin repasar una lista eterna e interminable de pendientes. Vaya, freno de mano para voltear a ver hacia mí misma y darme cuenta de que la cosa no va tan chida. 

Normalmente, conforme se acerca octubre, hago una evaluación de mi vida. Esta vez ha sido antes, por la pausa que el cuerpo me obligó a tomar tras ignorar las advertencias previas. ¿Dónde quedó el trabajar para vivir y no vivir para trabajar? ¿El tiempo de calidad con G? ¿Mis letras y mis lecturas?

Ni siquiera he podido usar bien mi BuJo y en el momento en que dejé la meditación y el yoga, la ansiedad empezó a subir de forma inexorable y peligrosa. Lo bueno es que la vida es más sabia que yo y me obligó a parar. El punto es: ¿qué voy a hacer ahora?

Lo sigo evaluando. Dice Sobrino que no tengo temor de Dios, porque parece que no me importa que me corran. No es no tener temor de Dios, es tener claras mis ideas. Veremos qué pasa.

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