"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

domingo, 22 de julio de 2018

¿Para siempre?


El otro día le dije a las chicas del trabajo que eso de "y vivieron felices para siempre" no es tan fácil ahora. Y no tanto porque desde los cuentos de hadas la sociedad haya cambiado, sino por cosas más simples como la longevidad. Por supuesto: Blancanieves podía casarse a sus 15 años y pensar en un "para siempre" porque por mucho, llegaría a los 25, 30 años. Su para siempre representaban 10, 15 años más por mucho. 
Si me veo muy pesimista conmigo misma y digamos que me muero a los 70 años (considerando que los genes élficos y longevos de mi familia se brincaran mi generación) implica que me quedan 37 años de vida. Es decir, me falta poco para llegar a la mitad de mi vida. Puesto de otra forma, si el día de hoy conociera a quien decidiera vivir para siempre conmigo, viviría más años conmigo de los que yo llevo de vida. ¡Es un montón! Es, literal, una vida entera. No es para nada lo que se pensaba en los cuentos de hadas.
Además, vivir con otra persona es complicado. Vaya, si vivir con la familia, en ese núcleo en el que nacimos y fuimos criados, es complicado, juntar dos bagajes y dos formas de crianza bajo un mismo techo no es tan fácil. 
El para siempre no existe, no realmente. No estoy diciendo que el amor no exista, tampoco ha llegado a tanto mi pesimismo. Lo que sí creo es que debemos resignificar lo que pensamos acerca del amor. Lo que pensamos que es una relación de pareja. Porque hoy en día, iniciar una relación a los 20 y tratar de llevarla a buen puerto hasta el fin de nuestros días es envejecer con alguien hasta los 70, 80 años. ¡Medio siglo con alguien! No creo que sea una tarea sencilla si no estamos abiertos a seguir aprendiendo.
Una de las cosas que más hace falta hoy en día es tener una comunicación asertiva y tener reglas de común acuerdo. Me ha tocado ver personas que gozan teniendo varias parejas sexuales cuando tienen una pareja oficial, pero Dios prohiba que la pareja oficial se le vaya a ocurrir buscar aventuras en otro lado porque entonces arde Troya. 
Los secretismos y la doble moral deben terminar para tener una mejor concepción del amor. ¡Y dejar de lado el miedo!
Yo sé que no soy una persona fácil y mi miedo a quedarme sola deviene del hecho de que sé que espanto a la gente al ser una intensa. El otro día, empero, Arimasen me lo dijo: "Tu intensidad es uno de tus puntos buenos". Cuando lo interrogué sobe qué tiene de positivo ser como soy, me respondió:
"Entre estar con alguien con alegría, intensidad y desparramando energía y [estar con] una papa que no se mueve en un sillón, ¿con quién prefieres estar? ¿cuál te da más conversaciones y vida?"
Justo así: soy de las personas que persiguen la alegría de lo intangible. La maravilla de la sorpresa, de lo que explota, lo que cambia la percepción. Como dice Mathias Malzieu*:

"Soy un adicto al entusiasmo. Tengo el cráneo tan lleno de cuevas de Alí Babá que casi se me saltan los ojos. Nunca me aburro, salvo cuando me hacen bajar el ritmo. Mi corazón lanza fuegos artificiales. Soy un auténtico hombre-volcán y por mis venas corre lava. Busco la convulsión eléctrica de la sorpresa. No sé vivir de otra forma."

No es fácil. Quien sea que intente vivir para siempre conmigo debe buscar la convulsión eléctrica de la sorpresa y saber que soy efímera, que a veces me disuelvo entre letras, sea con un libro o con mis propios textos, que mi cabeza de va a otro lado aunque mi cuerpo siga presente y que eso no implica que no lo ame, porque siempre necesito un puerto al cual volver, algo a lo que anclarme. Puedo volar lejos, muy lejos, pero eso no me hace inalcanzable. Mi inquietud sólo hace que me llene de más vidas, de más historias que al final volcaré para que el mundo conozca. Alguien que quiera estar conmigo tendrá que saber dejarme volar. ¡Alas! Deberá saber volar él mismo, por sus propios medios. Nuestro nido sería el punto de encuentro para dos aves salvajes que van, buscan y regresan a casa. Siempre anclados a la idea de vernos y suspirar Tadaima. Libertad. Confianza. Es lo que pido. Doy con creces alegría, letras, café, cursilería. Un ser como yo, apasionado, no sabe vivir de otra forma.
¿Vivir así 37 años? Puede ser la mayor aventura de la existencia con la persona correcta. 
Para mí una relación es una mezcla de muuuuchas cosas. No es sólo a quien besar y con quién coger. Hablar, compartir, crecer juntos. Jugar, reír, ser cómplices...

Conmigo ya no aplica el "no seas exigente, ya no tienes edad para elegir", conmigo aplica el ser tan exigente como me dé la gana porque estoy pensando en la persona que pasará más de lo que llevo viva a mi lado. Me queda tiempo. Puedo darme el lujo.


*Diario de un vampiro en pijama. Mathias Malzieu. Reservoir Books (Pinguin Random House Grupo Editorial). Marzo, 2016. Página 13. 

domingo, 17 de junio de 2018

Cuando caen los veintes


Cuando Aru y yo nos enamoramos, él me dijo que se le figuraba que éramos Sakura y Shaoran. La imagen con la que abre este post era para mí la representación de nuestra cursilería. De hecho, la tenía de fondo de pantalla en el celular.
Sakura era la protagonista de Sakura card captor, anime que a la fecha yo no he visto. Pero Aru decía que yo se la recordaba. Sin embargo, prefería usar a la Sakura y al Sharon de Tsubasa Chronicles. Normalmente me decía que le gustaban más esos personajes, unos personajes más grandes (porque Sakura es una niña en Card Captor) y con vestuarios más vistosos.

Curiosamente, hoy que buscaba con G el siguiente número de Seven Deadly Sins en el stand de Panini Manga, vi que salió el primer tomo de Tsubasa Chronicles y que lleva en la portada a Sakura y Shaoran. Tomé el volumen y leí la contraportada: Sakura ha perdido la memoria y depende de que Shaoran encuentre las plumas (?) para que ella recuerde que es una princesa. Es decir: Shaoran se vuelve el protagonista que debe rescatar a la damisela en peligro. Y entonces me cayó el veinte. Siempre estuvo ahí, presente, esa necesidad de ser el héroe, de ser él quien me salvase. Desde que nos conocimos, desde que le sacó de onda mi historia y el que yo siguiera hablando con el Mago Negro. 
No he visto Sakura ni compré hoy Tsubasa. Quizá más adelante logre hacerlo (conocer bien esas historias), pero Aru incluso cerró nuestra historia con una canción de Tsubasa (creo que justo con un ending o algo así). 
Cuando decidió cortarme, revistió nuestro blog privado con una imagen de Tsubasa, puso un listado de las cosas que le harían pensar en mí (imágenes de Sakura y Shaoran, claro, la palabra ohana, casi cada canción de Sister Hazel, las noches lluviosas, el té de mago y fresas...) y programó la última entrada como despedida. 
Probablemente una de las cosas que más le pegaron a nuestra relación fue el que yo no era una princesa (aunque él llegó a decirme self-rescuing princess) que necesitaba ser salvada, sino que era y soy una bruja guerrera. 
Quizá desde el cómo quería verme él se notaba que la relación no iba a funcionar... el tema es, ¿alguien en esta vida quiere a una bruja guerrera? ¿Es posible eso?

sábado, 16 de junio de 2018

Los cambios de la vida


Anoche fuimos al teatro. Invité a mi ma y a Mel al estreno de la obra Escritores Ebrios S.A. en Un Teatro.  Fue una gran velada, en la que reímos mucho. Mientras esperábamos a que Mel llegara, mi ma y yo platicamos de cuánto han cambiado nuestros hábitos desde la muerte de mi papá.
A mi papá no le gustaba salir. Sólo cuando era a comidas en casa de mis tíos. Pero ir de paseo, al cine, al teatro... como que no era su cup of tea. A veces me pregunto qué tanto eran las limitaciones económicas y qué tanto era la flojera. 
A raíz de la muerte de él, nosotros cambiamos muchas cosas, incluyendo nuestros hábitos de entretenimiento. Claro, yo ya salía con mis amigos y con G, pero ¿ir al cine con mi ma? ¿Salir a comer, a cenar, al teatro, a pueblear? Era algo que no acostumbrábamos. A veces siento que no lo hacemos tanto como deberíamos, y  justo quiero que logremos salir a algún pueblito al menos una vez al mes para conocer más.
Nos disfrutamos más como familia. Desde el ver Trollhunters a la hora de la comida cuando estamos G, mi ma y yo, hasta el escaparnos al cine los cuatro o, como ayer, ir al teatro. Salir de vacaciones. Reír, viajar, sorprendernos. Ha sido uno de los cambios positivos que trajo la partida de mi papá. Nos limitábamos mucho, fuera por dinero o por tener que cuidarlo en el declive de la enfermedad. Y es bueno saber que en el aftermath de su partida llegaron cosas buenas.
A final de cuentas, la vida sigue. La muerte es un cambio para los que nos quedamos detrás. Pero no significa que sea malo. 

viernes, 15 de junio de 2018

Nostalgia


La lluvia me gusta, siempre me ha gustado. Caminar bajo ella suele parecerme relajante. No todo el mundo opina lo mismo. Me acuerdo de cierta ocasión, hace 10 años o más, en que iba caminando bajo una lluvia torrencial con el Mago Negro. Nos metimos a un hotel para refugiarnos y quitarnos la ropa. Yo me moría de risa, él, no tanto. 
Me acuerdo de mí misma, en Cozumel, corriendo a la azotea del edificio en que vivía, para mojarme en la lluvia que caía en ese momento, los brazos abiertos en cruz, riendo, hasta que Lord V subió para llevarme al departamento: "¿Estás loca?", refunfuñó.
Me acuerdo de Aru, haciendo que me parara de la cama para salir al pasillo, cuando yo dormía en el cuarto de servicio, y aprovechar el que la lluvia espantaba a las personas para hacer el amor ahí, recargados contra el barandal.
Anoche pensaba en ese último recuerdo: la lluvia, sus besos, el volver a entrar al cuarto para refugiarnos bajo las cobijas, quedarme dormida escuchando la lluvia, envuelta por los brazos de Aru. Mi mente vagó a otro momento con lluvia: Aru y yo, sentados en una entrada de un edificio. Distancia entre nosotros, esperando que amainara un poco la lluvia. Yo sabía que él quería cortarme esa noche. Antes de eso, él y yo peleando, bajo el paraguas, porque él se empeñaba en que fuéramos los dos bajo el mismo paraguas pero, al ser un poco más bajo que yo, siempre me pegaba con la sombrilla en la cabeza y me ponía de malas. 
Anoche llovía. Yo estaba en la cama, escuchando la lluvia. Pensé en todas las veces en que ese sonido me ha servido de arrullo. Las lluvias de junio. Entonces mi mente se fue al momento en que, también en el cuarto de servicio en una noche de lluvia, Aru estaba encima mío y al momento de sentirlo en mí, me soltó:
Te amo
Y mi reacción casi caricaturesca: levantarme de golpe al tiempo que dije "¿Qué?", casi tirándolo de la cama. Era la primera vez que me decía eso (la primera vez que se lo decía a cualquier mujer).
Es un momento que recuerdo como algo gracioso, primero por mi reacción, luego porque él me preguntó "Cuando encuentre a la voz responsable de decirte eso ¿qué quieres que haga? ¿la entierro?" y empezó, como siempre, a analizar y tratar de racionalizar el sentimiento...
Empecé a llorar (anoche) abrazada a mi almohada (patético).

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Me siento triste y nostálgica. Ojo: no por Aru, sino por el hecho de ser amada. De tener compañía.
Anoche, con la lluvia, me pregunté si volveré a sentir eso: esa alegría idiota del enamoramiento, esa calidez del amor, eso que tiene tantos años que no siento y que cada vez parece más improbable.
Sé perfectamente que no se trata de ir buscando por la vida a ver si alguien quiere estar conmigo, pero dado lo mal que me ha ido en los últimos años, no puedo evitar pensar que algo estoy haciendo mal o que algo está mal conmigo.
De nuevo ese miedo, ese miedo idiota: no seré amada. Ese "alguien" no existe para mí. ¿Cómo se le llama a la nostalgia por algo que no ha ocurrido? ¿Cómo se le llama a ese extrañar algo que no existe?
El clima gris me tiene tristona. Ya lo dijo Male-san "vayamos a cazar un postre feliz". Sí, quizá lo que me falta en realidad es azúcar. Como sea, no puedo sacar esa espina de tristeza. Y suena Sleeping at last con su potente música inefable, haciendo que vuelva a llorar.


miércoles, 13 de junio de 2018

Soy

"Si te pasas la vida procurando no romperte, te aburrirás terriblemente"
Mathias Malzieu, La Mecánica del corazón



A veces parece que ser quien soy es un problema. Soy ese tipo de mujer que no espera a que le bajen la Luna y las estrellas. Hubo una época en la que sí pensaba "si tan sólo hubiera alguien que me consintiera". Ya no. Aprendí a trabajar por lo que quiero y eso incluye trabajar para consentirme. 
Desde que entré a la Agencia, tomo un día por mi cumpleaños y me "llevo" a desayunar. Yo solita. A veces incluso me llevo también a cenar. Si tengo antojo de algo, voy por ese algo.
Ser así implica no tener pelos en la lengua y decir las cosas como las pienso. Las indirectas no sirven. Eso puede ser "malo" al parecer. 
Recientemente conocí a alguien que me llamó la atención, mucho. Como hacía años no me pasaba. Alguien inteligente, simpático, con gustos en común conmigo pero con una forma de ver la vida diferente para algunas cosas, lo que daba margen para aprender con él. 
Bueno, en lugar de esperar a ver qué pasaba, tuve a bien (o a mal) escribirle una carta donde le decía que me gusta él y me gusta salir con él. "Ojalá podamos seguir saliendo más".
¡Puf! Desapareció. Dos semanas después de darle la carta pasaron sin que me dijera nada. Por lo que opté por preguntar (por WhatsApp) si la había leído. "I did but I really don't know how to answer and I really don't want to answer it via text".
¿Responder? No le propuse matrimonio, ni ser novios ni nada. Sólo dije un hecho: me gustas. Y en caso de que se requiera una respuesta, es sencilla: "tú también me gustas" o "no me gustas" y fin. Sin embargo, no responder es también en sí misma una respuesta. 
Esta sociedad nos ha acostumbrado a que es malo decir lo que queremos/sentimos. Debe haber indirectas, debemos ocultar los sentimientos y esperar que de forma telepática la gente que nos rodea nos entienda.
La Reina de los Conejos me dijo que no hice nada malo: "fuiste vulnerable y eso está bien. Sabes que conlleva un riesgo, pero ya no quedó en ti".
Si algo he aprendido desde que empecé con los ejercicios de meditación, es que hay pocas cosas que puedo controlar en esta vida: 
  • Mis emociones
  • Mis reacciones
  • Mis pensamientos

Nothing more, nothing less. Eso no quita que duela el que decir las cosas y ser vulnerable aleje a alguien. Tiene casi un mes que le di la carta a la persona en cuestión. Si bien me contestaba (hasta hace dos días) los mensajes de Whats, tampoco ha sido como para decir "vamos a vernos". Sus mensajes suelen ser confusos. Me da la impresión, por Twitter, que le interesa alguien... imagino por su falta de respuesta que es alguien más, no soy yo.
Tori me ofreció una disculpa por el hecho de que esta persona desapareciera, pues ella me lo presentó. Como se lo dije: no es su culpa, ni que ella fuera su mamá. A lo que agregó "Si eso le asusta, no aguanta mujeres echadas para adelante".
Parece que así será mi vida siempre

Soy una mujer que no se guarda lo que quiere. Alguien que persigue sus sueños e ideales. Estoy dispuesta a seguir aprendiendo. ¿Que soy muy intensa? Sí, quizá. A final de cuentas, si alguien se interesa en mí, debe poder con eso, con mi intensidad, con mi desbordamiento, con mi forma apasionada y falta de medias tintas.
Soy el tipo de persona que va tras lo que quiere. Lo más valioso que tenemos es el tiempo, por lo que no me siento con ganas de estarlo perdiendo. Si esta persona de plano decidió que yo era too much (yet again), ni modo.
Lástima que algo que prometía se desvaneció tan pronto.  Lo único que me queda es seguir yendo hacia adelante.
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sábado, 9 de junio de 2018

El Regreso

No había podido entrar a este espacio, porque parece que alguien quiso hackear la cuenta. Además, la vida. Pero como tiendo a enloquecer cuando la vida me sobrepasa y dejo de lado mis letras, he regresado. Espero que con constancia. 

Por mientras, una canción que me tiene obsesionada.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Infinitos y anécdotas efímeras


Tengo sed de infinito.

No puedo evitar pensar en cuando las cosas se estaban yendo al carajo con Aru y escribí un post, que no sonaba para nada a mí, hablando de mi necesidad de infinito: de perderme en los ojos de alguien.

Hace un par de días, Facebook, ojete como es, me recordó que ese día hacía 7 años habíamos subido una foto, mal tomada y cortada: Aru viéndome embelesado a los ojos. Se ven nuestros perfiles, de la nariz hacia arriba, pero se alcanza a notar que sonreímos bobamente. Suena Marron 5 “Do you think of me? Where we used to be? Is is better now that I am not around?” Conozco las respuestas a esas preguntas: No. No. Sí. La nuestra era, al final, una relación disfuncional con tintes de abuso tipo Gaslight.


Él y yo juntos jugábamos a sacar lo peor del otro. Desde antes de cortar tenía sed de infinito. De esa cosa linda en una relación: perderme en su mirada de forma ridícula y boba y cursi y poder pensar en un “nosotros”, un futuro.

Pero el post del que hablo al inicio no sonaba a mí porque trata de emular la voz de elinauta, tan etérea, tan extravagante y difícil de comprender al leerla… no era mi voz, era la voz de la que yo sabía que Aru se estaba enamorando. El infinito, para él, estaba en otro lado…

Las cosas no hay que buscarlas, no de forma tan insistente en cosas del amor. Al menos eso dicen. Por hartazgo, aburrimiento o necesidad, reabrí mi cuenta de Tinder. Tengo un mes con ella funcionando. 123 matches. Charlas efímeras. Algo que por un instante me haga sentir que me acerco al infinito. Pero en realidad, quizá, me aleja más de él. La idea del amor en los tiempos de la inmediatez suena a algo desechable.

Tengo el escozor de extrañar la compañía. No extraño a Aru. Envidio, eso sí, un poco lo que tiene: una relación estable. Ayer platicaba con unos compañeros del trabajo. E y A. E decía que no entiende “a las morras que están todas locas” y nos contó a A y a mí (las dos mujeres) sus broncas con su novia. Tanto A como yo intuimos que la novia le pone el cuerno, bien y bonito a E. Lo curioso es que los tres coincidíamos en algo: tras una relación que terminó siendo disfuncional, optamos por un cierre al mundo y mantenernos solos. “Yo ya le encontré el gusto a estar sola”, dije sin pensarlo. De hecho, se salió de mi boca, de golpe. “¡Yo también!” contestaron E y A al unísono.

Los matches de Tinder son un boost al ego. Son un “Buenos días, hermosa” seguro en mi cel, todos los días. Pero son, igualmente, una ventana  mis miedos. He salido con un par de los chicos que he conocido a través de la app: el casi mirrey que estaba muy emocionado conmigo porque sentía que estábamos en sintonía y que al saber que soy mamá, salió corriendo porque “no estábamos en la misma página y no estoy listo para ser papá de nadie” [¿cómo por qué coños asumen que madre soltera equivale a le-busco-padre-a-mi-criatura?]; el filósofo que cada tres palabras mías decía “ajá” como para dar a entender que me estaba poniendo atención, aunque con ello alimentaba a las voces que decían “mátalo” y que si bien no lo dijo ipso facto igualmente abrió los ojos como platos y no volvió a hablarme tras saber que soy mamá; el joven-no-tan-joven que mintió por ¡10 años! respecto a su edad y si bien está entusiasmado conmigo, a mí se me hace una amiga-tía más. Por supuesto también está el vecino, ése que vive a escasas cuadras de mi casa y de mi trabajo (está en el punto medio justo para llegar en cinco minutos con él sin importar de dónde vaya, casa u oficina). Puede ser un buen escape cuando las hormonas me estén matando, pero dudo mucho que sea la fuente del infinito.

¿Y si son hormonas y no extrañar la compañía?

A veces sí quiero un cómplice. Un alguien que se emocione con mi ñoña emoción (no forzosamente por las cosas que a mí me mueven, sino que le mueva el que las cosas me emocionan) y que me comparta su mundo, sin que espere que seamos muéganos.





No quiero sentirme atada a alguien. Por eso: cómplice. Parece que todos en Tinder tienen el corazón roto, el miedo a mil, la necesidad del contacto físico al triple y muchos deberíamos estar más bien en terapia. ¿Dónde está el infinito entonces?

La app creo que sólo me está dando varias anécdotas para narrar, pero nada sustentable. La inmediatez de fotos  que fingen no ser personas rotas, la cara del cinismo necesario para escribirle a una perfecta desconocida “Hey, te quiero coger” sin esperar reproches más allá de un “Cancelar compatibilidad”. Sí. En definitiva mi sed de infinito no se va a apagar con esto. De menos las ganas de escribir se alimentan. Eso ya es algo.

domingo, 9 de octubre de 2016

Los motivos de la tristeza


Sigo tristona. No es nada muy grave. Me cayó el veinte de que tiene mucho que ver con el hecho de que mi mente se empeña en pensar en las cosas que NO tiene, en lugar de alegrarse por lo que sí tiene. Count your blessings, count them, 1, 2, 3…
Buscando un texto de mi blog topé con uno de septiembre de 2014, en el que narraba cómo cuando supe del cáncer de mi papá le dije que no se podía morir porque tenía que entregarme en mi boda. Ahora ya no tengo un papá, ni siquiera tengo novio… y mi mente vaga por esos lares.
Pero eso no está bien. No estoy en un mal punto de mi existencia. Tengo un trabajo que paga bien y ¡oh, extravagancia! Me gusta y disfruto. Tengo mucho amor a mi alrededor, mucho cariño de parte de mis amigos.
No he publicado un libro aún. Y pareciera que jamás va a ocurrir. ¡Hey! Pero estoy publicando en varios blogs que tienen una buena cantidad de seguidores. No voy mal, me estoy haciendo un sitio en la red y un nombre que valga la pena buscar en Google (quiero  pensar).
He subido de peso y no me gusta cómo me veo. Y traigo lesionada la rodilla (again) por lo que no puedo hacer ejercicio de momento. Pero tampoco es como que sea una ballena. Sigo teniendo cintura y muchos me han dicho que para tener más de 30 tengo lindo cuerpo (y que me veo más joven).
Además, más allá de la rodilla anciana, no tengo problemas de salud. La migraña ya no ha sido un tema, y parece que soy la única mujer de mi generación que no padece gastritis y puede comer lo que sea sin pedirle perdón al Creador en los Cielos un rato después.
El problema con la tristeza es que te repite lo que falta y lo que quisieras como una voz diabólica con afán de tumbarte. Y si bien a todas las emociones hay que darles su espacio, dejarlas pasar y ya. Pero a las voces que tratan de llevarme a ese lado… a esas voces debo dejarlas de lado.
Es el mes de mi cumpleaños. Tengo el festejo el 15, pediré mi cumple para descansar y quizá desayunar con Kali o cenar con Clío. Iré a ver Enra con Ximechan. El viaje a Ixtapan se mueve para noviembre para poder pagar el inglés de G.
La vida es buena, así que hay que mantener a los demonios de lado. El camino se ve más claro que antes. Y he podido dedicarme a escribir un poco más que antes.

Mis 32 años deben encontrarme tranquila. Hacía mucho que no me iba tan bien. Y hay que fijarse en eso. Conocer los motivos de la tristeza permite manejarlos y alejarlos cuando son psicológicos. Ver lo bueno es un gran ejercicio. 

miércoles, 5 de octubre de 2016

Eterna oscuridad de un recuerdo rastrero


He tenido la cabeza muy enredada, es uno de esos momentos en los que peleo tremendamente contra mí misma para evitar caer en un episodio depresivo. No estoy contenta conmigo misma, en cuanto a apariencia se refiere. Ahora sí se nota que subí de peso más de lo recomendado. He procurado hacer ejercicio, sobre todo estuve entrenando para una carrera (tengo la condición física del rinoceronte de la estampida de Jumanji, dammit! y si llega el Apocalipsis zombie quiero sobrevivir ¿saben?). Me cuesta trabajo porque el único momento que tengo para hacer ejercicio es la madrugada. 

El trabajo me ha dejado agotada, pero es un buen agotamiento: el mental tras estar pensando y organizando. Me gusta mucho la chamba y eso es maravilloso. Sin embargo no estoy a gusto con mi ropa, me siento tremendamente incómoda con todo lo que tengo. Me veo en el espejo y no me gusta lo que veo.

Hoy venía cabilando eso de regreso a la casa, y noté a varios tipos en diferentes puntos de mi trayecto, observándome. Al menos sigo llamando la atención físicamente. Me propuse hacer ejercicio todo el mes... pero desde ayer me duele mucho la rodilla. Desde que conocí a Aru no me dolía tanto. Creo que la tengo inflamada y mañana voy a tener que ir a la clínica. Eso echa a perder mi plan del mes de ejercicio y ¡puta madre! ¿Cómo bajar de peso, ponerme en forma, ser guapa si no hago ejercicio? Sí, claro, dejando de comer y en serio he procurado bajarle...

Con ese estado mental no debería sorprenderme que hoy me apabulló el que pusieran en la oficina "Special needs" de Placebo a todo volumen. Repentinamente estuve al borde del llanto, y subí a planta alta (a pesar de que me rechina la rodilla y me dolía con cada escalón) sólo para alejarme de la música.

Uno puede pensar que ya está del otro lado, que ha dejado los fantasmas atrás, hasta que los desgraciados te pescan por el gañote y te preguntan si los has extrañado. La música me tuvo de golpe a ese momento en que estaba con V, la música a todo lo que daba, mientras él empezaba con sus manías, con las vejaciones, con el sexo forzado, las humillaciones... me sentí tan abrumada, tan impotente, tan pinchemente triste. De una bofetada musical volví a tener 19 años y estar asustada por haber sido violada en la pizzería; 20 años y el terror de estar viviendo con un novio de verano que me desconcertaba y del que acabé embarazada; 21 años y mamá, con un novio horrible que abusaba de mí cada que podía... Recordé cómo Aru fue el primero al que le conté absolutamente todo con pelos y señales, el por qué de los terrores nocturnos de hace una década, el por qué mi embarazo no era un recuerdo bonito porque estuve sola y marcada por el "se embarazó sin planearlo"... Todo eso con una canción que no sabía que me calaba tanto. 

Y quiero llorar, que alguien me abrace y me diga que todo estará bien. Que no voy a estar así de sola siempre y esos fantasmas me dejarán en paz. Que ese vacío que apareció por una estúpida canción no regresará. Más de 10 años... and still...

lunes, 26 de septiembre de 2016

Palabras al viento

"Es increíble la magia que proyectas, es aún más asombroso que no lo notes. O quizá yo te veo con ojos de amor, ese tipo de amor que nace sin advertencias, crece sin empacho y se niega a desvanecerse sin importar el tiempo que transcurra. Nunca lo sabré porque nunca hemos sido ni seremos pareja.

Sólo sé que estoy acostumbrada a que me rompas el corazón una y otra vez. Nos conocimos muy tarde. Nos conocimos muy pronto. Nos conocimos cuando no tocaba. Nos conocimos después de nuestra oportunidad. Como sea el caso, nos conocimos a destiempo. Y en destiempo hemos vivido de aquí a la eternidad. Me matas un poquito cada vez que acabamos enredados en la cama. Porque me haces como quieres (y me gusta que me hagas y que finjas que me quieres) y de repente sale esa parte tierna, esa mirada dulce, mientras me acaricias o me abrazas, mientras dejas que me acurruque entre tus brazos para que naveguemos juntos hacia el sueño.

Hay veces en que me pregunto si me amas, si es cierto que me gané un lugar especial en tu corazón. La mayoría de las veces me conformo con que me quieras un poquito. Star-crossed lovers, la eterna tragedia de lo que no puede ser. 

Luego recuerdo que amaste más a alguien más, alguien con quién incluso pensaste en matrimonio, en otro hijo (y yo que iba a ser madre por ti, no lo fui porque no querías más hijos ¿sabes cuánto duele esa idea?). Ya no importa. El hubiera no existe. Yo no importo. El hubiera no llega. 

Si grito las palabras y las lanzo al viento ¿se alejará esta carga de mi ser? Ya no importa."