Sigo tristona. No es nada muy
grave. Me cayó el veinte de que tiene mucho que ver con el hecho de que mi
mente se empeña en pensar en las cosas que NO tiene, en lugar de alegrarse por
lo que sí tiene. Count your blessings, count them, 1, 2, 3…
Buscando un texto de mi blog topé
con uno de septiembre de 2014, en el que narraba cómo cuando supe del cáncer de
mi papá le dije que no se podía morir porque tenía que entregarme en mi boda.
Ahora ya no tengo un papá, ni siquiera tengo novio… y mi mente vaga por esos
lares.
Pero eso no está bien. No estoy
en un mal punto de mi existencia. Tengo un trabajo que paga bien y ¡oh,
extravagancia! Me gusta y disfruto. Tengo mucho amor a mi alrededor, mucho
cariño de parte de mis amigos.
No he publicado un libro aún. Y
pareciera que jamás va a ocurrir. ¡Hey! Pero estoy publicando en varios blogs
que tienen una buena cantidad de seguidores. No voy mal, me estoy haciendo un
sitio en la red y un nombre que valga la pena buscar en Google (quiero pensar).
He subido de peso y no me gusta
cómo me veo. Y traigo lesionada la rodilla (again) por lo que no puedo hacer ejercicio
de momento. Pero tampoco es como que sea una ballena. Sigo teniendo cintura y
muchos me han dicho que para tener más de 30 tengo lindo cuerpo (y que me veo
más joven).
Además, más allá de la rodilla
anciana, no tengo problemas de salud. La migraña ya no ha sido un tema, y
parece que soy la única mujer de mi generación que no padece gastritis y puede
comer lo que sea sin pedirle perdón al Creador en los Cielos un rato después.
El problema con la tristeza es
que te repite lo que falta y lo que quisieras como una voz diabólica con afán
de tumbarte. Y si bien a todas las emociones hay que darles su espacio,
dejarlas pasar y ya. Pero a las voces que tratan de llevarme a ese lado… a esas
voces debo dejarlas de lado.
Es el mes de mi cumpleaños. Tengo
el festejo el 15, pediré mi cumple para descansar y quizá desayunar con Kali o
cenar con Clío. Iré a ver Enra con Ximechan. El viaje a Ixtapan se mueve para
noviembre para poder pagar el inglés de G.
La vida es buena, así que hay que
mantener a los demonios de lado. El camino se ve más claro que antes. Y he
podido dedicarme a escribir un poco más que antes.
Mis 32 años deben encontrarme
tranquila. Hacía mucho que no me iba tan bien. Y hay que fijarse en eso.
Conocer los motivos de la tristeza permite manejarlos y alejarlos cuando son
psicológicos. Ver lo bueno es un gran ejercicio.

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