"Pain or tears, let's change them into stars [...] Actually I'm quite scared, but I'll keep on living"
Let it out, Fullmetal Alchemist Brotherhood segundo ending
Es muy fácil. Uno se quiere poco y luego se queja de recibir sólo migajas de amor. Pero la verdad es que eso es lo que uno acepta. Tomamos el amor que creemos merecer, parafraseando a The perks of being a wallflower.
Hoy recibí una lección-recordatorio importante de Karishto, cuando me dijo que si lleva un rato sin salir con alguien es porque se ama demasiado como para volver a dejar entrar en su vida a quienes sólo quieren consumir su energía. Es la reacción más madura y de amor propio que he visto en mucho tiempo. Se lo dije "Te admiro". Creo que la bruja se sorprendió.
Pero es que ella ha logrado algo que yo no he logrado con mis propios demonios. Es muy simple encontrar justificaciones tontas, como el "traigo ganas" y volver a acabar en la cama con ciertos demonios. Sin embargo, eso sólo me consume energía.
Me acuerdo que cuando acabé enredada con el Demonio Mayor por un momento pensé que nos podíamos enamorar. Empero, era una cosa pasional, como el enamoramiento sí, pero muy químico y carnal. Hubo una época en la que sentía que podía contarle e incluso llorarle lo que fuera al Demonio Mayor.
Empero, él tenía un objetivo muy claro, por el que trabajó año y medio: acabar en la cama conmigo. Alguna vez que se lo reclamé, le dije "Te lo puse muy fácil". Recuerdo su mirada perpleja "¿Fácil? Estuve año y medio detrás de ti, eso no fue fácil". Pero eventualmente perdió el interés, sea porque le dije que no quería ser su novia (llevaba él un par de semanas de haber cortado [y eso a medias] con su novia) y yo no quería ser plato de segunda mesa. Empero, acepté ser su amiga con derechos, poniéndome solita como el tapete que no quería ser. Cuando empezó a perder el interés en mí, me sentí desesperada.
Y sin importar cuántas veces he buscado alejarme, si me vuelve a buscar, lo dejo entrar. Ya no con resentimiento (y es que la química que tenemos sigue siendo ¡uff!), pero el descaro del Demonio Mayor sigue siendo enorme. Aunque lleva casi dos años con la novia actual, me sigue buscando. ¿A cuántas más no buscará?
Me acuerdo que alguna vez me dijo que nos fuéramos a Australia "No estamos entre las sábanas, puedes creerme. Vamos a hacerlo un objetivo y trabajar por ello hasta alcanzarlo". Sí, le había contado mis sueños e ideales y a veces los usaba para tenerme ahí.
El problema es que mi falta de amor propio ha permitido que el Demonio Mayor siga estando en mi vida, cuando en realidad es un vampiro energético que no quiere nada serio conmigo. Si no quiere nada serio es porque yo le he hecho ver que está bien no querer nada serio conmigo. Así como los chicos de Tinder. ¿Por qué en lugar de decirles "Busco algo serio" respondo que busco fluir cuando me preguntan qué hago en una app como ésa? ¿Por qué tanto miedo a decir la verdad?
Claro, lo físico es chido, pero no satisface, no ayuda a crecer. Y mientras que no haga un verdadero acto de amor propio conmigo misma, es decir, deje de pensar que no merezco más que lo que me dan (en serio, creerme que merezco el mundo entero) las vibras no van a cambiar.
Es tan simple caer en esa fatídica trampa. Es necesario romperla.
De verdad, ya no quiero las migajas de nadie más. Quiero mi amor completo. Y si no soy capaz de entender que con mi amor basta, no estoy lista para nada más. Hora de trabajar en mí, más de lo que ya he hecho.
Hace años me dedicaba a escribir casi diario en mi blog. Luego fue escribir casi diarios en mis blogs. Ahora es raro que me dé el tiempo, pero lo intento.
Es curioso considerar que me dedico a la creación de estrategias digitales y que no logro hacer mi propia estrategia. Quizá si dejara de verme como eso que puedo hacer en mis tiempos libres y me viera como eso a lo que debo dedicarle todo mi tiempo, las cosas mejorarían.
Platiqué con Charly sobre pimpear mi blog público, para poder trabajar más mi figura pública. Pero debo comprometerme conmigo misma. Generar contenido con constancia y no sólo cuando puedo. Así como debo ponerme horarios para escribir, tal como hace Alberto Chimal que diario escribe de menos una cuartilla, así mismo debo hacer yo. Sea una, dos, tres. Pero seguir narrando, siempre, para llegar a mi objetivo.
Es fácil dejarnos de lado, porque la vida nos sobrepasa. Sin embargo, si no somos capaces de hacernos espacio para nosotros mismos ¿quién lo va a hacer? A ver qué tal me va.
Such an ugly mark, I wear it so well
Now you're just a scar
Of the time I fell
For someone who didn't love me"
Dice Arimasen que todos en esta vida tenemos una así: relación con una persona que es como kriptonita, pero una kriptonita mezclada con drogas duras. Sabemos que nos está matando, pero no podemos soltarla. Para mí era el Mago Negro.
Nos conocimos cuando G iba a cumplir un año, trabajábamos en el mismo equipo en el callcenter. Él era callado, taciturno, aunque después me enteraría de que le decían El Perv por su humor negro y por historias de las que jamás me enteré (no sé si la gente del callcenter me quería proteger con la ignorancia). Me llamó la atención principalmente porque fue el único hombre que no me miraba lascivamente ni me hacía malas bromas (más tarde entraría otro chico al equipo que era buena persona, pero con él nunca me llevé). Empezamos a platicar el día de su cumpleaños, justo porque él no quería que lo festejaran. Me extrañó que alguien no quisiera celebrar su cumpleaños, particularmente porque no era un tema de "me estoy haciendo viejo". Muchos años después me enteraría que ni sus hijos sabían la fecha de su cumpleaños, tanto desprecia ese festejo...
Por culpa del Mago Negro soy Nerea. En nuestras charlas salió que a él le encantaba el anime y los videojuegos; a mí, las letras y los mundos de fantasía. Le compartí el primer borrador de Erdán, novela de fantasía escrita por mí donde sale un personaje llamado Nerea. El nombre (aparentemente común en Galicia) lo había escuchado a mis 16 años, cuando fui animadora de fiestas infantiles. Me gustó tanto que lo usé para un personaje. El Mago Negro, al leer la novela, me dijo que yo era Nerea. Por esas fechas empecé a bloguear y decidí ponerme Nerea a modo de nickname. Poco a poco se convirtió en mi segunda piel y mi tercer nombre.
El que el Mago jamás me tirara la onda se convirtió en mi reto personal. Empecé a ser yo quien lo buscaba, tratando de lograr que se fijara en mí. Lo conseguí un día en que nos hicieron vestirnos de súper héroes (en el callcenter tenían días temáticos, supongo que por "amenizar" la chamba). Ese día, yo llevaba unos leggings y una playera larga pegada. Le pedí que me acompañara a casa porque no podía sacar mis jeans de mi locker y me daba miedo ir sola en transporte público. Me acompañó. Nos besamos en el trolebús. Llegó hasta mi casa conmigo y bajamos al estacionamiento donde, en la penumbra, nos seguimos besando.
A partir de ese día inició un tórrido romance, en el estricto sentido de la palabra fuimos amantes. Él tenía dos hijos, el menor de la edad de G, y vivía con la madre de ellos. Si bien siempre me la planteó como una relación fallida, él no tenía interés en dejarla por no perder a sus hijos.
Lo que para mí era una aventura, se fue transformando en algo más. Platicábamos mucho y sentía que podía contarle mis planes e ideales. Él me admiraba, porque me veía como una mujer inteligente y fuerte. Eso, a su vez, hizo que siempre se sintiera menos a mi lado. No entendía qué veía yo en él, por qué alguien como yo querría estar con alguien como él. No había forma de explicarle que el enamoramiento es absolutamente irracional. No había lógica detrás del profundo cariño que le tenía.
Por él conocí Cowboy Bebop y me enamoré de la música de Yoko Kanno. También conocí el mundo de Final Fantasy, del que le pedía que me contara más. Nos escribíamos mails y me mandaba imágenes del juego, donde su personaje principal era un Black Mage.
Lo despidieron un día de septiembre y el que ya no estuviera en el callcenter me hizo deprimirme tanto que opté por renunciar un mes después. Durante el tiempo que él no tuvo trabajo, nos podíamos ver poco, porque él vivía al norte de la Ciudad Monstruo y yo, más hacia el sur.
Harta de mi casa y el alcoholismo de mis padres, un día decidí irme con el padre de G a Cancún. Se lo dije al Mago Negro, quien me vio con tristeza. Sé que le partí el corazón, aunque él era muy cuidadoso de no decirme que me quería ni, mucho menos, que me amaba.
Me preguntó si amaba al papá de G y le dije que no. "Entonces, ¿por qué vas para allá?". Le respondí, aludiendo a Spike, "Voy para ver si sigo viva". Esa tarde me sentí muy triste.
Estando en Cancún, le marcaba por teléfono y le escribía mensajes con frecuencia. En mis días y mis tardes de soledad, el único contacto que ansiaba hasta casi sentir dolor era el del Mago Negro. Cuando regresé de Cancún, fue a él a quien busqué primero.
Él había entrado a trabajar en un sitio en la Roma, muy cerca de Álvaro Obregón. Fui a verlo y lo abracé, emocionada. Él mantenía cierta distancia, supongo que temeroso de que le volviera a romper el corazón. Pero retomamos el vernos. Me seguía leyendo en mi blog (en aquel entonces, en la plataforma de Hotmail) y así supo cuando Aru entró a mi vida.
Aru y yo empezamos a andar. El Mago Negro y yo nos seguíamos viendo. Un día fuimos por un café y le dije "Aru no es como tú, no me besa igual y jamás será quien eres para mí". El Mago me jaló en ese momento y me besó, con la pasión que lo caracterizaba. Ahí decidí que no podía volver a verlo si quería serle fiel a Aru. Corté comunicación con él durante todo mi noviazgo.
Un año después de haber terminado con Aru, le escribí al Mago Negro en su cumpleaños. Extrañado, me respondió. Él seguía trabajando en el mismo sitio cerca de la Roma. Quedamos en vernos.
Pasó por mí al metrobús de por mi casa y caminamos al parque de Nápoles, donde nos sentamos a platicar. Él mantenía cierta distancia. Regresamos a mi casa y me pidió acompañarlo a comprar algo a la tienda. Me dejó para luego marcarme por teléfono. Hablamos una hora por teléfono. Supe en ese instante que no me quería dejar ir.
Él había terminado su relación hacía también un año. Ahora era libre, por primera vez podíamos vernos sin que fuera a escondidas, sin que traicionáramos a alguien.
Empezamos a salir. Me acompañó, incluso, a una comida con mis amigos. Un día, se hincó a mi lado y me dijo al oído: "Te lo diré ahora porque me nace, pero no esperes que lo diga seguido: Te amo". Fue el mismo día que me dijo que quería que fuéramos novios, pero que me lo pediría bien eventualmente. Ese "pedírmelo bien" nunca llegó.
Al principio, con nuestro reencuentro, pensé que era al fin nuestro momento. Él estaba emocionado de poder estar conmigo, me contó cómo había regresado a estudiar "Quise cambiar y prepararme para que estuvieras orgullosa de mí". Me escribía por Facebook Messenger, sacándome sonrisas tontas. Es la única persona a la que he dejado que me llame "mi princesa".
Para mí era la misma emoción del inicio, sin el temor a que alguien nos cachara. Volví a clavarme con él...maaaaaal.
Llegó a quedarse a dormir en mi casa, lo trataba como si fuera mi novio. Me preocupaba por él, buscaba sorprenderlo, le escribía diario, mi primer mensaje del día, mi último mensaje del día. Él igual tuvo detalles. Me regalaba libros, me tomaba de la mano, se preocupaba por mí...
Y entonces, después de que pasar una noche conmigo, una noche en la que me quedé su camisa (¡ah, cómo me gustaba su olor!) yo empecé a sentirme mal. Y lo supe: estaba embarazada. Él ya no quería más hijos, yo sabía que no quería. Me acuerdo que me dijo "Lo importante es que estés... estén bien". ¡Dioses! Que hablara en plural, sobre mí y quien se estaba formando... cómo me partió. Le pedí ayuda a Malesan, un préstamo que el Mago prometió pagar (nunca lo hizo) y me fui a una clínica. Todo eso fue a finales del año en que murió mi papá.
Después de eso, las cosas cambiaron. Podría decir que fue porque no quise ser mamá de otro pequeño sin padre, pero en realidad fue porque el Mago se fijó en otra chica. Tardó en decírmelo y me lo dijo a mediados de 2016 porque yo le mandé un mail donde le decía una vorágine de cosas que sentía por su distanciamiento. Me contestó contándome que había echado a perder las cosas con una chica con quien sí se veía casado y con otro hijo. El corazón me dolió horriblemente, porque claramente esa chica no era yo. Yo, que me sentía como si fuera mi pareja de cierta forma aunque oficialmente no fuéramos nada. Y él, haciéndole la ronda a alguien más.
Así me sentí un buen rato
De ahí, se volvió un ciclo vicioso horrible: semanas en las que él actuaba como novio, me buscaba, me invitaba a desayunar, nos íbamos a un hotel, se comportaba cursi y me decía que me quería, para pasar a semanas en las que era frío, evitaba verme y tardaba en responderme los mensajes, para volver a ser tierno conmigo.
Me acuerdo mucho que, por ejemplo, fuimos un domingo temprano al cine a ver Ghost in the shell. Fuimos a Reforma 222, me compró un café, vimos la peli abrazados, me fue a dejar a mi casa y ahí me dijo que ya no quería nada conmigo. Me acuerdo que se me salieron las lágrimas y le pedí que se fuera, porque no quería que mi mamá me viera llorando. Se fue. Ese día le conté a mi mamá cómo llevaba años saliendo con él y cómo él no era realmente mi pareja. Estaba dolida, fragmentada, traicionada.
Pero me volvió a buscar y volvimos a salir. Se volvió una constate fuente de ansiedad y angustia. De medir mis palabras y mi efusividad para no asustarlo. De sacarme de onda cuando me decía que ya no quería que nuestra relación fuera sólo sexo "seamos amigos", para luego besarme con pasión y llevarme a un hotel.
Tuvimos buenos momentos: quedarnos atrapados en el centro cuando fue el primer desfile de Día de Muertos, él, regañándome porque no me estaba en paz cuando sólo quería estar sentado en la Alameda abrazando a su chica, o llevándome a ver libros para elegir cuál regalarme porque eran mi pasión. Sin embargo, eventualmente, lo malo superaba a lo bueno, por mucho. Cuando empecé a subir de peso (después del aborto) él empezó a ser más distante. Alguna vez le pregunté si era porque estaba gorda y me dio a entender que en parte ya no le parecía tan atractiva. Me empecé a acomplejar bastante.
La extraña ocasión en que quiso que nos sacáramos una foto juntos
A finales del año pasado me fui a Campeche y a Mérida. Ahí tomé un tour con mi familia a los cenotes y, mientras flotaba en la tranquilidad de un cenote en el fondo de un cráter, rodeada sólo por la naturaleza, le regalé a la vida mi dolor y mis malas decisiones. "Dejo aquí lo que me hace daño, dame la fuerza para soltar todo lo que no me construye".
En enero de este año, no recuerdo bien el motivo (borré ese chat), el Mago Negro me respondió que yo esperaba que me dijera algo que no le nacía "No me molesta tu compañía pero no es como que te extrañe".
Le dije que era todo lo que necesitaba saber y eliminé el número y el chat. No lo bloqueé, podría haberme buscado, pero no lo hizo.
Ese día le escribí a Tori: "Dime que no vale la pena que derrame una sola lágrima por este idiota" y le conté. Tori me dijo que si necesitaba llorar, lo hiciera, pero que en efecto, no necesitaba a ese tarado en mi vida.
Los primeros meses fueron complicados. Estaba muy acostumbrada a contarle mi vida a Ratt (así se hacía llamar el Mago), pero justo por eso borré su número, para no caer en la tentación de escribirle.
Nunca le expliqué realmente el porqué necesitaba sacarlo de mi vida. Nunca hubo una despedida como tal, ni cartas (¡cuántas cartas le llegué a escribir en su momento!), nada digno de novela. Simplemente lo saqué de golpe. Este año ha sido una larga rehabilitación para mí.
Todavía hay muchas cosas que me hacen pensar en él, pero si bien tuvo sus momentos de infatuación conmigo, la verdad es que creo que nunca me amó. Creo que no se ama a sí mismo y así, es imposible que pueda amar a alguien más.
Este post es para mí ese adiós que nunca le dije. Es un verdadero soltar, porque creo firmemente que con ciertas energías bloqueamos lo que el Universo o Dios tiene para nosotros. Acá suelto las últimas hebras de esa energía que nada me construye. Sí, podríamos haber construido una bella historia. Pero sus miedos infundados (¿qué hace una chica lista como tú con un troglodita como yo?) no lo permitieron. Para una relación se necesitan dos.
Estoy convencida de que el amor es una cosa que se construye en pareja y que implica caminar hacia el mismo lado, con proyectos (de vida) similares y con proyectos (personales) que mantengan la personalidad de cada quién. Hoy me abro de brazos para recibir lo nuevo, sea lo que eso sea.
Gracias por los aprendizajes. Adiós, Kuro Madoushi.
La vida me puso freno de mano, de mala forma, porque para variar yo no hacía caso a las claras señales de mi cuerpo de que el estrés me estaba pasando una factura demasiado grande. Junio y julio fueron meses migrañosos. Una vez controlada la migraña (gracias a los aceites esenciales), me fui de viaje a Oaxaca. Porque a las oportunidades hay que tomarlas cuando se presentan: Mar me dijo que la alcanzara en agosto por esas bellas tierras y mi madre me dijo "¿Y por qué no? Si puedes, ¡hazlo!". Lo hice, me lancé un jueves en la noche para amanecer viernes allá. Regresé un domingo en la noche para amanecer lunes en la Ciudad Monstruo. Me regalé tres días conmigo misma, con comida deliciosa, arte, mezcal, baile... pero todo eso amerita su propio post.
El tema es que a mi regreso, pesqué una infección de vías urinarias que me subió a riñones, para variar. Aún así no paré: hice home office y el trabajo me siguió abrumando tanto como ha sido desde que me cambiaron de cuenta en la agencia.
Sobreviví a la infección, pero me quedó un dolor vago en la parte baja del abdomen. Mi madre temió que fuera apendicitis, porque con el umbral alto al dolor que me cargo, es factible. Fui al doctor, quien con ceño fruncido y cara de "¿por qué me hace perder el tiempo así?" me explicó que traía una colitis nerviosa aguda. Dieta (¡adiós café!) necesaria. Y el lunes 3 de septiembre, ya que iba de salida de la colitis, ¡pum! Me bajé mal del camión, escuché cómo tronaba mi tobillo y un dolor punzante me atravesó. Volteé a ver mi tobillo derecho, que se estaba inflamando y supe que había valido. ¡Justo llegando a Santa Fe, maldita sea la cosa!
Me las ingenié para llegar a la oficina y ahí me vio mi jefa, quien me autorizó un vale de taxi para irme de regreso a la Del Valle, a la UMF que me corresponde. El diagnóstico fue esguince de segundo grado, aunque para lo inflamado y lo complicado que ha sido el proceso de recuperación, yo juro que es de tercer grado, como el de prepa. Sigo usando muletas.
Voy en la tercera semana de incapacidad: una pausa forzosa y necesaria en la que poco a poco me he ido desintoxicando del estrés constante de la agencia. Retomé la meditación, el dormir sin repasar una lista eterna e interminable de pendientes. Vaya, freno de mano para voltear a ver hacia mí misma y darme cuenta de que la cosa no va tan chida.
Normalmente, conforme se acerca octubre, hago una evaluación de mi vida. Esta vez ha sido antes, por la pausa que el cuerpo me obligó a tomar tras ignorar las advertencias previas. ¿Dónde quedó el trabajar para vivir y no vivir para trabajar? ¿El tiempo de calidad con G? ¿Mis letras y mis lecturas?
Ni siquiera he podido usar bien mi BuJo y en el momento en que dejé la meditación y el yoga, la ansiedad empezó a subir de forma inexorable y peligrosa. Lo bueno es que la vida es más sabia que yo y me obligó a parar. El punto es: ¿qué voy a hacer ahora?
Lo sigo evaluando. Dice Sobrino que no tengo temor de Dios, porque parece que no me importa que me corran. No es no tener temor de Dios, es tener claras mis ideas. Veremos qué pasa.
El otro día le dije a las chicas del trabajo que eso de "y vivieron felices para siempre" no es tan fácil ahora. Y no tanto porque desde los cuentos de hadas la sociedad haya cambiado, sino por cosas más simples como la longevidad. Por supuesto: Blancanieves podía casarse a sus 15 años y pensar en un "para siempre" porque por mucho, llegaría a los 25, 30 años. Su para siempre representaban 10, 15 años más por mucho.
Si me veo muy pesimista conmigo misma y digamos que me muero a los 70 años (considerando que los genes élficos y longevos de mi familia se brincaran mi generación) implica que me quedan 37 años de vida. Es decir, me falta poco para llegar a la mitad de mi vida. Puesto de otra forma, si el día de hoy conociera a quien decidiera vivir para siempre conmigo, viviría más años conmigo de los que yo llevo de vida. ¡Es un montón! Es, literal, una vida entera. No es para nada lo que se pensaba en los cuentos de hadas.
Además, vivir con otra persona es complicado. Vaya, si vivir con la familia, en ese núcleo en el que nacimos y fuimos criados, es complicado, juntar dos bagajes y dos formas de crianza bajo un mismo techo no es tan fácil.
El para siempre no existe, no realmente. No estoy diciendo que el amor no exista, tampoco ha llegado a tanto mi pesimismo. Lo que sí creo es que debemos resignificar lo que pensamos acerca del amor. Lo que pensamos que es una relación de pareja. Porque hoy en día, iniciar una relación a los 20 y tratar de llevarla a buen puerto hasta el fin de nuestros días es envejecer con alguien hasta los 70, 80 años. ¡Medio siglo con alguien! No creo que sea una tarea sencilla si no estamos abiertos a seguir aprendiendo.
Una de las cosas que más hace falta hoy en día es tener una comunicación asertiva y tener reglas de común acuerdo. Me ha tocado ver personas que gozan teniendo varias parejas sexuales cuando tienen una pareja oficial, pero Dios prohiba que la pareja oficial se le vaya a ocurrir buscar aventuras en otro lado porque entonces arde Troya.
Los secretismos y la doble moral deben terminar para tener una mejor concepción del amor. ¡Y dejar de lado el miedo!
Yo sé que no soy una persona fácil y mi miedo a quedarme sola deviene del hecho de que sé que espanto a la gente al ser una intensa. El otro día, empero, Arimasen me lo dijo: "Tu intensidad es uno de tus puntos buenos". Cuando lo interrogué sobe qué tiene de positivo ser como soy, me respondió:
"Entre estar con alguien con alegría, intensidad y desparramando energía y [estar con] una papa que no se mueve en un sillón, ¿con quién prefieres estar? ¿cuál te da más conversaciones y vida?"
Justo así: soy de las personas que persiguen la alegría de lo intangible. La maravilla de la sorpresa, de lo que explota, lo que cambia la percepción. Como dice Mathias Malzieu*:
"Soy un adicto al entusiasmo. Tengo el cráneo tan lleno de cuevas de Alí Babá que casi se me saltan los ojos. Nunca me aburro, salvo cuando me hacen bajar el ritmo. Mi corazón lanza fuegos artificiales. Soy un auténtico hombre-volcán y por mis venas corre lava. Busco la convulsión eléctrica de la sorpresa. No sé vivir de otra forma."
No es fácil. Quien sea que intente vivir para siempre conmigo debe buscar la convulsión eléctrica de la sorpresa y saber que soy efímera, que a veces me disuelvo entre letras, sea con un libro o con mis propios textos, que mi cabeza de va a otro lado aunque mi cuerpo siga presente y que eso no implica que no lo ame, porque siempre necesito un puerto al cual volver, algo a lo que anclarme. Puedo volar lejos, muy lejos, pero eso no me hace inalcanzable. Mi inquietud sólo hace que me llene de más vidas, de más historias que al final volcaré para que el mundo conozca. Alguien que quiera estar conmigo tendrá que saber dejarme volar. ¡Alas! Deberá saber volar él mismo, por sus propios medios. Nuestro nido sería el punto de encuentro para dos aves salvajes que van, buscan y regresan a casa. Siempre anclados a la idea de vernos y suspirar Tadaima. Libertad. Confianza. Es lo que pido. Doy con creces alegría, letras, café, cursilería. Un ser como yo, apasionado, no sabe vivir de otra forma.
¿Vivir así 37 años? Puede ser la mayor aventura de la existencia con la persona correcta.
Para mí una relación es una mezcla de muuuuchas cosas. No es sólo a quien besar y con quién coger. Hablar, compartir, crecer juntos. Jugar, reír, ser cómplices...
Conmigo ya no aplica el "no seas exigente, ya no tienes edad para elegir", conmigo aplica el ser tan exigente como me dé la gana porque estoy pensando en la persona que pasará más de lo que llevo viva a mi lado. Me queda tiempo. Puedo darme el lujo.
*Diario de un vampiro en pijama. Mathias Malzieu. Reservoir Books (Pinguin Random House Grupo Editorial). Marzo, 2016. Página 13.
Cuando Aru y yo nos enamoramos, él me dijo que se le figuraba que éramos Sakura y Shaoran. La imagen con la que abre este post era para mí la representación de nuestra cursilería. De hecho, la tenía de fondo de pantalla en el celular.
Sakura era la protagonista de Sakura card captor, anime que a la fecha yo no he visto. Pero Aru decía que yo se la recordaba. Sin embargo, prefería usar a la Sakura y al Sharon de Tsubasa Chronicles. Normalmente me decía que le gustaban más esos personajes, unos personajes más grandes (porque Sakura es una niña en Card Captor) y con vestuarios más vistosos.
Curiosamente, hoy que buscaba con G el siguiente número de Seven Deadly Sins en el stand de Panini Manga, vi que salió el primer tomo de Tsubasa Chronicles y que lleva en la portada a Sakura y Shaoran. Tomé el volumen y leí la contraportada: Sakura ha perdido la memoria y depende de que Shaoran encuentre las plumas (?) para que ella recuerde que es una princesa. Es decir: Shaoran se vuelve el protagonista que debe rescatar a la damisela en peligro. Y entonces me cayó el veinte. Siempre estuvo ahí, presente, esa necesidad de ser el héroe, de ser él quien me salvase. Desde que nos conocimos, desde que le sacó de onda mi historia y el que yo siguiera hablando con el Mago Negro.
No he visto Sakura ni compré hoy Tsubasa. Quizá más adelante logre hacerlo (conocer bien esas historias), pero Aru incluso cerró nuestra historia con una canción de Tsubasa (creo que justo con un ending o algo así).
Cuando decidió cortarme, revistió nuestro blog privado con una imagen de Tsubasa, puso un listado de las cosas que le harían pensar en mí (imágenes de Sakura y Shaoran, claro, la palabra ohana, casi cada canción de Sister Hazel, las noches lluviosas, el té de mago y fresas...) y programó la última entrada como despedida.
Probablemente una de las cosas que más le pegaron a nuestra relación fue el que yo no era una princesa (aunque él llegó a decirme self-rescuing princess) que necesitaba ser salvada, sino que era y soy una bruja guerrera.
Quizá desde el cómo quería verme él se notaba que la relación no iba a funcionar... el tema es, ¿alguien en esta vida quiere a una bruja guerrera? ¿Es posible eso?
Anoche fuimos al teatro. Invité a mi ma y a Mel al estreno de la obra Escritores Ebrios S.A. en Un Teatro. Fue una gran velada, en la que reímos mucho. Mientras esperábamos a que Mel llegara, mi ma y yo platicamos de cuánto han cambiado nuestros hábitos desde la muerte de mi papá.
A mi papá no le gustaba salir. Sólo cuando era a comidas en casa de mis tíos. Pero ir de paseo, al cine, al teatro... como que no era su cup of tea. A veces me pregunto qué tanto eran las limitaciones económicas y qué tanto era la flojera.
A raíz de la muerte de él, nosotros cambiamos muchas cosas, incluyendo nuestros hábitos de entretenimiento. Claro, yo ya salía con mis amigos y con G, pero ¿ir al cine con mi ma? ¿Salir a comer, a cenar, al teatro, a pueblear? Era algo que no acostumbrábamos. A veces siento que no lo hacemos tanto como deberíamos, y justo quiero que logremos salir a algún pueblito al menos una vez al mes para conocer más.
Nos disfrutamos más como familia. Desde el ver Trollhunters a la hora de la comida cuando estamos G, mi ma y yo, hasta el escaparnos al cine los cuatro o, como ayer, ir al teatro. Salir de vacaciones. Reír, viajar, sorprendernos. Ha sido uno de los cambios positivos que trajo la partida de mi papá. Nos limitábamos mucho, fuera por dinero o por tener que cuidarlo en el declive de la enfermedad. Y es bueno saber que en el aftermath de su partida llegaron cosas buenas.
A final de cuentas, la vida sigue. La muerte es un cambio para los que nos quedamos detrás. Pero no significa que sea malo.
La lluvia me gusta, siempre me ha gustado. Caminar bajo ella suele parecerme relajante. No todo el mundo opina lo mismo. Me acuerdo de cierta ocasión, hace 10 años o más, en que iba caminando bajo una lluvia torrencial con el Mago Negro. Nos metimos a un hotel para refugiarnos y quitarnos la ropa. Yo me moría de risa, él, no tanto.
Me acuerdo de mí misma, en Cozumel, corriendo a la azotea del edificio en que vivía, para mojarme en la lluvia que caía en ese momento, los brazos abiertos en cruz, riendo, hasta que Lord V subió para llevarme al departamento: "¿Estás loca?", refunfuñó.
Me acuerdo de Aru, haciendo que me parara de la cama para salir al pasillo, cuando yo dormía en el cuarto de servicio, y aprovechar el que la lluvia espantaba a las personas para hacer el amor ahí, recargados contra el barandal.
Anoche pensaba en ese último recuerdo: la lluvia, sus besos, el volver a entrar al cuarto para refugiarnos bajo las cobijas, quedarme dormida escuchando la lluvia, envuelta por los brazos de Aru. Mi mente vagó a otro momento con lluvia: Aru y yo, sentados en una entrada de un edificio. Distancia entre nosotros, esperando que amainara un poco la lluvia. Yo sabía que él quería cortarme esa noche. Antes de eso, él y yo peleando, bajo el paraguas, porque él se empeñaba en que fuéramos los dos bajo el mismo paraguas pero, al ser un poco más bajo que yo, siempre me pegaba con la sombrilla en la cabeza y me ponía de malas.
Anoche llovía. Yo estaba en la cama, escuchando la lluvia. Pensé en todas las veces en que ese sonido me ha servido de arrullo. Las lluvias de junio. Entonces mi mente se fue al momento en que, también en el cuarto de servicio en una noche de lluvia, Aru estaba encima mío y al momento de sentirlo en mí, me soltó:
Te amo
Y mi reacción casi caricaturesca: levantarme de golpe al tiempo que dije "¿Qué?", casi tirándolo de la cama. Era la primera vez que me decía eso (la primera vez que se lo decía a cualquier mujer).
Es un momento que recuerdo como algo gracioso, primero por mi reacción, luego porque él me preguntó "Cuando encuentre a la voz responsable de decirte eso ¿qué quieres que haga? ¿la entierro?" y empezó, como siempre, a analizar y tratar de racionalizar el sentimiento...
Empecé a llorar (anoche) abrazada a mi almohada (patético).
Me siento triste y nostálgica. Ojo: no por Aru, sino por el hecho de ser amada. De tener compañía.
Anoche, con la lluvia, me pregunté si volveré a sentir eso: esa alegría idiota del enamoramiento, esa calidez del amor, eso que tiene tantos años que no siento y que cada vez parece más improbable.
Sé perfectamente que no se trata de ir buscando por la vida a ver si alguien quiere estar conmigo, pero dado lo mal que me ha ido en los últimos años, no puedo evitar pensar que algo estoy haciendo mal o que algo está mal conmigo.
De nuevo ese miedo, ese miedo idiota: no seré amada. Ese "alguien" no existe para mí. ¿Cómo se le llama a la nostalgia por algo que no ha ocurrido? ¿Cómo se le llama a ese extrañar algo que no existe?
El clima gris me tiene tristona. Ya lo dijo Male-san "vayamos a cazar un postre feliz". Sí, quizá lo que me falta en realidad es azúcar. Como sea, no puedo sacar esa espina de tristeza. Y suena Sleeping at last con su potente música inefable, haciendo que vuelva a llorar.
"Si te pasas la vida procurando no romperte, te aburrirás terriblemente"
Mathias Malzieu, La Mecánica del corazón
A veces parece que ser quien soy es un problema. Soy ese tipo de mujer que no espera a que le bajen la Luna y las estrellas. Hubo una época en la que sí pensaba "si tan sólo hubiera alguien que me consintiera". Ya no. Aprendí a trabajar por lo que quiero y eso incluye trabajar para consentirme.
Desde que entré a la Agencia, tomo un día por mi cumpleaños y me "llevo" a desayunar. Yo solita. A veces incluso me llevo también a cenar. Si tengo antojo de algo, voy por ese algo.
Ser así implica no tener pelos en la lengua y decir las cosas como las pienso. Las indirectas no sirven. Eso puede ser "malo" al parecer.
Recientemente conocí a alguien que me llamó la atención, mucho. Como hacía años no me pasaba. Alguien inteligente, simpático, con gustos en común conmigo pero con una forma de ver la vida diferente para algunas cosas, lo que daba margen para aprender con él.
Bueno, en lugar de esperar a ver qué pasaba, tuve a bien (o a mal) escribirle una carta donde le decía que me gusta él y me gusta salir con él. "Ojalá podamos seguir saliendo más".
¡Puf! Desapareció. Dos semanas después de darle la carta pasaron sin que me dijera nada. Por lo que opté por preguntar (por WhatsApp) si la había leído. "I did but I really don't know how to answer and I really don't want to answer it via text".
¿Responder? No le propuse matrimonio, ni ser novios ni nada. Sólo dije un hecho: me gustas. Y en caso de que se requiera una respuesta, es sencilla: "tú también me gustas" o "no me gustas" y fin. Sin embargo, no responder es también en sí misma una respuesta.
Esta sociedad nos ha acostumbrado a que es malo decir lo que queremos/sentimos. Debe haber indirectas, debemos ocultar los sentimientos y esperar que de forma telepática la gente que nos rodea nos entienda.
La Reina de los Conejos me dijo que no hice nada malo: "fuiste vulnerable y eso está bien. Sabes que conlleva un riesgo, pero ya no quedó en ti".
Si algo he aprendido desde que empecé con los ejercicios de meditación, es que hay pocas cosas que puedo controlar en esta vida:
Mis emociones
Mis reacciones
Mis pensamientos
Nothing more, nothing less. Eso no quita que duela el que decir las cosas y ser vulnerable aleje a alguien. Tiene casi un mes que le di la carta a la persona en cuestión. Si bien me contestaba (hasta hace dos días) los mensajes de Whats, tampoco ha sido como para decir "vamos a vernos". Sus mensajes suelen ser confusos. Me da la impresión, por Twitter, que le interesa alguien... imagino por su falta de respuesta que es alguien más, no soy yo.
Tori me ofreció una disculpa por el hecho de que esta persona desapareciera, pues ella me lo presentó. Como se lo dije: no es su culpa, ni que ella fuera su mamá. A lo que agregó "Si eso le asusta, no aguanta mujeres echadas para adelante".
Parece que así será mi vida siempre
Soy una mujer que no se guarda lo que quiere. Alguien que persigue sus sueños e ideales. Estoy dispuesta a seguir aprendiendo. ¿Que soy muy intensa? Sí, quizá. A final de cuentas, si alguien se interesa en mí, debe poder con eso, con mi intensidad, con mi desbordamiento, con mi forma apasionada y falta de medias tintas.
Soy el tipo de persona que va tras lo que quiere. Lo más valioso que tenemos es el tiempo, por lo que no me siento con ganas de estarlo perdiendo. Si esta persona de plano decidió que yo era too much (yet again), ni modo.
Lástima que algo que prometía se desvaneció tan pronto. Lo único que me queda es seguir yendo hacia adelante.
No había podido entrar a este espacio, porque parece que alguien quiso hackear la cuenta. Además, la vida. Pero como tiendo a enloquecer cuando la vida me sobrepasa y dejo de lado mis letras, he regresado. Espero que con constancia.
Por mientras, una canción que me tiene obsesionada.