"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

viernes, 12 de septiembre de 2014

Morir

La muerte es parte de la vida. Decía Miguel de Unamuno que lo único cierto en esta vida es la muerte. Y eso a medias, porque nadie sabe cuándo se le acaba el tiempo. Entre la prepa y hoy en día me ha tocado vivir el que mis amigos pierdan a sus padres ya en cuatro ocasiones (cinco si contamos a uno de mis profesores, cuya hija fue compañera mía de clase). Primero se fue la mamá de Pat. Luego el papá de Pat. Hace un par de años se fue el papá de Karasu (Aru todavía estaba conmigo y atendió al sepelio a mi lado). Esta semana se fue la mamá de J. Es extraño. Simplemente abrí mi Facebook y lo primero era una foto de la señora con una nota de la hermana mayor de J. Se me fue el alma a los pies.
Karasu me contó en la noche que, al igual que mi papá, la mamá de J tenía cáncer. Eso me pegó aún más. Salí de mi cuarto con los ojos arrasados por las lágrimas y mi papá me vio. 
—¿Qué pasa?
—La mamá de J... —le expliqué. 
Mi papá se sacudió y me abrazó, con la voz quebrada:
—No te preocupes, a mí no me va a llevar. Voy a pelear contra esto de nuevo y le voy a volver a ganar.

Cuando le dijeron a mi papá que era cáncer de nuevo, me acuerdo que le dije:
—Te lo prohíbo. No te puedes morir. Tienes que estar el día que me case.
Claro que no le añadí que ando de pesimista tremenda y ya no creo casarme ni tener más hijos, pero ése es otro cuento. 
La muerte ha rondado toda mi vida. O el presagio de. Sea familia, sean personas que ya han vivido su vida o personitas que fueron sólo la promesa de una vida ("Si esos sobris no llegaron fue por algo", resuena en mi cabeza, y aún así duele, duele mucho... la promesa no cumplida, el estúpido hubiera, lo que nunca tendré). Ahora con lo de mi papá es constante el temor. Ha habido dos fines de semana que he despertado sobresaltada porque estoy segura de que mi padre ya no respira. 
Al mismo tiempo, comprendo que es natural: la muerte es parte de la vida. Lo que se ha cambiado son algunos modelos. Hoy pensaba "pero los papás se nos están yendo muy jóvenes". Casi no me han tocado bodas de amigos míos. Mucho menos hijos. Y por lo mismo pienso que están muy jóvenes para morir. Luego recuerdo que no: somos nosotros los que nos estamos haciendo viejos. Somos nosotros los que ya no vivimos en la sociedad en la que saliendo de la universidad todos se casan y tienen hijos. Mis padres a mi edad ya tenían dos hijas. La mayoría de los padres de mis amigos ya era papás a nuestra edad. Nosotros apenas estamos en el construir carrera, let alone thinking about weddings.
Chance y mi papá no va a mi boda. Ay.

1 comentario:

  1. La muerte ronda la vida de todos. Lo bueno es que no siempre nos acordamos, porque sería imposible vivir.

    Cuando haya situaciones que inevitablemente te recuerden el temor a la pérdida, trata de controlar el miedo viviendo un día la vez. Ésa ha sido mi mejor medicina para el dolor de la incertidumbre: evitar pensar más allá de lo que tengo en frente y vivir el momento que me está tocando ahora. Es uno de los mejores consejos que me dieron cuando José Miguel estaba en el hospital, y que me permitió sobrellevar mis días (e incluso disfrutarlos).

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