A veces lo único que nos queda por hacer, es darnos una pausa del mundo, subir a las nubes y ver hacia abajo. Cambiar la perspectiva. Enfocarse en otras cosas. Una pausa, lejos, muy lejos del mundo. Del ruido, de la tristeza, de los malos recuerdos, de lo que empaña al alma. Flotar, por encima de los árboles, los coches, la humanidad. Respirar lento y profundo. Y cuando ya todo está en calma, volver a bajar, volver a enfrentarse a la vida cotidiana.

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