Señor:
La mitad del tiempo no sé lo que deseas de mí. Unamuno me decía "Dios proveerá" y justo tras un meltdown terrible la semana pasada porque todo lo veía negro, esta semana me mandaste pagos inesperados y más trabajo del que creí que podría caerme. Sin embargo, sigo sin entender (y es muy probable que nunca lo entienda) qué quieres de mí.
Por algún motivo me pusiste en este mundo y sé que de todo se aprende. Empero, a veces creo que es demasiado duro el camino que has puesto enfrente mío, en particular esta semana. Me diste una memoria fantástica, a la cual borrarle una fecha es complicado. Ello es una bendición y una maldición. Esta semana me está costando la vida, por los duelos no afrontados en su momento. Estoy atorada en el hubiera "si le hubiera dicho a él", "si le hubiera contado a ella como lo pensé". Sé que no me sirve de nada. Pero ando de malas y con el llanto dispuesto a escaparse ante la menor provocación porque justo hoy hace un año todo se desmoronó en una cruel montaña rusa. No quiero vivir así de aquí hasta pasado el 22 de mayo. Pero me falta más que paciencia, entendimiento.
Me he dado cuenta que no soy tan impaciente como otras personas creían. De otra forma lo más probable es que habría terminado por quitarme la vida el año pasado. Si nada más me enfoco en lo malo puedo decir que he vivido una vida de abusos y pérdidas constantes. Pero sé bien que también me has mandado muchas bendiciones. Es sólo que el dolor sí deja cicatrices y la felicidad sólo deja recuerdos, recuerdos que parecen a veces perderse bajo las heridas.
Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Cuál es el propósito de esta vida mía? Y por favor, no me digas que ser feliz. La felicidad es un sentimiento y como tal, no es perenne. Así como sé que esta tristeza y esta desolación pasarán, la felicidad tampoco es para siempre. Son momentos que vale la pena atesorar en el corazón. Pero además de eso ¿qué quieres de mí? ¿Por qué tantos enfrentamientos, tantas trabas, tanto dolor? ¿Qué lección escondes? ¿En tu Plan Perfecto guardas una consolación más grande, un Amor real? Necesito una guía, me siento muy perdida. Ayúdame.
Sabes que estoy dispuesta, que confío cuando Ladrón o Unamuno me repiten que nunca nos dejas solos, que al final todo estará bien. Pero necesito algo, un momento de paz, por favor. He estado poniéndome en tus manos y confiando y al menos en lo económico no me ha fallado. Pero no es el dinero mi mayor preocupación, es mi corazón, es mi espíritu. Ayúdame, por favor.
Entre tus manos me pongo. Déjame encontrar las respuestas.
Con cariño,
Nerea


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