"May my heart be kind, my mind fierce and my spirit brave"

lunes, 8 de octubre de 2018

Brightside is...


"I need direction to perfection, no no no no
Help me out"

Hay veces en que creo que me aferro a quedarme en un lugar más tiempo del necesario. Me pasó con Aru, me pasó con el Mago Negro... y creo que por primera vez en la vida me está pasando con un trabajo. Go figure! Si de un sitio suelo huir es de los lugares de trabajo. Por un tiempo pensé que al fin había llegado a un sitio donde podía quedarme largo tiempo. Llevo dos años y cacho en la Agencia. Eso, contra mis otros empleos, es MUCHO tiempo. Lo más que me había quedado en algún lugar había sido un año. Era mi límite y normalmente llegaba a marchas forzadas, como fue en el Restaurante cuando fui hostess o en el call center cuando estaba tratando de ser el ingreso mientras alguien más perseguía sus sueños.
Esta vez las marchas forzadas han sido de julio para acá. Por un lado me he aferrado porque el sueldo no es malo, pero ya he comentado antes que mi salud se ha visto perjudicada en varias ocasiones, con mi última racha migraña-cistitis-infección de riñones-colitis-accidente como la cereza del pastel.
Hoy platicando con Sobrino, supe que la Agencia tiene problemas y que están considerando incluso hacer recorte de personal. Él, por su puesto, tiene la oportunidad de tratar de salvarme o de pugnar porque me vayan. La ventaja de que me fueran, sería un paquete de liquidación. Por un lado, la idea de que me liquiden no me agrada porque soy una orgullosa que no quiere admitir una derrota. Y sé, por otras experiencias, que no poder dar "el primer golpe" o no ser quien toma la decisión, hace que me obsesione un poco con la experiencia. Es algo que no quisiera repetir. 
El problema aquí, realmente, es que no sé de qué buscar chamba. El ser un bicho tan extraño es complicado para venderse. Además, no sé si quisiera seguir en la friega de este mundo sin alma. Sí, claro, la paga es buena, pero no es así en todas las agencias. 
Y ya estamos en el último trimestre del año, lo que complica la vida muchísimo para las contrataciones. Yo sé bien que en noviembre se frenan las cosas y hasta enero-febrero se reactivan. 
Entonces, ¿dónde está lo bueno de todo este asunto?
El freelance ha ido bien, he podido ahorrar y todavía me deben caer un par de pagos. Si me liquidaran, creo que tendría lo necesario para apechugar el cierre de año. El tema es, ¿qué hacer después? Odio sentirme tan perdida. 

miércoles, 3 de octubre de 2018

For better and for worse



Ayer vino a verme en la mañana la Reina de los Conejos. Teníamos un rato de no vernos en persona, a pesar de que gracias al WhatsApp solemos platicar con frecuencia. Es curioso cómo se dan las amistades hoy en día. Con la Reina de los Conejos platico mucho, tanto de las peripecias para sobrevivir en un mundo freelance donde el trabajo es mal pagado, hasta sobre por qué no entendemos a los hombres. Ella es más chica que yo, pero siempre se me ha hecho una mujer centrada. Sabe perfectamente lo quiere y va haciendo sus planes para alcanzar los objetivos. Me encanta su ímpetu y sus ganas de salir adelante.
Recientemente, su situación ha sido complicada porque su mamá se enfermó, estuvo hospitalizada, tuvo operaciones... pero ya está en su casa y se va recuperando. A distancia, a través de mi celular y mensajitos, estuve lo más al pendiente que pude de ella. Es como sé ser amiga. Preguntando, recordando en la medida de lo posible las cosas, haciéndome presente aunque sea a través de una pantalla.
Yo creo que la amistad es en las buenas y en las malas. Las risas y los buenos momentos unen a la gente, pero atravesar por las situaciones dolorosas sin rajarse es lo que fortalece los lazos. Al menos, ésa ha sido mi experiencia. Yo me he visto muy afortunada al estar rodeada por gente que en mis peores momentos ha estado al pie del cañón, sin importar nada. Quizá por eso pienso en C todavía como un amigo, a pesar de que es el Demonio Mayor: cuando murió mi papá estuvo aquí, conmigo, sin rajarse. Todo el fallout que ocurrió después es otro boleto. Pero esos instantes de dolor absoluto en mi vida, son algo por lo que siempre le estaré agradecida.
Supongo que por eso cuando Tori me cuenta que un amigo suyo no la deja estar cerca ahora que pasa por momentos difíciles, entiendo su pesar y el que le duela. No entiendo cuál es la definición de amistad de la persona en cuestión, si prefiere alejarse de todo y de todos para no ser una carga cuando lo está pasando muy mal. ¿No son los amigos una red de apoyo, los que nos salvan hasta de nosotros mismos en nuestros momentos más oscuros?
La amistad no se puede poner en pausa cuando la vida es una cosa jodida. Por el contrario, es cuando menos necesitamos estar aislados. ¿O no?
Ayer, también, falleció el papá de Arimasen. Se me hizo un nudo en el estómago cuando me llegó su mensaje "Al fin pasó. Hoy en la mañana murió mi papá". Fue muy rápido. Fue muy repentino. Fue muy desgastante.
Hace apenas una semana diagnosticaron al padre de Arimasen con la enfermedad C-J, una cosa neurológica sin cura ni tratamiento, de esas loterías que nadie quiere sacar, pues sólo una persona en un millón la padece. La enfermedad va alterando las facultades mentales del paciente, genera demencia y eventualmente, en un lapso de entre un año y año y medio, cae en coma y muere. Empero, el padre de mi amigo se fue en un suspiro. Ni siquiera alcanzó a salir del hospital donde llevaba tres semanas internado. 

Arimasen vivió lo que es mi visión del infierno, ésa que no le deseo a nadie: las guardias en el hospital. Pero encima de todo vivió el que su padre dejara de conocerlo, porque la demencia entró en high gear. Por fortuna, alcanzaron a hacer las paces. 
Cuando supe que falleció su padre, le avisé a Malesan  y nos pusimos de acuerdo para ir al velorio. Me daba terror llegar sola. Fue en una funeraria J. García López, pero por suerte no la misma donde velamos a mi papá (si así hubiera sido, creo que me habría pegado muchísimo más). Por supuesto que me sentí renuente a ir al velorio, pero se trata de mi mejor amigo, el que ha dejado cosas de lado para ayudarme, el que una Navidad manejó de Naucalpan a mi casa sólo para hacerme compañía durante la madrugada en lo que esperaba a saber qué había pasado con mi papá en el hospital, el que cuando tuve que irme a Querétaro a despedirme de mi abuelo vino a darle de comer a Cora dos veces al día un fin de semana. Tenía que estar con él, no sólo ayer sino en este trayecto que es el duelo.
Arimasen ya había hablado con mi mamá y mi abuelita sobre los trámites que le tocan a las viudas, pues sensato y pragmático como es, quería evitarle problemas a su madre. 
Su papá se fue más rápido de lo que esperábamos, pero al menos evitó el desgaste de un año que auguraban los médicos. Eso no quita que sea difícil. Es una situación que jamás es fácil y jamás se vive igual.
Para eso estamos los amigos, en las buenas y en las malas. Para eso estaré para él, como él ha estado para mí. El duelo apesta. Nadie lo vive igual, pero eso no implica que se deba vivir tan solitariamente. 

lunes, 1 de octubre de 2018

Octubre


Inicia mi mes favorito. Por supuesto, lo amo por ser mi cumpleaños, pero también porque a partir de mi cumple, llegan Día de Muertos y todo la época de festejo decembrina. Vi una imagen hoy que decía que octubre, noviembre y diciembre son viernes, sábado y domingo y no encuentro mejor descripción. Para mí, son meses de fiesta, de alegría, de cambios en el ambiente. Entre esos cambios está el cielo. Si bien odio el frío, los cielos de otoño e invierno siempre se me han hecho más prístinos, con las noches más despejadas y las lunas más bellas. Es como si la magia fluyera más libremente. 
Quizá por eso me identifico bruja: la magia de Halloween, de Día de Muertos, de Navidad, todo electrificando el ambiente. 
Al mismo tiempo, me siento en una encrucijada, y quizá que inicie en octubre es buen augurio. Hoy inició un taller de Raxxie al que no pude ir por dolor en el tobillo. Veré si me dicen que aún me aceptan la próxima semana, el sí ir. Me siento mal porque un par de veces Rax me ha echado en cara que le digo que voy a sus actividades y a la mera hora no llego. Jamás ha sido de mala onda y mucho menos me gustaría que mi amiga pensara que lo hago porque no me importa. En serio he tenido mala pata, hoy de forma muy literal, pues el tendón del tobillo de nuevo se inflamó (¡hola, baños de agua de agua helada alternados con agua caliente! No los pinches extrañaba). Además, una de las cosas que más necesito para mí misma es el espacio para escribir y he tenido ganas de tomar un taller con Rax desde hace años. 
Hoy también, retomé el escribir en el blog público-público. No he logrado definir una estrategia (debo hacerlo en estos días) y tampoco he hablado con Charly de ponerlo chulo (el blog, no vayan a pensar que poner chulo a Charly), pero si no me obligo a escribir diario, no lograré nada. ¡La novela, los cuentos! Ya estuvo bueno de dejar que la vida me pase a un lado y decir que no puedo controlar las cosas.
En efecto, hay cosas que no controlo, como el pie lastimado. Pero hay otras que sí puedo controlar, como darme mis tiempos para escribir, así sea a la hora de la comida en la oficina.
También sigo con la búsqueda de un mejor horizonte, porque la agencia cada vez me parece menos opción para lo que quiero hacer con mi vida. Claro que se necesita el dinero (maldito dinero), así que... no queda más que seguir trabajando y buscando mejores opciones.
Total que recibo octubre feliz, aunque no contenta con mi salud, pero buscando estar en paz conmigo misma y con las situaciones laborales. Suena enredado, pero creo que no lo es tanto.

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