El otro día le dije a las chicas del trabajo que eso de "y vivieron felices para siempre" no es tan fácil ahora. Y no tanto porque desde los cuentos de hadas la sociedad haya cambiado, sino por cosas más simples como la longevidad. Por supuesto: Blancanieves podía casarse a sus 15 años y pensar en un "para siempre" porque por mucho, llegaría a los 25, 30 años. Su para siempre representaban 10, 15 años más por mucho.
Si me veo muy pesimista conmigo misma y digamos que me muero a los 70 años (considerando que los genes élficos y longevos de mi familia se brincaran mi generación) implica que me quedan 37 años de vida. Es decir, me falta poco para llegar a la mitad de mi vida. Puesto de otra forma, si el día de hoy conociera a quien decidiera vivir para siempre conmigo, viviría más años conmigo de los que yo llevo de vida. ¡Es un montón! Es, literal, una vida entera. No es para nada lo que se pensaba en los cuentos de hadas.
Además, vivir con otra persona es complicado. Vaya, si vivir con la familia, en ese núcleo en el que nacimos y fuimos criados, es complicado, juntar dos bagajes y dos formas de crianza bajo un mismo techo no es tan fácil.
El para siempre no existe, no realmente. No estoy diciendo que el amor no exista, tampoco ha llegado a tanto mi pesimismo. Lo que sí creo es que debemos resignificar lo que pensamos acerca del amor. Lo que pensamos que es una relación de pareja. Porque hoy en día, iniciar una relación a los 20 y tratar de llevarla a buen puerto hasta el fin de nuestros días es envejecer con alguien hasta los 70, 80 años. ¡Medio siglo con alguien! No creo que sea una tarea sencilla si no estamos abiertos a seguir aprendiendo.
Una de las cosas que más hace falta hoy en día es tener una comunicación asertiva y tener reglas de común acuerdo. Me ha tocado ver personas que gozan teniendo varias parejas sexuales cuando tienen una pareja oficial, pero Dios prohiba que la pareja oficial se le vaya a ocurrir buscar aventuras en otro lado porque entonces arde Troya.
Los secretismos y la doble moral deben terminar para tener una mejor concepción del amor. ¡Y dejar de lado el miedo!
Yo sé que no soy una persona fácil y mi miedo a quedarme sola deviene del hecho de que sé que espanto a la gente al ser una intensa. El otro día, empero, Arimasen me lo dijo: "Tu intensidad es uno de tus puntos buenos". Cuando lo interrogué sobe qué tiene de positivo ser como soy, me respondió:
"Entre estar con alguien con alegría, intensidad y desparramando energía y [estar con] una papa que no se mueve en un sillón, ¿con quién prefieres estar? ¿cuál te da más conversaciones y vida?"
Justo así: soy de las personas que persiguen la alegría de lo intangible. La maravilla de la sorpresa, de lo que explota, lo que cambia la percepción. Como dice Mathias Malzieu*:
"Soy un adicto al entusiasmo. Tengo el cráneo tan lleno de cuevas de Alí Babá que casi se me saltan los ojos. Nunca me aburro, salvo cuando me hacen bajar el ritmo. Mi corazón lanza fuegos artificiales. Soy un auténtico hombre-volcán y por mis venas corre lava. Busco la convulsión eléctrica de la sorpresa. No sé vivir de otra forma."
No es fácil. Quien sea que intente vivir para siempre conmigo debe buscar la convulsión eléctrica de la sorpresa y saber que soy efímera, que a veces me disuelvo entre letras, sea con un libro o con mis propios textos, que mi cabeza de va a otro lado aunque mi cuerpo siga presente y que eso no implica que no lo ame, porque siempre necesito un puerto al cual volver, algo a lo que anclarme. Puedo volar lejos, muy lejos, pero eso no me hace inalcanzable. Mi inquietud sólo hace que me llene de más vidas, de más historias que al final volcaré para que el mundo conozca. Alguien que quiera estar conmigo tendrá que saber dejarme volar. ¡Alas! Deberá saber volar él mismo, por sus propios medios. Nuestro nido sería el punto de encuentro para dos aves salvajes que van, buscan y regresan a casa. Siempre anclados a la idea de vernos y suspirar Tadaima. Libertad. Confianza. Es lo que pido. Doy con creces alegría, letras, café, cursilería. Un ser como yo, apasionado, no sabe vivir de otra forma.
¿Vivir así 37 años? Puede ser la mayor aventura de la existencia con la persona correcta.
Para mí una relación es una mezcla de muuuuchas cosas. No es sólo a quien besar y con quién coger. Hablar, compartir, crecer juntos. Jugar, reír, ser cómplices...
Conmigo ya no aplica el "no seas exigente, ya no tienes edad para elegir", conmigo aplica el ser tan exigente como me dé la gana porque estoy pensando en la persona que pasará más de lo que llevo viva a mi lado. Me queda tiempo. Puedo darme el lujo.
*Diario de un vampiro en pijama. Mathias Malzieu. Reservoir Books (Pinguin Random House Grupo Editorial). Marzo, 2016. Página 13.

